lunes, 22 de mayo de 2017

21 de abril / 2017

“Pierre Menard, autor del Quijote”
Jorge Luis Borges


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"¿Qué es la literatura?" Jean-Paul Sartre

“Un joven imbécil escribe: «Si usted quiere comprometerse, ¿a qué espera para inscribirse en el Partido Comunista?» Un gran escritor, que se comprometió muchas veces y rompió sus compromisos todavía con más frecuencia, pero que lo ha olvidado, me dice: «Los peores artistas son los más comprometidos: ahí tiene a los pintores soviéticos». Un viejo crítico se lamenta dulcemente: «Quiere usted asesinar a la literatura; el desprecio de las Bellas Letras se exhibe con insolencia en su revista». Un pobre de espíritu me llama intelectualoide, lo que es sin duda para él el peor de los insultos; un autor que se arrastró penosamente de una guerra a otra y cuyo nombre despierta a veces lánguidos recuerdos entre los viejos, me reprocha que no me preocupe de la inmortalidad: sabe, a Dios gracias, de mucha gente bien que pone en ella su mayor esperanza. A los ojos de un buen foliculario norteamericano, mi laguna está en que no he leído nunca a Bergson ni a Freud; en cuanto a Flaubert, que no se comprometió, parece que me obsede como un remordimiento. Los maliciosos guiñan el ojo: «¿Y la poesía? ¿Y la pintura? ¿Y la música? ¿También quiere usted comprometerlas?» Y los espíritus marciales preguntan: «¿De qué se trata? ¿De literatura comprometida? Pues bien, es el antiguo realismo socialista, a no ser que estemos ante una renovación del populismo, mucho más agresivo».

¡Cuántas tonterías! Es que se lee mucho más de prisa, mal, y que se juzga antes de haber comprendido. Por tanto, comencemos de nuevo. Esto no es divertido para nadie, ni para ustedes, ni para mí. Pero hay que dar en el clavo. Y como los críticos me condenan en nombre de la literatura, sin decir jamás qué entienden por eso, la mejor respuesta que cabe darles es examinar el arte de escribir, sin prejuicios. ¿Qué es escribir? ¿Por qué se escribe? ¿Para quién? En realidad, parece que nadie ha formulado nunca estas preguntas.”

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Sublimando y enlodando que es gerundio…

Escribió el argentino, no nacido en Buenos Aires, Antonio Di Benedetto, que “inventamos historias que nos enlodan o nos subliman”. Y ciertamente la cosa suele ser así, lo podemos apreciar en los periódicos, en las novelas, en los libros de historia, en las esquelas, en los prospectos de las medicinas, en los manuales de uso, en los catecismos o en las biografías… a mayor gloria estas del biógrafo, según se desprende del comentario de un tal Rendueles que figura en la faldilla publicitaria de cierto libro.  En fin. El caso es que acabo de zamparme tres mamotretos más o menos estrictamente biográficos sobre Carlos Marx y su obra. Y en todos ellos el lodo y la sublimación pueden ser, por decirlo así, claramente palpados o visualizados. Claro que de una a otra obra varía la dosis y el porcentaje de cada uno de esos pringosos y fétidos elementos. Y también difieren entre sí en  la cantidad y la calidad de la ‘invención’. Así mismo he podido comprobar, una vez más, que a ciertas lecturas conviene ir sabiendo, al menos, un poquito de algo. En el caso de Marx ese algo, ciertas nociones, como mínimo  debería de abarcar una parte de su vasta obra.

Creo, y en mi caso particular así ha sido, que de ese modo, posicionado en esa parcela relativamente ‘conocida’, se puede conseguir algo del necesario distanciamiento y la mínima autonomía crítica con respecto al ‘paso de desfile’ en la lectura marcado por el biógrafo en cuestión. Lo que en su caso puede posibilitar una especie de diálogo, para entendernos, entre el que habla (autor-autoridad que emite) y el que escucha (subordinado que recepciona), en cierto modo estableciendo así al menos una teórica, y parcial, igualdad de condiciones. ¿Con qué objeto? Pues entre otros para distinguir y situar en el mapa el lodo de la sublimación o la sublimación que enloda o el lodo que sublima.

Y sí, ejemplo perfecto de invención que enloda y sublima, es el modo catecismo, cualquier catecismo. El catecismo, la forma catecismo, pregunta y responde. Bueno, ambas cosas las hace (adoctrina) por ti. A las preguntas adecuadas responde con las respuestas apropiadas. En el modo catecismo, el estilo, la forma y el contenido resultan ser un todo uno. Cada pregunta enloda lo malo y sublima el bien. Cada respuesta sublima lo bueno y enloda el mal. Lo malo resulta ser un todo uno. El bien es un todo uno. En el catecismo la virtud fundamental del estilo, de la forma y del contenido juntos y por separado es la claridad. Claridad tan inamovible en su formulación como incuestionable en su estructura. La doctrina que emite el catecismo no debe en ningún caso generar dudas, ni dar pie o abrir resquicio a cuestionamientos de ninguna naturaleza, la doctrina viene de lo alto, es un todo sólido, acabado (la cotidiana lucha del bien contra el mal está de antemano ganada en el juicio final), fijo, universal y eterno.

Pues resulta, según leo, que a la pareja, ya por entonces de hecho, Marx y Engels, los camaradas de la Liga Comunista les hicieron el encargo de redactar un pnfleto con el programa político. Aunque parece ser que un tiempo antes Engels ya había escrito una propuesta con ese mismo  objetivo. El caso es que tras la petición ‘oficial’ y, cada uno de por su lado, se pusieron ambos manos a la obra. Engels, que siempre fue un escriba rápido y eficiente realizó su parte en breve plazo e inmediatamente se la presentó a Marx. Pero ‘El General’, apodo de Engels, se encontró con que ‘El Moro’, que así apodó para los restos a su amigo, ni tan siquiera había comenzado a escribir  su parte. Aunque sí parece que el colega tenía el asunto bien pensado, ampliamente reflexionado, y rigurosamente razonado. Y Marx fue directo al grano de la propuesta de Engels: el contenido le parecía correcto aunque manifiestamente mejorable, pero sobre la forma ‘tradicional’ de catecismo elegida, basada en una sucesión de preguntas y respuestas, opinaba que era inconveniente, inadecuada e inexacta. En pocas palabras, Marx propuso a Engels revolucionar, con un enfoque materialista y dialéctico, el estilo, la forma y el contenido de lo que hasta entonces habían sido los panfletos políticos. La revolución proletaria, acordaron, no necesitaba ni se merecía menos. A Engels le bastaron los argumentos de su camarada y le urgió a que, en esa dirección, materializara cuanto antes el panfleto. De por medio hubo sin embargo un amenazante ultimátum de la Liga al remolón Dr. Marx. Y así fue, lodo más sublimación menos (procurar no posicionarse sin leerlo), cómo nació, con ‘duende’ o ‘fantasma’ recorriendo Europa,  el famoso Manifiesto Comunista.

Y, por cierto, sobre la ‘invención’ me acabo de acordar, y no estoy muy seguro de si viene aquí a cuento o no, aquello que puso Beckett en boca de Molloy:

“Decir es inventar. Sea falso o cierto. No inventamos nada, creemos inventar, evadirnos, cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados la vida sin lágrimas, tal como la lloramos. Y a la mierda.”

En fin, la picha un lío.

ELOTRO


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