Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 28 de abril de 2017

28 de marzo / 2017


Adiós, mister Demme (Jonathan)



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“El que resiste no es más que eso, uno que resiste,
lo que no es poco conociendo el paño.”
(ELOTRO)


Marx, unos años antes de culminar su teoría sobre la fetichización de la mercancía, había escrito repetidas veces sobre la necesaria lucha contra la, ya por aquel entonces acelerada,  deshumanización de la vida.

‘Así funciona esto’, cuentan que fue todo lo que dijo Cebrián cuando, ‘a propuesta irrechazable de los USA’, tragó sin rechistar con la fraudulenta campaña de propaganda, a la que por cierto ya puestos aportó más que  el que más y, en el mismo paquete, con el burdo pucherazo del mismo referéndum sobre la OTAN que, ya pasado el trago sin asomo de contrición, ‘cocinó’, de aquella asquerosa manera, su compadre Felipe siguiendo al pie de la letra la preceptiva receta de la CIA.

“Así funciona esto”, según va dicho, y funciona como una ‘máquina’, ni más ni menos (donde ‘esto’, sospecho, es el capitalismo). Como una ‘máquina’ que, a pesar de haber sido concebida, diseñada y fabricada por el hombre, acaba muy pronto y en medio de la vorágine política-económica-social, independizándose  de él y, por las mismas, funcionando de modo y manera digamos absolutamente autónoma,  o sea, fuera del otrora directo control de su ‘creador’. Es más, en cierto modo se puede llegar a decir que la ‘máquina’ (o el Sistema) termina, en la práctica, por asumir el verdadero control y, además, consigue invertir la compleja relación de dominio, en concreto y por su parte de ‘subordinación’, que parecía mantener ‘de buen grado’ y  desde un principio con respecto al que en tiempos fue su originario ‘creador’ (y también productor y reproductor) y, ahora, no es más que su (¿perplejo?) entregado esclavo.

Abundando en el asunto les cuento (nada original por supuesto) que, unas décadas antes, exactamente en 1818, de que Marx (que publicó lo suyo allá por 1867) creara el concepto de fetichización de la ‘mercancía’, la joven escritora inglesa Mary Shelley escribió su espléndida novelita gótica, y posteriormente muy famosa, titulada: “Frankenstein o el moderno Prometeo.”
(Sobre las primeras lecturas para su formación literaria, Piglia siempre destacó el capítulo de ‘El Capital’ sobre la fetichización de la mercancía.)

Relato este en el que, salvando todas las distancias que se deseen, asistimos a un proceso de relaciones (visiblemente dialécticas) de persona a cosa, de cosa a persona, de cosa a cosa, entre el (sujeto) creador y su (objeto) criatura que, indudablemente, muestra (en el campo teórico-textual) ciertos rasgos y similitudes con la citada teoría de la fetichización marxiana.

Fetichización que también resulta claramente  análoga, y materializada desde sus categorías ideológicas, a la del mundo religioso en el que, por ejemplo, el primario trozo de madera, luego labrado, pulido, policromado, vestido, enjoyado… deviene tras milagroso proceso (¿de inoculación mental?), en tangible fetiche, estatuilla, tótem, ídolo que, a pesar de lucir como  ‘objeto’ palpable, acaba (¿quizás después de alguna sonada trifulca y luego mediante la influencia de ‘sobrenaturales mecanismos internos/externos de interrelación material/ideológica’?), por determinar primero y someter después la (¿hasta entonces tenida por  ‘subjetiva’?), conducta y voluntad (¿ya alienada, ya muerta?) del  ‘sujeto’ en cuestión. O de lo que resta de él. 

Queda, en fin, y ese es un dato incuestionable, la maravillosa libertad de elegir lo dado, (¿O se trata de lo dictado por -¿mediación de?- el cacho de palo?

Doctores, según va más que dicho, tiene la iglesia.

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Leo: ‘Vivimos aplastados por la pedantería que padecemos…’
Me pregunto: ¿También por la que con tanto esmero nosotros mismos producimos?

Alfaguara = ¡Agua va!


ELOTRO

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