Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 26 de abril de 2017

26 de marzo / 2017




“No se desea poseer una mujer, se desea poseerla nosotros solos.”
(Cesare Pavese)

Hoy jueves 9 de marzo, día soleado y por suerte de recreo, he pasado por la Fundación Mapfre (que a diferencia del Caixaforum, lugar que no volveré a visitar salvo para orinar o cagar,  respeta la entrada gratuita para los parados con justificante), todo por echar un vistazo, por segunda vez, a la expo: “Retorno a la belleza /Obras maestras del arte italiano de entreguerras”



Lo del ‘retorno a la belleza’ es una imbecilidad se mire por dónde se mire incluso antes de poner un pie en las salas, y lo de ‘obras maestras’ una exageración fácilmente comprobable, una vez realizada la visita, como mínimo en el setenta por ciento de las obras. Aún así, la expo, con contadas pero excelentes obras de Chirico, Savinio, Casorati, Carrá o Morandi, a las que hay que sumar una estupenda escultura de Mario Marini, merece sin duda la visita.

Si uno recorre con un mínimo de atención las salas se da cuenta de la fraudulenta fórmula, a base de pueriles artificios cosméticos torpemente trabados,  que sustenta la muy pomposa expo. Digo las salas  y debería de decir cada una de las paredes, todas ellas dramáticamente fragmentadas y desequilibradas.


Y añado escandalosamente irregulares porque junto a auténticas obras maestras, cuelgan verdaderos mamarrachos (y no lo digo sólo por la firma que avala, que también, y por poner de esto un ejemplo preciso, diré que en una de las salas del primer piso podemos contemplar dos obras del gran Giorgio Morandi, además una colocada junto a la otra, y que precisamente pertenecen cada una de ellas por méritos propios y harto evidentes a la categoría de obra maestra la una (bodegón que ilustra esta reseña) y a la de mamarracho la otra (bodegón del que lamentablemente no he podido encontrar foto en la red)) que sólo tienen en común con las primeras haber sido pintados por ‘artistas’ italianos, o por el mismo figurón  en horas bajas que tanto da, en análogas fechas o aproximadas (algunas realizadas años antes de la guerra del catorce).



Por las mismas y del propio Picasso decía Berger que éste pintó más obras maestras que nadie, y más basura casi también. Y Morandi como todo quisqui tuvo su periodo de aprendizaje, de tanteo y eso le llevó a equivocarse feamente más de una vez incluso cuando ya había alcanzado su velocidad de crucero, como además no podía ser de otra manera, como no ha sido nunca, hablando de arte y que yo conozca, en ningún caso o lugar de otra manera.



Los críticos e historiadores del arte se empeñan (es la ‘consigna’ oficiosa y su panza les hace ser muy cumplidores), por pura pereza, en crear una etiqueta ( o varias: ‘pintura metafísica’, ‘Novecento’, ‘realismo mágico’…) acompañada de una fecha de nacimiento y otra de defunción y así, ya cómodamente acotado el periodo temporal y geográfico (¡las más de las veces ahistórico!), en el espacio-tiempo de entremedias apretujan toda la mercancía que quepa y punto: la cosa queda catalogada y archivada. Y a otra cosa. Un poco más tarde desembarca en el negocio el comisario de turno o enchufe, o la curator de guardia o de alterne, y es entonces cuando para ganarse la paguita cimentan la pamplina con cuatrocientas páginas, como poco, en couché brillo llenitas de santos (en cuatricomía o a seis tintas si la pasta es larga) y atiborradas de letras minúsculas, mayúsculas o versalitas; y en tipos redondas, itálicas o negritas que, por cierto, no lee luego ni el corrector (y que, ahora que lo pienso, no sé si éstos con lo digital siguen figurando  en plantilla).



El hipotético lector probablemente estará pensando que debo dosificar el temita de los críticos, ‘curadores’, comisarios y demás chupópteros que parasitan y empuercan el llamado mundo del arte… y que ya empiezo a resultar demasiado  cansino y fatigante… y es más que posible que tenga razón. Al menos en parte. En lo de la fatiguita sobre todo…
Fatiguita de ver cómo mixtifican las obras, cómo prostituyen las palabras, cómo falsean los significados, cómo adulteran las formas, cómo manipulan los conceptos y sobre todo la función social que cumple el arte y el concreto contexto histórico y social en el que lo hace; fatiguita de ver cómo mutilan los hechos (la guerra del catorce, su antes, su durante o su después no deja el menor rastro ni huella, sencillamente no existe, como no existen las movilizaciones revolucionarias obreras en el norte de Italia o el nacimiento del fascismo que acabaría cangrenando Europa); fatiguita de ver cómo borran o inventan los nexos (el ‘futurismo’ como aparato propagandístico del belicismo imperialista o colonial), cómo amañan las causas (la brutal reacción de la ideología burguesa frente al emergente vanguardismo revolucionario) o cómo desvirtúan los efectos (la serena paz…de los cementerios)…


Un minuto después, y en ciertos casos incluso en riguroso paralelo, de Cézanne, Matisse, Derain, Munch, Modigliani, Schiele, Kokoschka, Picasso, Braque, Gris, Klee, Kandinski… anuncian y celebran una supuesta ‘vuelta al orden’, a la seguridad y la serenidad (¿la que prometían el fascismo y el nazismo?), al canon clásico, al oficio (a la vista de algunas piezas expuestas esto es de puro cachondeo y si ya lo contextualizamos con la vecina Bauhaus la cosa es de escándalo), a los géneros: retratos (¿cómo no se le ocurrió a Schiele?), paisajes (¿en qué pensaba Derain), desnudos (¿a qué esperaba Matisse?), naturalezas muertas (si Cézanne lo hubiera sabido…)… en fin, que lo de estos 'doctos' tarados, tan bien pagados y subvencionados, es de no creer…

“RETORNO A LA BELLEZA”, dicen, ¡y los muy asquerosos se quedan tan panchos!


ELOTRO


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