Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 6 de abril de 2017

06 de marzo / 2017

MAURICE MERLEAU-PONTY
“FENOMENOLOGÍA DELA PERCEPCIÓN”



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Sólo un alma grande se atreve a tener un estilo simple.

(Stendhal)

La hybris (la desmesura, el exceso) era un pecado mortal para los griegos (no es este el momento para matizar y concretar a quiénes y cuántos griegos pensantes y practicantes se remitía  el escriba en cuestión).

En el capitalismo tardío, la hybris, es, por el contrario, una gran virtud, un modelo de conducta ejemplar a imitar, en la medida de sus posibilidades o ilusiones, por los muy influenciables sujetos, u objetos, inferiores: en definitiva, el signo de nuestro tiempo.

Producir con desmesura y consumir en exceso, la riqueza y la pobreza, recordemos que el capital y el trabajo se condicionan y hacen surgir recíprocamente.

Sin duda la hybris es un comportamiento, o funcionamiento, a todas luces hegemónico, pero conviene no olvidar que el triunfo de la hegemonía pasa por la efectiva autoidentificación con las formas hegemónicas y que la materia semiótica de la psiquis es por excelencia la palabra, el lenguaje interno. Recuerden aquel eslogan de la fábrica alemana de automóviles: “¿Te gusta el exceso?”… la respuesta, como cantó el cantor, está en el viento… ese viento que mueve esa manita que alegre y danzarina asoma  por la ventanilla de esa pulidísima y veloz lata con ruedas (y discreta salida de humos tóxicos invisibles en el spot), armatoste de impactante diseño y confortables prestaciones, que necesita consumir, por imperativo industrial, con exagerado ‘exceso’ y para su ‘desmesurada’ función la, cada día más escasa y finita sangre densa y negra de los pueblos, criaturas que han tenido la desgracia de nacer en territorios pobres y vulnerables y con un subsuelo rico en hidrocarburos naturales. Pero, ya se debería saber que la lógica cristiana (y en esencia todas las lógicas fanáticas religiosas en sus muy diversas formas y envoltorios), hace del bendito sufrimiento, otra hybris, el camino a la salvación.

Contra la hybris literaria, por seguir con la tontería, se manifestaba constantemente el ineludible y sobrevalorado Borges, que lo hacía con su propia obra, según nos cuenta Piglia nunca escribió un texto superior a diez páginas, y con sus malévolas, y en muchos casos estúpidas, críticas y opiniones, véase: ‘Cien años de soledad’ es una buena novela, pero en mi opinión le sobran cincuenta años.

Sin embargo, el muy humanista cieguito facha nunca valoró como desmesura, es lo que tiene la interiorización interesada de lo hegemónico, sus propias cenitas íntimas, con fotógrafo oficial incluido para desmentir la tentación de la ficción, y condecoraciones a manos de dictadores desmesuradamente asesinos como Pinochet o Videla. Es lo que tiene la imaginativa ficción celestial, o sea, ese  humanismo ciego que, en sus muy variadas y sugestivas formas, constituye el verdadero fundamento de lo hegemónico. Otra cosa es que, en medio de tanta hybris, sea fácil percibirlo.

ELOTRO



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