Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 6 de mayo de 2017

05 de abril / 2017



“¿Golpe de Estado en Venezuela?
Más bien se trata de evitarlo”
Marcos Roitman


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“Comprender es superar”
(Hegel)

No nos lo ponen fácil, y no es por capricho sino porque tienen sobrados motivos para ello, en eso de llegar a tener un mínimo de verdadera conciencia de las cosas. Y es que consumir ‘datos’, ‘noticias’ o ‘relatos’, aunque sea en grandes cantidades, no tiene mucho que ver con, verdaderamente,  ‘conocer’ los hechos en su contexto objetivo, la realidad práctica en toda su complejidad. Y eso en las escasísimas ocasiones en las que las noticias o las crónicas (en prensa, radio, TV, redes sociales) se refieren a sucesos o acontecimientos realmente relevantes (quiero decir más allá de la prolija información sobre la dieta que sigue la mascota del famoso de turno) digamos desde una valoración de mínima trascendencia  social e histórica.

Se sabe que Marx empleó miles de horas en estudiar unos ‘cuadernos azules’, disponibles, afortunadamente para él que ni era parlamentario ni disponía de recursos económicos, en la estupenda biblioteca del Museo Británico. Se trataba de unos tochos llenos de letras y números y ‘sin santos’, elaborados, cierto que con sumo rigor y escrupulosa profesionalidad, por los más variados técnicos pertenecientes a la administración británica. Todo ello  con el único  propósito de suministrar a sus señorías parlamentarias un ‘retrato’ lo más completo posible de la, por otro lado inabarcable, realidad social (meticulosos trabajos de campo con informes pormenorizados de inspecciones a industrias o explotaciones agrarias o suburbios obreros; entrevistas y encuestas realizadas a ‘todos los agentes intervinientes’  sobre  el propio terreno; seguimientos y evaluaciones de la ‘constatable’, si se pone empeño, implementación de las distintas leyes y reglamentos; instructivas estadísticas sobre impactos económicos, demográficos, culturales…) que les permitiera, llegado el caso, iluminar sus decisiones en la delicada labor legislativa o de gobierno.

En su cimera obra, ‘El Capital’, Marx introdujo algunos párrafos muy ilustrativos basados en parte en los interesantísimos contenidos de estos ‘cuadernos azules’ que tanto le ayudaron a sustentar, con datos y cifras ‘oficiales’, las distintas ‘circunstancias reales’ que se daban, por ejemplo, en la industria textil con su criminal explotación de los trabajadores, especialmente ignominiosa en el caso de las mujeres y los niños: horarios irregularmente prolongados y nocturnos ilegales, microsalarios abusivos, perspicaces análisis pormenorizados de la ‘posible’ relación entre accidentes y enfermedades laborales,  reveladores índices diestramente   ‘segmentados’ sobre la incidencia de la prematura mortalidad entre la infancia y juventud obrera…   

Y no sólo para ‘El Capital’, Marx también se valió de estos muy fructíferos ‘cuadernos azules’, por poner otro ejemplo,  para escribir su discurso,  luego editado con el título ‘Salario, precio y ganancia’, ante la asamblea celebrada en Londres (1865) de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). En esa pequeña obra maestra, Marx impartía un sucinto, pero grandioso gracias a su espléndida síntesis, curso de economía política y al mismo tiempo desenmascaraba las tendencias reformistas que permanecían amatojadas tras las pulcras posiciones ‘puramente sindicalistas’ y, consecuentemente, idealistamente apolíticas. Esto era así en la medida que negaban la continuación y culminación de la lucha de clases (‘tomaban el punto de partida por la meta’), más allá de las ‘mejoras’ y reformas puntuales en las condiciones, salariales y sociales, del trabajador  por cuenta ajena, y así mismo la imprescindible toma del poder por parte del proletariado para la necesaria abolición del capitalismo y su Estado (¿O acaso había dejado de ser necesario destruir el poder despótico del Capital?).  A más a más de negar ‘de hecho’ el internacionalismo proletario, limitando  la ‘lucha sindical’ al estrecho ámbito geográfico y económico de las burguesías nacionales (Años después, 1914, y por las mismas recetas doctrinales, los reformistas socialdemócratas se someterían –vía aprobación de créditos de guerra y convirtiendo a los obreros en ‘entusiasta’ carne de cañón- de muy buen grado, a los deseos e intereses de sus respectivas burguesías, colaborando así en  sus rufianescas guerras de rapiña). Y todo ello, paradojas de la vida del más grande pensador revolucionario, lo edificó Marx sobre los muy sólidos, incontestables y ‘científicos’ cimientos (‘hay que apoyar la palanca directamente en la realidad’) que, en buena parte, conformaban esos magníficos documentos ‘oficiales’ que tan concienzudamente elaboraba por entonces la quisquillosa burocracia británica, y que, por el contario, tan olímpicamente desdeñaban, siempre ineficientes y cortos de miras, sus señorías (se contaba chistosamente que los ‘representantes del pueblo’ utilizaban los ‘cuadernos azules’  como accidentales dianas para jugar a los dardos. Lamentablemente, en aquellos analógicos tiempos, los mandatarios no disponían, con cargo al erario público, de ‘inteligentes tablets digitales’ para entretenerse ‘con provecho’).

Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que en la actualidad  no se elaboren tales documentos, y más y mejores, pero desde luego ya no están a disposición de nadie que no sea ‘alguien’ (como hemos podido comprobar miles de veces, ellos no desperdician ninguna de las lecciones magistrales de las que abastece la historia, a quien se digna conocerla), que no pertenezca de pleno derecho a la criminal élite dirigente…

Ya digo que no tenemos fácil lo de comprender (‘reconozcamos los hechos consumados tanto si nos satisfacen como si nos molestan’), pero esa es una situación que, dudando de lo fácil, se puede superar… ¿me explico?

“Hegel dijo de sus discípulos al morir: ‘Solo uno me ha entendido, y me ha entendido mal”


ELOTRO



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