Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 15 de mayo de 2017

14 de abril / 2017

Roland Barthes
“El placer del texto” y “Lección inaugural”


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El rito del correo no deseado (2 / 4)


(...) Un guerrero bien maqueado y eufórico que acude siempre diligente a la batalla cotidiana. A la tetona, su mujer o amiguita, eso no lo tengo  claro, la deja en casa bajo cuatro castas vueltas de llave. Es mona de figura pero tiene cara de pánfila. Lunes, miércoles y viernes acude al super vestida como si fuera al insti. Los reponedores no le quitan ojo, se hacen los encontradizos en los pasillos, la saludan, se ofrecen de felpudo o banqueta o porteadores, babean sin disimulo. Ella les sonríe siempre, se hace la tonta, mira, cada lunes, miércoles y viernes, las mismas estanterías de arriba abajo como si fuese la primara vez, por fin se agacha, exhibe generoso canalillo mientras  con una mano se estira como pudorosa  la faldita y con la otra coge la lata de espárragos de la balda inferior. Rito. Miradas cómplices entre los babeantes, muecas displicentes entre las cajeras. Rito.  Me ve y me saluda con su voz de niña pequeña y una sonrisa y un buenas vecina a ver cuándo nos vemos con más tiempo y poco más que la cojo con prisas. Rito. Llega el turno del quiosquero que también se une al coro de babeo mientras le hace ceremoniosa entrega del ¡Hola! y, hoy toca, Le Monde diplomatique. Rito. A cada nuevo descubrimiento, se acrecienta mi necesidad de saber cómo funciona esa pareja por dentro. Veremos cómo me las apaño. El quiosquero me dice que lo suyo no es babear, que es puro y cómplice teatro, y que sólo se trata de una inocente broma entre ellos. Rito. Y que él nunca se ha hecho ilusiones, que conmigo ya cubrió de sobra el cupo, aunque ya le gustaría que la nena le encargase la entrega a domicilio de la prensa. Añade que no solo está buenorra sino que además, subraya, es una intelectual… ¡y que sabe de fútbol! Pero que son los chavales del super los que no pierden las esperanzas. Que incluso ya han sorteado quién haría la entrega del primer pedido a domicilio. Colijo por lo que añade que ella se lo barruntaba antes de que el quiosquero, desinteresadamente, le diese el servil chivatazo  con pelos y señales. Del compañero de la buenorra el quiosquero declara ignorar su existencia. Y por la cara de sorpresa que puso el que me consta muy cobardón, le creo. Luego dijo: ah, ahora caigo, ese debía de ser el cinéfilo… es que durante una temporada ella reservó todas las pelis de un tal Douglas Sirk, era una colección de fascículos que se tituló “Clásicos de Hollywood”… claro, porque ella nunca hablaba de cine… por eso ahora piensa que los cedés eran para su maromo. Rito. Tampoco los habituales del arenero del parque han visto nunca al maromo. Ella es quien siempre saca al perro. Todo muy rápido, habla poco y cuenta menos, pero es amable, siempre con la sonrisa puesta, en eso coinciden todos los asiduos. No hace amigos, ni mucho menos íntimos dice Jorge con carita de pena, pero tampoco enemigos. Lo que no deja, con esa edad y ese cuerpo ya me dirás, de tener su mérito; otra vez Jorge con marcado retintín. Rito. He recuperado la costumbre de espiar por la mirilla. Rito. Por lo que veo el vecino se desdobla, hoy ha envejecido 20 años en el último semestre, es más alto y mucho más ancho, anda arrastrando los pies, cheposo y ojeroso y viste canas. Esto se pone interesante. Hoy son las nueve y media de la mañana cuando suenan las consabidas cuatro vueltas de llave que abren los cerrojos seguidas de las también reglamentarias cuatro vueltas de llave que los vuelven a cerrar. Constato, con sorpresa, que ¿ahora? toda la operación se realiza desde dentro del castillo. Rito. Pienso que el vecino es… al menos dos…

ELOTRO



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