Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 4 de abril de 2017

04 de marzo / 2017

“Navalny, un «demócrata» made in USA”
por Manlio Dinucci




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“El oficio de la palabra,
mas allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor:
crear presencia.”

(Roberto Juarroz)


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Una de Karl Marx:

“Los principios sociales del cristianismo han tenido dieciocho siglos para desenvolverse y  no  necesitan  de que un Consejero Consistorial prusiano venga ahora a desarrollarlos.

Los principios sociales del cristianismo justificaron la esclavitud en la antigüedad, glorificaron la servidumbre en la Edad  Media  y son capaces, si es preciso, de defender la opresión del proletariado, aunque sea con aire compungido.

Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de que exista una clase dominante  y  una clase oprimida, y a esta última lo único que le ofrecen es el piadoso deseo de que la clase dominante sea caritativa.

Los principios sociales del cristianismo sitúan en el cielo la compensación que prometen los asesores del Consistorio por todas las infamias, justificando así la continuidad de estas infamias en la tierra.

Los principios sociales del cristianismo declaran que todos los actos viles de los opresores contra los oprimidos constituyen bien un justo castigo por el pecado original u otros pecados, bien pruebas a las que el señor, en su sabiduría infinita, supedita la redención.

Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el desprecio de uno mismo, la humillación, sumisión y humildad; en suma, todas las virtudes del populacho, y el proletariado, que no permitirá ser tratado como chusma, necesita más su valentía y autoestima, su orgullo y sentido de la independencia que el pan que come.

Los principios sociales del cristianismo son cobardes e hipócritas, y el proletario es revolucionario”.

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Sobre autores y géneros
“El género novela es más sabio que cualquier novelista. Tiene conciencia de sus propios límites, conoce sus reglas y leyes, reconoce sus necesidades, es consciente de sus peligros, ha evitado las tentaciones al suicidio y ha generado sus particulares anticuerpos contra enfermedades, virus e infecciones. Ha resistido mil y un desahucios, ha superado innumerables declaraciones de quiebra, ha resucitado tras cientos de muertes anunciadas y sabe que si el autor propone, es la narrativa, finalmente, quien dispone.”

MARTÍN LÓPEZ NAVIA, La magia de la novela

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2 de Fabián Casas:

“Recién salido de la ducha, me paro a ver mi cuerpo en el espejo. Nada especial, me digo, es un objeto más en el mundo. Fabián Casas, sin anteojos, cargando una estructura que comprende.”


PARA J. O. G., CON AMOR

Siempre que pienso en usted lo imagino
tomando su café crónico
o hurgándose las uñas
parado frente a una ventana
a través de la cual mira pasar
grandes catástrofes, terremotos financieros
o paros cardíacos.
Y usted como un voyeur excitado
los contempla y ordena en su cerebro argentino
cargado de terrores.
                                      Maestro,
anímese y rompa el vidrio.
Pegue usted también su salto mortal
sobre la farsa política;
dele una oportunidad a J. O. G.
para que rompa su cabeza final
sobre los huesos del imperio.

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“Un libro ordinario no debe contener más que un tema; pero un buen libro debe contener un germen que se vaya desarrollando por sí mismo como una planta.”

(Joseph Joubert)


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