Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 29 de abril de 2017

29 de marzo / 2017





“Decir la verdad es revolucionario”
(Antonio Gramsci)

Los esforzados apropiacionistas en nómina del Capital aprovechan que se cumplen ochenta años de la muerte de Antonio Gramsci para enmierdar su figura y su obra un poquito más si cabe. Pero hay que reconocer que llevan a cabo su labor de falsear, tergiversar y mixtificar con una exquisita delicadeza. En nuestra Una, Grande y Libre prolongación del franquismo, contamos además con una circunstancia curiosa que resulta muy instructiva a la hora de analizar esta sin duda exitosa (la propiedad de los grandes medios de confusión y embrutecimiento ayuda un poquito) operación de apropiación, repito por parte del Capital, de una de las más importantes figuras del marxismo revolucionario que se han dado en el siglo XX.

Resulta que la traducción-traición de la obra de Gramsci en nuestra ‘Todo por la PATRIA’ tan querida por esas ‘democráticas’ sabandijas como el tal cagatintas Aramburu (no confundir con el hijo antifranquista –y petero- de aquel Topete general franquista), corrió a cargo de un oportunista personajillo de nombre Jordi Solé-Tura, un tipo que pasó del radicalismo más izquierdista a sumiso subalterno de Carrillo y, por fin, a la poltrona ministerial que le ‘regaló’ Felipe González, se supone que por los servicios prestados (fue uno de los PADRES de la ‘democrática’ Constitución del 78 tutelada por los ‘neutrales’ militares franquistas), en la Inmaculada Transición que tan eficazmente dirigió la CIA.

Pues bien, comprenderán que la naturaleza ideológica de la faena de amañar y desfigurar la obra de Gramsci comienza ya en la propia ‘introducción editorial’ de sus textos vertidos al castellano… mediante la ‘inocente mano’ de elementos como el tal Solé-Tura que, como tantos otros burguesitos radicales bocazas a los veinte, tras unos principios ‘izquierdistas’ acabó su ‘carrera profesional’ pillando cacho a la derecha de la socialdemocracia, tras su brillante paso por la cabriola reformista llamada ‘eurocomunismo’.

El otro, me consta que alguno más hay, significativo traductor-traidor de la obra de Gramsci en nuestra querida Spain fue Manuel Sacristán, también militante del PCE al menos hasta finales de los años setenta, y que hizo una lectura del pensamiento de Gramsci diametralmente opuesta a la de su ‘querido’ ex camarada (por lo leído parece que se profesaban un extraordinario ‘cariño’ mutuo).

Pero todo eso no ha sido obstáculo para que los nuevos, mejor decir ‘novedosos’ porque de nuevos no tienen ni el disfraz, peleles colaboracionistas del Capital-Filantrópico (Botín, Soros…) se hayan también apropiado, ¡ y de una sola tacada!, del autor y el traductor. Téngase en cuenta que existe, y no se oculta, una peña-piña-podemita (Monereo, Reichmann…) de supuestos discípulos de Sacristán (alguno de ellos que leyéndole daba la impresión que desayunaban juntos todas las mañanas resulta que según propia declaración ni siquiera llegó a conocerlo) que administra, selecciona, prologa y anota como les viene en gana, la por otra parte escasa obra de Sacristán, por supuesto con la desinteresada intención de situarlo en posiciones que, vaya casualidad, se revelan finalmente como anticomunistas. 

Véase también a payasos como Pablo Iglesias, en su tele o en youtube, recomendando la antología de Gramsci compilada y anotada por Sacristán o el pomposo galimatías de frasecitas con que adorna, ‘gramscianamente’, su charlatanería reformista el listillo-repelente de Errejón. El caso es que el coro de los que cantan las auténticas ‘verdades como puños’ que expresó Gramsci en sus escritos no termina en los viejos peceros y troskos o los novedosos podemitas sino que a él se suman también los ideólogos del PPSOE y algún despistado de IU. Y lo gracioso del caso es que todos ellos coinciden en un solo punto: en denunciar el ‘infame’ intento de apropiarse de la figura y la obra de Gramsci por parte de los ‘marxistas fosilizados’.

En fin, terminada esta retahíla de descalificaciones (aunque espero que el lector atento encuentre algo más), sólo me queda por recomendar la lectura ‘directa’ de la obra del ‘filósofo de la práctica’, que así llamaba Gramsci al marxismo para burlar la censura carcelaria de sus cuadernos. Cuando digo lectura directa me refiero a evitar leer a Gramsci a través del cristal, o del filtro selectivo, de esa panda de ‘intelectuales’ al servicio de los explotadores. Decía por cierto Gramsci, apasionado de la Gramática, que él seguía obligándose a escribir ‘explotadores y explotados’ para evitar caer en la trampa del lenguaje del opresor, aquél que acaba sustituyendo los significantes y significados originarios e imponiendo en su lugar supuestos sinónimos que, aunque ‘suenan’ parecido, en realidad van en sentido contrario y contienen significados antagónicos a los originales. Y eso se puede comprobar fácilmente cuando estos doctos voceros hablan sobre la opinión o el concepto expresado por Gramsci en lo tocante a la hegemonía, su análisis del fascismo o la revolución bolchevique, sobre el leninismo, los consejos obreros, la política de Stalin y la consecuente sumisión del PCI a sus dictados, el papel de Trotski en las luchas internas del bolchevismo, el ‘intelectual colectivo’… lo que, para eso el que paga manda, da como resultado en nuestro provinciano terruño a un Gramsci ‘socialista a lo PSOE’, trotskista a lo ‘Anticapitalista’, inofensivo a lo IU, patriota y demócrata a lo Pablo Iglesias, peronista-electoralista a lo Laclau-Errejón… y alguna mamarrachada más.
En fin, ustedes, si eso, leerán.

ELOTRO


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