Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 2 de mayo de 2017

01 de abril / 2017





Korsch sobre Marx, traducido por Sacristán


Cuando los reformistas –escribe en 1936 Karl Korsch en su libro sobre Marx- hablan de ‘cambio’ o ‘evolución’ suelen quedarse dentro del círculo mágico de la sociedad burguesa, del capitalismo. Consideran las anteriores formaciones sociales como ‘estadios previos’ de la forma hoy día más o menos plenamente desarrollada: el capitalismo.

Lo que llevado a sus últimas consecuencias culmina en ‘El fin de la historia’ decretado unilateralmente, allá por 1992 tras el derrumbe de la URSS, por aquel fanático funcionario de la CIA que firmó el ridículo pasquín como Francis Fukuyama.

Así que el amigo Francis echó por su cuenta el cierre a la historia de la sociedad humana. Se acabaron las contraposiciones entre las clases sociales, finalizaron las continuas alteraciones económicas (¿punto final al desarrollo de las fuerzas productivas?), políticas, sociales y culturales que, curiosamente, hasta el mismísimo día en que a Francis (no confundir, a pesar del calibre de la tontería, con la famosa mula del cine, este personajillo era o es un ‘preparao’ con varios títulos universitarios ‘adquiridos’, ignoro si de saldo, en USA) se le apareció el dios del capitalismo tardío y global con demasiadas prisas por colgar el ansiado cartel de ‘The end’, habían actuado (guste o no reconocerlo, a pesar de que ya hasta el propio Ricardo, hace ahora unos cientos de añitos, se lo barruntaba…), como el auténtico motor del proceso histórico.



Para los voceros (con todos los matices que se quieran) del capitalismo, valores e instituciones como la libertad, la propiedad, la educación, el derecho, la familia… resultan ser, desde su taimado e interesado afán de generalizar, valores tradicionales y entidades de carácter universal que, aunque han venido desarrollándose, con progresos y retrocesos, a lo largo de la historia, por fin han cristalizado (negando las formas –degeneradas, mutiladas o disfrazadas- concretas burguesas de tales entidades que son las que los comunistas quieren abolir) como valores eternos, acabados y perfectos (aunque, hábiles que son, admiten -para eludir cualquier  cuestionamiento radical y esencial, y así preservar el sustancial contenido cediendo sólo en irrelevantes alteraciones de la forma- la puntual necesidad de pequeños ajustes, adaptaciones o reformas) en el seno de lo que para ellos, por medio de la constante glorificación de lo existente, es ya la sociedad perfecta (o en el peor de los casos el único camino de la perfección), o sea, la sociedad de clases del criminal, verificable en todos los sentidos, capitalismo explotador.

Actitud esta que, según nos enseña la historia, no encierra ninguna novedad. Precisamente nos cuenta Korsch que ya Marx señaló que el principio dialéctico de Hegel se autolimitaba, y lo hacía a sabiendas, al desarrollo ‘pasado’ de la sociedad.

Hegel no rebasó nunca el horizonte burgués, santificaba las instituciones existentes y limitaba ‘las mejoras’ al estrecho marco del Estado prusiano de su época. Negando así que la sociedad burguesa, como todas las formaciones sociales que la han precedido, está en constante alteración, todas sus entidades están alteradas por las acciones humanas.
Aún así Hegel reconocía que:

“la clase trabajadora vive en dependencia y miseria…(…) y excluida de todos los beneficios de la ‘sociedad civil’ (…) …se hunde en un ‘exceso de pobreza’ a medida que aumenta el ‘exceso de riqueza”.

Y en el mismo sentido, Hegel detecta en la clase trabajadora:

“…una íntima indignación contra los ricos, contra la sociedad, el gobierno, etc…”

Aunque como indicó Marx, “Hegel no ve en la miseria más que la miseria, y no es capaz de ver ‘proletariado’ sino sólo ‘populacho”.



Es con Hegel y Ricardo, nos recuerda Korsch citando a Marx, que la sociedad burguesa alcanza el más alto grado de autoconocimiento crítico. El de Hegel es el último sistema de la filosofía clásica alemana, es resumen y recapitulación de todas las fases anteriores de la teoría social burguesa. Del mismo modo que en el terreno de la economía lo fue el de Ricardo.

Marx pone la lógica dialéctica sobre una base materialista en vez de idealista. Lo que no quita para que reconociera que la dialéctica de Hegel había sido una forma perfecta de exposición evolucionista de la sociedad. Queda pues la dialéctica de Hegel, como Lenin supo ver y nos hizo saber de su importancia ante la lectura de ‘El Capital’, invertida en sentido materialista.

Es en esa misma dirección (y visto desde el siglo XXI: “…supone que el batelero va a navegar no río abajo, sino hacia la fuente”) en la que Marx desveló “el carácter radicalmente burgués de esa tendencia aparentemente ‘antiburguesa’ (socialismo reaccionario) y anticapitalista que reprocha a la burguesía más el producir un proletariado revolucionario que el producir proletariado en general”
En fin, como dijo Engels, “…sorprende encontrar lo más nuevo en lo más antiguo”.

ELOTRO

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