Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 19 de mayo de 2017

18 de abril / 2017



Generales estadounidenses defienden
«la Bomba para la paz»
por Manlio Dinucci



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“¿Cómo hemos llegado a este vacío?”
(P. P. Pasolini)

(¿Quién habla?) La verdad es que nos interrogamos poco. Preguntar cansa. Cansa más que no preguntar o no preguntarse a uno mismo. (¿Con qué autoridad?) Y es que tener que responder agota y agobia. Es más cómodo no cuestionar, dar por hecho el acuerdo, la convención tácita, adherirse a la costumbre. Si te acomodas ‘dentro’ (¿A partir de qué situación?) te beneficias de que las convenciones son parte fundamental y basamento de la cultura compartida. Si además está permitido, si incluso está incentivado, si para colmo puedes vivir en un armonioso mundo de referencias recíprocas y sumergido en la más indolente holgazanería…

¿Cómo hemos llegado a aceptar sumisamente la costumbre? ¿En qué momento se jodió la duda activa, la que frente a la imposición de ‘lo establecido’ no ceja de inquirir?

Se comprende que desde ciertos posicionamientos y sobre según qué ‘realidades’, pueda resultar menos incómodo o más apropiado, ‘desconocer’ sin más, a sabiendas. O sea, no interrogar ni interrogarse, no cuestionar, dejar estar, en definitiva: ratificar por activa y por pasiva. Y es sabido que existen además  muchas formas, más o menos infames y respetables, de ratificar las muy diversas convenciones, aunque sea a regañadientes, o bajo el palio de ‘ni cuestiono ni ratifico’, acato lo dado (por supuesto que por la clase dominante y expoliadora). Convenciones que, por otra parte y  por su propia naturaleza contradictoria son variables, que cambian, y, téngase en cuenta, esta faceta inherente y constitutiva de su naturaleza es algo tan incontestable como históricamente constatable.

Resulta así mismo evidente que las convenciones son un producto social al que, en la practica, todos contribuimos de una forma u otra, consciente o inconscientemente. Y en este campo de los ‘acuerdos sociales’, de las tradiciones y costumbres establecidas, también ‘somos’, en cierto modo, lo que producimos y cómo lo producimos, además de lo que en nuestras relaciones sociales reproducimos. Si lo hacemos, o dejamos hacer, con la intención de colaborar o subvertir, eso ya es otro cantar.

(¿Con qué intención?) Esa es otra. Porque si por un casual hemos elegido ‘desconocer’, en la práctica estamos ratificando lo dado, lo establecido, lo hegemónico. Y si se elige ignorar (‘No consigo apartar la mirada de la nada.’) y así  de camino reproducir la ignorancia (‘No deben apartar la mirada de la nada.’), nos posicionamos con aquel viejo charlatán al que Marx espetó: “¡Que se sepa, la ignorancia no ha ayudado nunca a nadie!” A nadie que luche o que esté interesado en cambiar las cosas, claro está. Luego sí o sí y frente a las convenciones se acaba tomando partido, ¿O es que lo mismo nos da, tanto en la teoría como en la práctica social material, estar con la víctima que apoyar al victimario?

Por ejemplo, en el caso concreto que se cita, digamos que en primera y última estancia se está optando por el partido de los borricos boquiabiertos, esos que rendidos de antemano se tragan  el sermón, sea el de la prensa, la red, la radio o el de la serie favorita de televisión (que, ‘paquetúveas’, también siguen con devoción Iglesias o el mismísimo Obama) avalada por la audiencia de muchos otros millones de borricos boquiabiertos de toda edad y condición social. 

Cabe también la legítima intensión de cuestionar los consensos impuestos, que no otra cosa más que una imposición de la parte predominante es el consenso, y en el mismo sentido tratar, a escala modesta, de barrer las telarañas de las mentes más adormiladas. Cualquier cosa menos, ya que es convención que las convenciones de forma ineluctable acaban por cambiar, esperar sesteando a pierna suelta que las cosas cambien (ejemplo: que los amos de los medios de producción y eficientes extractores de plusvalía, procedan a expropiarse a sí mismos tanto el capital como los bienes ilegítimamente acumulados, y lo hagan de buen grado, voluntariamente y, por una vez, en beneficio de la chusma por siglos explotada y expropiada), si así ha de ser, por sí solas y, ya puestos,  cuando y de la manera que mejor les venga porque, prisa lo que se dice prisa...


ELOTRO


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