Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 2 de abril de 2017

02 de marzo / 2017

Memorias de la Casa Muerta
Fedor Dostoievski

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“Estoy convencido de que una musa es necesariamente una mujer muerta, inaccesible o ausente; de que la estructura poética –al igual que un cañón, que es tan solo un agujero rodeado de acero– puede basarse únicamente en aquello de lo que uno carece; y que en último término sólo se escribe para llenar ese vacío o al menos para situar, en relación con la parte más lúcida de nosotros mismos, el lugar donde el abismo inconmensurable se abre en nuestro interior.”

(Michel Leiris)




“Presta atención, alguien a quien yo conocía clasificaba a los seres humanos en tres categorías: los que prefieren no tener nada que ocultar a verse obligados a mentir, los que prefieren mentir a no tener nada que ocultar, y finalmente a los que les complace tanto la mentira como la ocultación. Te dejaré que decidas a qué grupo pertenezco.”

(Albert Camus)



«Toda la literatura puede dividirse en dos escuelas diferentes, la de los miopes y la de los présbites. Los miopes ven por los bordes, le dan importancia a cada cosa porque cada cosa se les aparece aisladamente (...) se diría que tienen un microscopio en el ojo que todo lo aumenta, lo deforma (...) Los présbites, al contrario, ven el conjunto, en el cual los detalles desaparecen para formar una suerte de armonía general (...) Flaubert escribe con una lupa, el espectador mira y cree ver monstruos allí donde no había más que criaturas humanas semejantes a él»

(Maxime Du Camp)



“Esta situación se convierte rápidamente en una cuestión relacionada con una experiencia y un argumento específicos. Sin embargo, existe un problema muy próximo dentro del propio concepto de «hegemonía». En algunos usos, aunque según creo no es el caso de Gramsci, la tendencia totalizadora del concepto, que es significativa y ciertamente fundamental, es convertida en una totalización abstracta y de este modo resulta fácilmente compatible con las sofisticadas acepciones de «la superestructura» o incluso de la «ideología». La hegemonía puede ser vista como más uniforme, más estática y más abstracta de lo que realmente puede ser en la práctica, si es verdaderamente comprendida. Como ocurre con cualquier otro concepto marxista, éste es particularmente susceptible de una definición trascendental a diferencia de una definición histórica y de una descripción categórica a diferencia de una descripción sustancial. Cualquier aislamiento de sus «principios organizadores» o de sus «rasgos determinantes», que realmente deben ser comprendidos en la experiencia y a través del análisis, puede conducir rápidamente a una abstracción totalizadora. Y entonces los problemas de la realidad de la dominación y la subordinación y de sus relaciones con una configuración cooperativa y una contribución común, pueden ser planteados de un modo sumamente falso.
Una hegemonía dada es siempre un proceso. Y excepto desde una perspectiva analítica, no es un sistema o una estructura. Es un complejo efectivo de experiencias, relaciones y actividades que tiene limites y presiones específicas y cambiantes. En la práctica, la hegemonía jamás puede ser individual.
Sus estructuras internas son sumamente complejas, como puede observarse fácilmente en cualquier análisis concreto. Por otra parte (y esto es fundamental, ya que nos recuerda la necesaria confiabilidad del concepto) no se da de modo pasivo como una forma de dominación. Debe ser continuamente renovada, recreada, defendida y modificada. Asimismo, es continuamente resistida, limitada, alterada, desafiada por presiones que de ningún modo le son propias. Por tanto debemos agregar al concepto de hegemonía los conceptos de contrahegemonía y de hegemonía alternativa, que son elementos reales y persistentes de la práctica.
Un modo de expresar la distinción necesaria entre las acepciones prácticas y abstractas dentro del concepto consiste en hablar de «lo hegemónico» antes que de la «hegemonía», y de «lo dominante» antes que de la simple «dominación». La realidad de toda hegemonía, en su difundido sentido político y cultural, es que mientras que por definición siempre es dominante, jamás lo es de un modo total o exclusivo.”

Raymond Williams, “Marxismo y literatura”



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