domingo, 28 de mayo de 2017

27 de abril / 2017

“Crítica, Tendencia y Propaganda:
Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954”

Brecht, Lukács, Breton, Siqueiros, Grosz, Gramsci, Guttuso, Leger…


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Que si las ensoñaciones de Proust, que si las vulgaridades de Joyce, que si el monólogo novelado a lo Descartes, que si la belleza del teorema de Gödel… que si llegar a ser tan listo, Wittgenstein, para luego pasarte la vida rechazando todo lo que cuando listo habías sostenido.

Los muchos años a la espalda te hacen irremediablemente sabio porque sabes que ya no tienes nada que perder, sabes que has malgastado tu putavida/vidadeputa. Y esa y no otra es tu raquítica sabiduría. Y, si acaso, haber podido comprobar que, ciertamente, el futuro no siempre recompensa las vilezas del traidor. Menudo consuelo para los que no agacharon la cabeza, para los que lucharon por no dejarse atropellar, para los que resistieron y trataron de hacerse respetar…('...el más alto de los bienes no es la vida, sino la conservación de la propia dignidad')

Sí, menudo consuelo, cuando a cierta edad en la que ya no recibes las cartas en salud (no recibes cartas), ves como renacen, en tu cuerpo y en tu mente, las viejas dolencias, aquellas que lastimaron en lo más hondo. Con la anestesia, como con el ridículo disimulo del pesar, ya se sabe.

Uno se apaña una lógica acorde con sus propios conocimientos. Y de la misma manera se fabrica un oyente ideal. El contenido no está sólo en la forma, que conste. La vida, sobre todo la propia, siempre necesita (‘para que los velos cayeran de los ojos’), de alguien que la traduzca. Además de oyente ideal, imprescindible el traductor ideal. El resultado, garantizado en el noventa por ciento de los casos, suele ser ideal.

Claro que cada uno tiene su ideal. Y si ese alguno es como el pedante-veleta de  Wittgenstein entonces nos encontramos con que su ideal ‘tiene días, como el reloj del gitano’. Escribe Piglia que el “Facundo” de Sarmiento fue el texto fundador de la literatura argentina. Y afirma que significó un corte entre civilización y barbarie, ¿debemos suponer pues que, desde entonces y en la literatura argentina, la barbarie camina en solitario, o sea, a su puta bola, liberando así del reverso tenebroso a la muy ideal idea de civilización? Pues qué ideal, tia.

A veces Piglia (ser a la vez el mismo y otro), que por cierto se sabía de memoria a Brecht y supongo que algo de  Benjamin, parece un autor (¿involuntario?) de literatura infantil (no lo digo por la beca Guggenheim, que también. Y ya que estamos, que curioso que el autor de ‘Literatura de izquierda’ pasara de Piglia olímpicamente, ¿no?).

De todas maneras es fenómeno de ámbito planetario que la literatura para adultos, como el cine o la pintura, está difunta. La literatura es una enfermedad que se confunde a sí misma con su cura, según dijo cierto psicólogo, petiso, hosco, pésimo jugador de ajedrez, de cuyo apodo prefiero no acordarme. Bueno, venga va, le apodamos ‘Gertrude’, por su parecido con la vaca irlandesa que Joyce ordeñaba cada mañana en su angosto apartamento de Trieste. Y es que a Joyce, a pesar de todo un tipo simpático si uno era paciente y perseverante, le importaba un carajo el mundo, sobre todo el ‘artístico-parisino’ de Gertrude Stein.

En fin, espero que sepan disculpar estos momentos de debilidad que uno tiene.

ELOTRO


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