Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 26 de mayo de 2017

25 de abril / 2017

EL AUTOR COMO PRODUCTOR
Walter Benjamin


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“Escribir para nodecir”
(Hector Libertella)



Y si dicen que callen…

Leyendo a Damián Tabarovsky deduzco, yo solito que ya voy cumpliendo una edad, que en Argentina (para que no se molesten los no nacidos en Buenos Aires), los cagatintas ‘gallegos’ son harina de otro pesebre, abundan (o abundaban) los escritores ingeniosos. Y, al mismo tiempo,  transgresores. El propio Aira, no confundir a los gregarios con el jefe de fila, escribió hace la tira un manifiesto titulado: ‘La novela argentina: nada más que una idea’. Y es que, cuando conviene, también ‘dicen’ cosas, también ‘venden ideas’ o fábulas, sobre ‘lo que nos da de comer’, con moraleja anexa y todo. Ellos que tanto ‘dicen’ aborrecer las ideas, que ‘dicen’ combatir la  nauseabunda  ‘ideología’, así ‘dicho’  en general les vale, que los tiempos (‘tiempos de chatura’) no están para perder ‘la plata’ en esforzarse por distinguir, diferenciar,  pormenorizar o especificar.

Es gente esta, ciertamente ni ‘nueva’ ni ‘novedosa’ ya que predica justo lo que no practica, que se oculta pero, recuerden que son muy ingeniosos, está permanentemente a la vista, concretamente en el ‘prime-time’ de la vitrina mediática (¿Para qué si no desplazaron las posaderas del antiguo canon?). Fieles a su praxis proclaman a los cuatro vientos que no les gustan las entrevistas pero… en la globalizada ‘youtube’ aparecen, y por cierto disimulando el disgusto de maravilla, en miles de ellas y en todos los formatos. Y eso que presumen (téngase en cuenta que fingir es arte transgresor y que requiere de altas dosis de ingenio), en las mismas miles de entrevistas, de no poder aclimatarse a los ‘lugares comunes’. Es el pequeño inconveniente (‘el precio que debo pagar cada vez que…’) que conlleva la afiliación al gremio de los  escribas ingeniosos y transgresores y, encima, ‘a tiempo completo’. Por otro lado ya se sabe lo delicada que es la muy dúctil y requetemanoseada teoría del ‘iceberg’, así que imagínense la insufrible práctica en secano de un portentoso bloque de hielo, bajo los ardientes focos del plató televisivo. Debe de ser que el calor de la popularidad, que no la guita que le acompaña, les derrite, les merma aún más por increíble que les pueda parecer a los de la envidiosa  capillita de enfrente. Por eso nuestros héroes huyen despavoridos de las pegajosas masas lectoras, por eso dan pelos y señales de los bares, cafés y demás tugurios que frecuentan o de las librerías-escaparate  en las que posan para la posteridad. Tal y como lo hacía su adorado Beckett, igualito.

Y en la otra esquina del ring (o como prefiere ‘escuchar’ la clase media boba: del tablero), tenemos a los fervorosos lectores (‘entiendo el doce y medio por ciento de lo que leo’), por otro lado incapaces (¿incapacitados?) de encontrar, si es que alguno tiene motivos para buscar (¿en la irrealidad de lo real?), la forma de intervenir en la ‘cosa’ literaria (¿un saber de segunda mano, una interpretación de lo que otros interpretaron?), condenados a eternizarse en el papel de meros espectadores pasivos (‘aves de paso que permanecen siempre en el mismo lugar…’ y además sin poder valerse de su propio cerebro, ¡ay, virgensanta! ¡cuánto pensamiento inexpresado!), que escuchan pero ‘nodicen’ (¡lectores de principios, de los que nunca dan el primer paso!) y en tal caso la cosa sí que va en serio, que los galones no están de adorno (por cierto ‘Adorno, el también ingenioso transgresor, acabó de ‘rector’… ¡en la RFA!’), que ni pinchan ni cortan, que se limitan, para que quede clarito que la inoperancia no es tan, tan, tan, total, a consumir ‘libros bien escritos’, convenientemente homologados por los muy ingeniosos y transgresores poderes homologadores del Mercado y la Academia (nada que ver, ¿verdad?, con lo que ocurrió y ocurre en la Madre Patria).

Y aquí lo dejo, el balón al pasto que con tanto 'conflicto no resuelto' se me están hinchando las pelotas…

ELOTRO


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