Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 30 de abril de 2017

30 de marzo / 2017




Feininger y la Bauhaus

En la historia del arte hay muchos artistas eclipsados (a veces con toda justicia, a veces injustamente), por otros artistas ya sea de manera voluntaria o involuntaria y fueran estos compañeros o adversarios dentro del oficio, o, lo que suele ser más habitual, gracias a la interposición de las llamadas  ‘leyes del mercado’ y la paralela labor de sus serviles asalariados: ‘críticos’, historiadores y demás charlatanes propagandistas.

Viene esto a cuento de la expo que ha organizado la ‘filantrópica’ Fundación March (recuerden, Juan March, uno de los delincuentes más ricos del planeta allá por los años treinta del siglo XX, aquel banquero-traficante-monárquico-franquista-golpista), sobre el artista, americano y alemán, Lyonel Feininger (1871-1956), que fue el primer profesor contratado en la Bauhaus de Weimar.




Antes de ejercer como maestro (del taller de grabado) en la Bauhaus de Weimar, Feininger, en su juventud, había estudiado música en USA. Su padre era violinista profesional y él mismo, años más tarde, compuso piezas para piano y órgano, inspiradas en las fugas de Bach. Los únicos profesores de la Bauhaus que poseían una sólida formación musical fueron Klee y Feininger. Pero de vuelta a Alemania decidió dedicarse al arte, en principio al arte de la tira cómica, del cómic. Y llegó a labrarse una gran reputación y a triunfar ‘económicamente’ como consumado caricaturista colaborando en varias publicaciones alemanas y norteamericanas de la época.

Efectivamente en 1919 Walter Groupis contrató a Feininger, que ya había pasado, como pintor, por el ‘cubismo’, el ‘expresionismo’ y el ‘futurismo’. Tras su primera visita a las instalaciones de la Bauhaus, de la mano del propio Groupis, Lyonel escribió a su mujer: “¿Sabes una cosa? Aquí viviremos como reyes”. Quedó realmente impresionado con las instalaciones y con la que habría de ser su propia morada: espaciosa, grandes ventanales con hermosas vistas, salón de música, con calefacción central ‘por supuesto’…



Feininger era un artista básicamente ‘conservador’ (siempre trajeado elegantemente, su refinado atuendo contrastaba con el de su compañero Lászlo Moholy-Nagy, que vestía prendas ordinarias de obrero) que pronto se posicionó dentro del profesorado como un elemento ‘conciliador’ entre las tendencias más radicalmente proclives a la  tradición (los menos) o a la vanguardia (los más).

El caso es que Feninger carecía de cualquier experiencia pedagógica. Confesaba a su mujer que le provocaba dolores de cabeza tener que calificar el trabajo del alumnado: “una resolución negativa puede destruir muchas esperanzas” escribió a su querida Julia en 1919. Y es que él mismo reconocía que no había alcanzada la madurez artística hasta la edad de 45 años.




En fin, el caso es que la expo de este ‘eclipsado’ artista me parece muy interesante y muy completa y suficientemente  representativa de todos sus periodos, estilos y obras (quizá faltan muestras de aquellos hermosos juguetes de madera policromados que realizó por los años veinte). Tampoco creo que Feininger pueda situarse, ni mucho menos, a la altura de sus compañeros en la Bauhaus como Klee o Kandinsky.  Su obra me parece digna pero mediocre como aportación a la historia del arte.

ELOTRO


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