Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 11 de mayo de 2017

10 de abril / 2017


C. W. RIGHT MILLS
“LA ÉLITE DEL PODER”


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Vaya por delante que, en mi opinión,  John Banville / Benjamin Black (B&B) es sin duda un extraordinario escritor, un prosista de técnica exquisita dotado además de una notable y selecta erudición. Recuerdo que  lo primero que leí de él, cuando ni puñetera idea de quien era él, fue una interesante biografía de Kepler, aunque en mi relación con su obra reconozco que he pasado de la pasión –‘El intocable’- a la indiferencia –'La rubia de ojos negros'-.

B&B produce obras literarias de aspecto siempre ‘culto, pulcro y refinado’ aunque de esencia, que con gran sutileza suele  enmascarar entre llamativas pero inofensivas irreverencias,  muy  reaccionaria. Por eso creo que  ‘su’ más que merecido Nobel debe de tener los días contados.

B&B no es ni mucho menos Chandler, aunque éste tampoco fuese precisamente, en ningún aspecto salvo quizás el de cierta honestidad intelectual, un tipo radical. Pero, en cualquier caso, pasa por ser, y creo que muy justificadamente, uno de sus discípulos más aventajado.

A mi modo de ver el truco de B&B consiste, en realidad no es más que una paradoja de pacotilla, básicamente en urdir, por supuesto que a un nivel situado a unos tres palmos por encima del rastrero pasto (como decía Di Stéfano), una, llamémosla así,  ‘compleja’ ficción (Damián Tavarovsky: ‘lo que eran nociones de la contracultura en los 60 se convirtieron en los 90 en axiomas claves de las ‘grandes empresas’: complejidad, incertidumbre, autonomía, descentralización, flexibilidad, cambio…).

‘Complejidad’ pensada y amasada por B&B ‘a su peculiar manera’. Pero que como cualquiera puede comprobar si le dedica un poco de tiempo, se nutre y al mismo tiempo apoya y reproduce (recompuestas y pulidas: ‘Sobrevivir perpetuando viejas fórmulas a base de artificios cosméticos’)  las ‘claves’ de la muy  confortable, sólida y canónica ‘ficción oficial’ (véanse sus referentes, e inclúyase a su maestro y compadre Steiner, al que, y por cierto, Tabarovsky califica con cierta maldad como ‘pensador conservador al filo de lo reaccionario’ ).

Y es dentro de esos canónicos e   ‘invisibilizados’ límites (‘La visión como sentido dominante de la era moderna’ ) donde  nuestras deslumbradas, intoxicadas y débiles mentes, habitan y funcionan… de aquella manera.

Pues bien, una vez que ha armado ‘el fantasma de la compleja realidad’, B&B, o sea, su artífice, nos la explica. La cosa parece que va de parodiar aquello que dijo  Aragon: “La novela es una máquina inventada por el hombre para entender la realidad en toda su complejidad”.

¿Lo pillan? No es la ficción explicando la realidad sino la ficción explicando la ficción. En realidad, salvando las distancias, B&B es Kissinger creando el problema para el que ya tiene preparada la solución. Veamos…

‘Compleja’ realidad que, invariablemente, acaba siendo en sus diestras manos, y ‘casi’ en su totalidad, ajena –carente de  raíces, pues los espectros vienen ‘de lo alto’- a la digamos verdadera ‘complejidad’ de lo real, si hablamos a nivel del pasto, claro. Subrayo lo de ‘casi’ porque presumo que es ahí donde reside ‘el prodigioso toque B&B’, en ese atípico ingrediente, de origen y composición objetivamente ‘real’, que suele sin falta introducir nuestro hombre, y que, por contraste, es una auténtica excepción dentro de la ‘espectral y compleja’ olla podrida (espacio donde se da la cruenta y desequilibrada interrelación de los significados, con sus  roces e influencias recíprocas, y el subsiguiente tratamiento que todo lo procesa y sintetiza y uniforma) que tan hábilmente suele condimentar el  primoroso estilista irlandés.

