sábado, 25 de marzo de 2017

22 de febrero / 2017






PRÓLOGO A
EL ULISES DE JAMES JOYCE
DE STUART GILBERT

]uanBenet



***




Virginia Woolf sobre Joyce

“Cuando murió Joyce, pocas semanas antes que ella se suicidara, anota en el Diario (15 Enero 1941):
Me acuerdo de Mrs. Weaver, con guantes de lana, trayendo Ulises copiado a máquina a nuestra mesa de té en Hogarth House. ¿Dedicaríamos nuestras vidas a imprimirlo? Las indecentes páginas tenían un aire incongruente: ella era muy solterona, abotonada hasta arriba. Y las páginas rezumaban indecencia. Lo metí en un cajón… Un día vino Katherine Mansfield y lo saqué. Ella empezó a leer, ridiculizándolo: luego, de repente, dijo: Pero aquí hay algo: una escena que supongo que habría de figurar en la historia de la literatura… Luego recuerdo a Tom… diciendo —se publicó entonces— ¿cómo podía volver a escribir nadie después del inmenso prodigio del último capítulo? Por primera vez, que supiera yo, estaba arrebatado, entusiástico. Compré el libro azul y lo leí aquí un verano, creo, con espasmos de maravilla, de descubrimiento, y luego también con largos trechos de intenso aburrimiento…”

***



Ezra Pound, en mayo de 1933 (English Journal), decía, pensando en quien leyera Ulises “como un libro y no como un diseño o como una demostración o un poco de arqueología”:
“Los paralelos con la Odisea son mera mecánica; cualquier idiota puede volver atrás a rastrearlos”.
Y propugnaba, incluso, ver Ulises, con la perspectiva de los años, como testimonio de una época histórica: …un resumen de la Europa de pre–guerra, la negrura y el enredo y la confusión de una “civilización” movida por fuerzas disfrazadas y una prensa comprada, el deslavazamiento general… Bloom es, en mucho, ese enredo.

***




Borges sobre Joyce

Nació en Dublín el 2 de febrero de 1882. Su historia personal, como la de ciertas naciones, se pierde en mitologías. Una de sus leyendas dice que a los nueve años publicó un folleto elegíaco sobre el caudillo Charles Stewart Parnell: hombre supersticioso y valiente, cuya vuelta esperaron los irlandeses durante mucho tiempo, como el pueblo alemán la de barbarroja... Sabemos, con seguridad, que lo educaron los jesuitas y que publicó -a los diecisiete años- un largo estudio sobre lbsen en la «Fortnightly Review». El culto de Ibsen lo movió a aprender el noruego. Hacia 1901 publicó una diatriba contra el proyecto de que se fundara en Irlanda un Teatro Nacional. La tituló El día de la chusma. En 1903 fue a París, a estudiar medicina. Siempre lo atrajeron las obras vastas, las que abarcan un mundo: Dante, Shakespeare, Homero, Tomás de Aquino, Aristóteles, el Zohar.
Los primeros libros de Joyce no son importantes. Mejor  dicho, únicamente lo son como anticipaciones del Ulises o  en cuanto pueden ayudar a su inteligencia. Joyce trabajó el Ulises en los terribles años que van de 1914 a 192 1. (En 1904  había fallecido su madre; en 1904 se había casado con Miss  Norah Healy, de Galway.) Al dejar voluntariamente su patria,  juró forjar un libro que perdurara «con las tres armas que me  quedan: el silencio, el destierro y la sutileza». Ocho años  consagró a cumplir ese juramento. En la tierra, en el aire y en  el mar, Europa estaba asesinándose, no sin gloria; Joyce,  mientras tanto -en los intervalos de corregir deberes de  inglés o de improvisar artículos en italiano para «ll Piccolo  della Sera»componía su vasta recreación de un solo día en  Dublín: el 16 de junio de 1904. Más que la obra de un solo  hombre, El Ulises parece la labor de muchas generaciones. A primera vista es caótico; el libro expositivo de Gilbert -James Joyce's Ulysses, 1930- declara sus estrictas y ocultas leyes. La delicada música de su prosa es incomparable.  La fama conquistada por el Ulises ha sobrevivido al  escándalo. El libro subsiguiente de Joyce, Obra en  gestación, es, a juzgar por los capítulos publicados, un  tejido de lánguidos retruécanos en un inglés veteado de  alemán, de italiano y de latín.
James Joyce, ahora, vive en un departamento en París,  con su mujer y sus dos hijos. Siempre va con los tres a la  ópera, es muy alegre y muy conversador. Está ciego.
[5 de febrero de 1937]

En “Textos cautivos” / Jorge Luis Borges.

***



Samuel Beckett (en texto no publicado hasta 1954), cuenta que una vez Joyce le confió: “Quizá he sistematizado demasiado Ulises”.

***



Ulises
“Solemne, el gordo Buck Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma de jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana le sostenía levemente en alto, detrás de él, la bata amarilla, desceñida. Elevó en el aire el cuenco y entonó:
Introibo ad altare Dei.
Deteniéndose, escudriñó hacia lo hondo de la oscura escalera de caracol y gritó con aspereza:
—Sube acá, Kinch. Sube, cobarde jesuita…”



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario