Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 1 de marzo de 2017

29 de enero / 2017



Juan Carlos Onetti
NOVELAS BREVES


***





“El lenguaje ha de ser visto como un persistente tipo de creación y recreación: una presencia dinámica y un proceso regenerativo constante. (…) El sujeto activo debe ir más allá de la simple capacidad del lenguaje para relacionar o comunicar, ‘debe poseer la práctica activa del lenguaje’. (…) Actividad (la del sujeto activo) necesariamente social y material o, en sentido pleno, histórico”.

(Raymond Williams, “Marxismo y literatura”)


Efectivamente y tal como anota Williams, la ideología burguesa desde un principio  ha tomado como ‘natural’ el antidialéctico punto de vista, o de partida, que da por notoriamente sabido, lógico y normal, la separación y distinción abstracta entre lo ‘individual’ y ‘lo social’. Es de esa manera que refracta, más allá del reflejo invertido de la simple imagen especular, “otra” realidad más acorde con el sostenimiento y la reproducción de sus propios valores y creencias, de su propia ideología.

No digas nada pero dilo bonito. Que se entienda. Que se entienda que es bonito. Si cuesta, como visible precondición, el esfuerzo de entender, es que no se entiende bien, o sea, como es debido, sin sudar, sin trabajo, luego no es bonito, luego es feo, luego no se entiende porque no es, desde su concepción, entendible, porque, por más vueltas que se le de, es feo. Pongamos que el que dice es el que manda, o su criado vocero o escriba, y el que escucha y sólo escucha, es el que obedece, no sé si se me entiende, no sé si debo hacerme entender, no sé si me conviene ser sólo legible o jugarme el todo por el todo y llegar hasta inteligible, porque hay cada entendedera suelta por ahí (y por las dudas, ándese de iglesia en iglesia, de casa en casa y vea, oiga y luego, si le place, diga).

Que lo entiendan sólo los que no quieren aunque no entiendan ni siquiera por qué no quieren, o aquellos a los que no se les apetece auto-infligirse  el martirio de entender, aprehender y sostener por cuenta propia; los que se desentienden de motu propio aunque no tengan noción del sentido ni del maloliente significado de la expresión motu propio; los que mil veces prefieren que el discurso venga ya entendido de fábrica, de la fábrica del amo, de la fábrica del que dice, dice bien, dice bello, alto, breve y claro, dice, y así, generoso que es él, te ahorra decir, el que dice desde el pedestal, dice con potente altavoz, dice con audiencia cautiva que se auto-entiende, se desentiende, por libre; la fábrica del que dice lo que dice y como lo dice en el seguro entendimiento de a quién se lo dice y por qué se lo dice. No sé si me hago entender o me hago el petulante entendido.

Pues bien, en el buen entendido de que no hay signo (con su pertinente forma y carga de significado y su derivado “propósito” ideológico) neutral ni inofensivo (se comprende que para alguna de las partes en conflicto), es por consiguiente tarea primordial del pensamiento crítico (que no conviene olvidar que, por esencia, es y sólo puede ser   al mismo tiempo autocrítico), analizar y determinar la concreta función social de cada concreto producto ideológico en cada concreto contexto histórico.

Sí, todo muy concreto, porque miren, sin ir más lejos, lo que ocurre con la, en origen, “antiestalinista” obra del mediocre escritor y famoso trotskista y soplón de la CIA, el tal Orwell, titulada concretamente “1984”, y qué da de sí leída, a ser posible con cierta perspicacia, en nuestros concretos días y a la luz de los concretos actos criminales dirigidos por la CIA (Afganistán, Irak, Libia, Siria…), actos convenientemente manipulados por los “media democráticos” (negocio no sólo ideológico que únicamente seis grandes corporaciones se lo guisan y se lo comen en todo el planeta)  sirviéndose, en la versión actualizada punto no se qué, de la concreta “neolengua” imperialista.

En fin, conocer la historia, también de la literatura, para poder detectar los casi inapreciables defectillos (que no siempre güelen mal gracias al velo reificador que los envuelve) de la concreta y eficacísima estafa (estofada) que los amos (o si lo prefieren el Gran Hermano realmente existente) nos ponen amablemente en el plato, claro que a los más listos y preparados en bandeja de plata, con tanto cuidado y esmero, y que además nosotros con nuestras bien entrenadas entendederas, digo en el abyecto colaboracionismo, tragamos sumisa y gustosamente, día concreto sí y día abstracto también…

“temiendo se me pegue algo, no digo más”.

ELOTRO

***