Me permito insistir en ese elemento o componente ‘insólito’ (que en unos casos puede tratarse del exquisito y clasicista pintor francés, Nicolas Poussin, como, en otros, del submundo de pederastia del que llevan  disfrutado durante decenios  los capos de la iglesia católica, en su caso justo en la Irlanda que le vio nacer) que B&B coloca  sí o sí, en todas sus obras (en realidad más bien nos lo cuela con excesivo y premeditado descaro, con sospechoso alarde), y además lo dispone en lugar ‘visiblemente’ destacado (reforzando el totalitarismo de lo visual). Se nota que interesa más en este caso el muy magnificado ‘significante’ que el muy minimizado ‘significado’ primitivo que, ineludiblemente, acaba por disolverse sin pena ni gloria en la concentrada sopa del podrido guiso. Y a no olvidar la contrastada capacidad del ‘sistema’ de atrapar, absorber y procesar todo.

Y además resulta que es precisamente ése ‘extraño’ ingrediente, convenientemente enfocado e iluminado, el señuelo encargado de desviar la atención del lector, digamos, no especialmente alerta (que por alusiones somos todos), mientras desfila, ahora sí vertiginosamente, por delante de sus narices y con destino al interior de su propia mollera, ‘el nuevo, auténtico y significativo’ mensaje, ya sea este de naturaleza más o menos conservadora o simple y directamente reaccionaria.

Y en el mismo sentido es también ése singular y, a fin de cuentas que es lo que cuenta, casi irrelevante elemento/ingrediente (cacho de auténtica realidad que, como ya se ha señalado, se nos presenta disimuladamente  ‘descontextualizado, desvinculado y desenchufado’), del que oportunistamente se vale, ya en su campo y para su bolsillo, la supuesta ‘crítica cultural’, esa mismita que nos bombardea incesantemente desde de los ‘media’, para ‘etiquetar’ el libro en cuestión como una narración ‘absolutamente demoledora’ sobre la sociedad actual (y de camino se nos recuerda, que la tal no es perfecta pero, pero, pero… es lo mejorcito a lo que PODEMOS aspirar), y que no olvida martillear, una vez más y por si las dudas, que la ‘cosa’ está soberbiamente escrita y llena de humor, guiños y gestos inteligentes que el lector culto se complacerá en degustar mientras pasea por el texto ‘de frase inteligente en frase inteligente’ hasta la purificadora ‘reencarnación’ del final o en su caso el ‘continuará…’ 

En fin, que queda demostrado que B&B es un tipo más que listo, algo fácilmente comprobable en el terreno de lo literario (aunque no sea muy bueno titulando sus libros hay que reconocer que elabora unas frases perfectas, y bla,bla,bla… frases que por lo demás unas veces dicen mucho y otras no dicen nada y otras no son más que puro relleno, pero, ojito, relleno de lujo que todavía hay clases…), pero, donde rotundamente lo justifica es en el ‘complejo’ (je,je,je…) mundillo del marketing.

Concluimos pues que todo lo que escribe B&B, conviene reiterar, lo hace, (aquí un ojito al perfil del público consumidor objetivo), pensando en esos lectores que gustan de ‘adquirir’, (aquí otro ojito, que no digo ‘comprar’), y ya si se tercia leer, libros ‘tenidos’ (avalados por los inasequibles voceros de los medios de manipulación del consumo de esas masas pequeñoburguesas que se piensan y se gustan como élites cultivadas) por ‘entretenidos, cultos e inteligentes’.  

Muy distintos de esos otros, pocos,  ‘artefactos’ que, esos sí,  han sido maliciosamente ‘urdidos, trabados, tejidos, bordados…’ con el infame propósito de tocarles a ‘ellos’, como ‘personas humanas’ y de ‘elevado poder adquisitivo social’, los cojones físicos e ideológicos. Por el contario, por la vía de los B&B and cia. incluso les llegan (esto más o menos a partir del ecuador de la trama y ya en el inicio de la cuesta abajo devastadora), a compadecer y, en cierto modo y como no podía ser de otra manera, finalmente a ratificar no sólo en su ‘conducta práctica’ sino en su bien merecida posición social y acomodo ideológico.

Aunque, eso sí porque niños no son, la gratificación se les concede sólo en pequeñas dosis y como fatalista mal menor, de tal manera que impregna discretamente todo el desarrollo del argumento, con sus peripecias y reflexiones, coloreado, siempre hay lugar para el infalible decorado clásico, con las inciertas luces de la madrugada, (¿serán inciertas debido a la obsolescencia programada de los neones?), con la desolada barra del pub, con el ‘beckettiano’ whisky irlandés, con el emergente y caprichoso humito del cigarrillo y, no puede faltar, ese hiriente saxo que no deja, a ritmo de impostada nostalgia, de dolerse y dolerse y venga dolerse…  ¿de la cuenta?

ELOTRO


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