Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 4 de mayo de 2017

03 de abril / 2017


«La frente alta» de Italia en materia de gastos de guerra
por Manlio Dinucci



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Un “artista exquisito” al que le repugna comprometerse.
(Pavese)

Bueno, ese ‘comprometerse’ conviene matizarlo por nuestra parte y aquí y ahora porque, ¿acaso tipos tan exquisitos como Muñoz Molina o Cercas o Vila-Matas (la lista sería interminable) le han hecho ascos a su ‘compromiso’ con el establishment cultural postfranquista? Yo la verdad les veo, más allá del peculiar  postureo que se gasta cada uno de esos ‘prendas’, contentos y satisfechos del nivel de vida y privilegios alcanzado tras larga y penosa escalada hasta la cima de la miseria (miseria moral, la que en el ‘sistema’ da de comer).

Cada uno en su estilo e interpretando fielmente el papel asignado en la parcelita estipulada, y prestando con meritoria eficacia sus servicios a los auténticos amos del cotarro ‘cultural’; y todo ello, según la letra grande y pequeña del ‘contrato’, o sea, del ‘compromiso’ previamente acordado o en la mayoría de los casos más bien aceptado sin ni siquiera rechistar, que no está la cosa como para enojar al de la ‘pasta’ (Y el que no se vende, alegan en su favor los infames, es porque nadie le ha querido comprar). Y todo ese ‘compromiso’ a cambio de una paguita, aunque para ellos siempre escasa, y si acaso y ya corriendo el tiempo (periodo reglamentario de prueba y acumulación de méritos) y, a más a más, por buena conducta (‘creo que me se entiende’), se le podría llegar a sumar al sobrecito fijo:  el Planeta (600.000 €) o similares, el Cervantes (125.000 €), el Príncipe de Asturias (50.000 €), las poltronas académicas, las conferencias, las becas, los eventos internacionales o pueblerinos, los pregones o sermones... que también ayudan a tapar algunos agujeros que pudieran arrastrar estos sufridos currantes del intelecto.

Si la memoria no me traiciona creo que un famoso descerebrado, de nombre ‘artístico’ Ramoncín, llegó a cobrar 900.000 pelas de las de entonces (cuando el salario mínimo mensual era de 50.000 pts.), por una prédica (no sé si con ‘compromiso’ incluido) desde el balcón del ayuntamiento de un pueblo ‘obrero y rojo’ del extrarradio madrileño. En fin.

Maticemos pues, ¿’Compromiso’, con qué y con quién? que diría el impertinente Vladimir Ulianov. En el caso de este vocablo, su ‘denotación’ y su ‘significado’, entiéndase que el dominante, suele desembocar en un referente sólido, uno de esos muchos referentes que en conjunto conforman el magma ideológico de lo que se viene llamando ‘el sentido común’.

La acepción, por así decir,  preponderante de ‘compromiso’, quede claro que en un contexto no sólo lingüístico sino práctico y social (se procura imponer un significado unívoco, y pretendidamente universal), lleva a pensar, en nuestra situación actual, directa y casi ‘exclusivamente’ en el muy sobado y desacreditado  ‘compromiso de partido’ o de carácter  ‘ideológico’, ya sea con ‘las masas de trabajadores menos afortunados’ o con ‘los más débiles, las minorías de lo que sea o las víctimas de lo que venga más a cuento’ (de ahí las miles de sectas religiosas y las miles de oenegés clandestinamente gubernamentales). Como si no existiese el compromiso, principal y fundamental, con los intereses exclusivos y excluyentes de carácter personal, familiar, corporativo o, sobre todo, de clase social. O sea, dando un saltito, todos apolíticos.

Y por poner un solo ejemplo: Un pelele de la CIA como Vargas Llosa (lo de menos fue su candidatura a la presidencia del Perú) es según la  opinión dominante (‘el reino de la charlatanería, la palabrería y el cotorreo’), contante y sonante (por el Nobel recibió 855.000 €), un escritor como la copa de un pino cuyo único compromiso es con la literatura (vocablo que, por cierto, también se las trae…).

Aunque no estamos obligados a saberlo, y no resulta fácil de percibir y aún menos de conocer, es indudable que nos enfrentamos a formas discursivas de comunicación y lenguajes que ellos, los que mandan, los que poseen los medios de producción cultural, codifican (‘producen en exclusiva’) para las distintas audiencias (a subrayar que se trata de audiencias exclusivamente consumidoras: ‘El consumo no crea nada, ni siquiera relaciones entre los consumidores. No es más que un acto solitario, no es más que algo devorador’ ). Y, al mismo tiempo, a cada una de esas audiencias le suministran (‘proveen en exclusiva’) el adecuado descodificador o traductor o descifrador de significados y significantes ‘listos para devorar’. Y así, cada una de las fases, previamente manipuladas a conveniencia, se articula con el conjunto para garantizar el funcionamiento del engranaje completo  del circuito: la producción de lo hegemónico en el campo del lenguaje y el pensamiento.

ELOTRO



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