Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 5 de mayo de 2017

04 de abril / 2017



"La provocación de EEUU en Corea del Norte:
un pretexto para la guerra con China"

James Petras


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La caída de los referentes…

“La verdad que se pide a los relojes consiste en que cada uno de ellos diga la hora que están diciendo los demás.”
(Rafael Sánchez Ferlosio)

Cualquier metáfora digna de su nombre carece de ‘esa claridad que no deja lugar a equívoco”. Por el contrario, la difusa  ‘claridad’ que emana de la metáfora reproduce y multiplica la ambigüedad inherente (o voluntariamente adquirida o accidentalmente acogida sin más) a los conceptos, las cosas o a los hechos. En una metáfora, la ambigüedad (cuya dinámica le permite ‘estar’ y al mismo tiempo ‘escapar’, escabullirse entre los dedos que constantemente intentan sujetarla, dominarla) resulta ser un arma (mediante las múltiples y dudosas ‘semejanzas’ que proyecta, o traslada o sugiere), en último término mucho  más inquietante y amenazadora para ‘lo establecido’ (en el polo opuesto del papel ideológico que cumple ‘la publicidad’, es decir, el de encubrir, disimular, trasponer lo real; en concreto las relaciones de producción’)  que cualquier ‘exacta certidumbre’ al uso o abuso que, por su propia naturaleza fija y pretendidamente acabada, inmóvil, o sea, presta, ¡y de qué manera tan indisimulable!, para en su caso ser fácilmente cercada y sitiada…

“…los creyentes, o sea, quienes desde siempre han renunciado al pensamiento.”
(Rafael Sánchez Ferlosio)

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“¿Cómo puede funcionar una sociedad que ha puesto entre paréntesis la capacidad creadora, que se funda sobre la actividad devoradora (consumo, destrucción y autodestrucción), para la que la coherencia llega a ser una obsesión y el rigor una ideología, en la que el acto consumidor reducido a un esquema se repite indefinidamente?”
(Henri Lefebvre)


Asistimos al relato de “La caída de los referentes”, de la mano de Henri Lefebvre…

Hace cien años, alrededor de la palabra y del discurso, en el contexto social, reinaban referentes sólidos. Ligados entre ellos, sin por ello formar un sistema único y formulado como tal, poseían una cohesión ya que no una coherencia lógica. La unidad de los referentes se manifiesta entonces en el buen sentido o sentido común, en la percepción sensible (espacio euclídeo de tres dimensiones, tiempo de los relojes), en la concepción de la naturaleza, en la memoria histórica, en la ciudad y el contorno urbano, en la estética y la ética generalmente admiradas. El carácter global de esta sociedad como ‘sujeto’ se hacía sensible y esta socidad poseía (o creía poseer, lo que viene a ser lo mismo) un código general, predominante, el de la honestidad y del honor, o de la dignidad.”

(…)

“Ahora bien, he aquí que en los alrededores de los años 1905-1910, bajo diversas presiones (ciencias, técnicas, transformaciones sociales), los referentes saltan, uno tras otro. La unidad del ‘sentido común’ y de la ‘razón’ vacila y se hunde. El carácter absoluto de lo real ante el ‘sentido común’ desaparece. A esta realidad de la percepción bien informada (o considerada como tal) le sustituye o se superpone otra realidad, otro mundo sensible. Los objetos funcionales y técnicos (o considerados como tales) reemplazan a los objetos tradicionales. En términos más sencillos, el reino de la electricidad, de la luz eléctrica, de la señalización eléctrica, de los objetos mudos y mandados electrónicamente, comienza hacia 1910.”

(…)

“¿Puede admitirse que a partir de esta fecha el sentido de la vista, desfavorecido antes en razón del predominio del oído y del discurso (verbal o escrito), vuelve a adquirir importancia, de suerte que lo audiovisual, en marcha, enriquece la captación de lo práctico-sensible?...”

(Henri Lefebvre “La vida cotidiana en el mundo moderno”)


ELOTRO



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