Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 23 de marzo de 2017

20 de febrero / 2017

“Introducción a la Literatura Inglesa
 Jorge Luis Borges


***




“Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.”

(Roberto Juarroz)

Escribió Pasolini, según leo en sus “Escritos corsarios”(y lo hizo en aquella Italia de la turbulenta década de los años setenta del pasado siglo y en plena y sangrienta  ‘campaña terrorista’, que, por cierto, hoy sabemos fue orquestada por la CIA a través de la OTAN-GLADIO), que no se trata tanto de hablar, de decir, de dar los nombres, cuando llegue el momento ‘oportuno’, sino de hablar, de decir, de dar los nombres para, precisamente, hacer posible que llegue ese ‘democrático’ momento.
Ese que, como suele decirse, es el momento de la verdad, de decir la verdad, decimos aquí. Porque la verdad se sabe, “Yo sé. Tú sabes.”, otra cosa es que se pueda probar, como precisaba el propio Pasolini que era su caso concreto. Pero los amos de las pruebas, y de todo lo importante, suelen darse un plazo, generoso, suficiente, para, además de sellar las bocas, ocultar las pruebas del crimen, de todos los crímenes en los que están implicados, que si no son todos no son ninguno. Y sólo cuando ya esos crímenes han sido tapados, cubiertos, enterrados y por lo tanto olvidados bajo otros miles de crímenes posteriores (o sea, cuando ya es demasiado tarde para casi todo), conceden graciosamente  levantar o desclasificar el secreto, y permitir, aunque de forma selectiva y restringida, el acceso a tales, nunca todos, documentos, a tales pruebas, sean incriminatorias o exculpatorias pero ya ‘casi’ inofensivas.



El historiador Josep Fontana, en su muy recomendable libro titulado “Por el bien del Imperio”, dedica unas breves líneas a comentar algunas curiosidades (hablar algo, decir algo, dar algunos nombres…) de lo que se llamó, “LA PRIMAVERA ÁRABE” en los “media” (esos  hegemónicos grupos ‘mediadores’ o, por mejor decir, grupos bienintencionados de manipuladores ‘intermediarios’ que nos protegen de la cruda e indigesta  realidad y, a cambio, nos ofrecen desinteresadamente toda la (des)información ya convenientemente depurada y masticada, en una palabra: ‘noticiable’. Y, de una misma tacada, ya olvidable.)

Traza Fontana un breve esbozo de la base sobre la que se asentaba, más o menos hasta las sacudidas del 2011, la  “pax americana” en el norte de África: Túnez, Egipto, Argelia, Jordania, Yemen, Omán, Bahrain (la base de la Quinta flota norteamericana), Marruecos y, en situación y por motivos muy diferentes, Siria y Libia.

Los Estados Unidos que habían venido apoyando, cuando no instalando, hasta entonces a todos los gobiernos corruptos de esos países, bien a través del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el dinero de Arabia Saudí y Kuwait, y el apoyo militar de Israel, Francia o la OTAN o el policial de la CIA y el FBI.

El caso de Egipto, satélite corrompido de Estados Unidos y de Israel, donde las elecciones no pasaban de ser una ficción estrictamente controlada, lo que permitió a Mubarak ganar cinco convocatorias consecutivas, puede ser muy ilustrativo:

‘de la doblez de la política norteamericana, que daba apoyo al régimen despótico de Mubarak (que era incluso miembro de la Internacional socialista), entrenando a su policía y armando a su ejército, al tiempo que financiaba los movimientos de oposición al régimen egipcio. Los servicios de inteligencia norteamericanos fueron incapaces de advertir lo que se avecinaba, como lo revela el hecho de que en los días en que estallaba el conflicto en El Cairo, una parte significativa del alto mando militar egipcio se encontrase en Virginia del norte, asistiendo a una reunión anual del Comité de Cooperación Militar egipcio-norteamericano.”

Y un curioso dato más que nos aporta Fontana, sobre el peculiar funcionamiento de un régimen de democracia parlamentaria apoyado por el Imperio y las potencias occidentales:
“En Egipto el ejército tiene un presupuesto propio, que no pasa por el Parlamento, y es propietario de una serie de empresas comerciales e industriales, hasta el punto que se calcula que antes de la ‘revolución’ controlaba un tercio de la economía egipcia.”

Ni que decir tiene que todas estas informaciones perfectamente documentadas hay que situarlas en el auténtico contexto socioeconómico de todos estos países, excepto precisamente Libia, en los que las cifras de paro, corrupción y miseria contrastan con los grandes capitales que las potencias occidentales extraen de la región. “Donde el petróleo está en juego no hay democracia que valga.” Concluye Josep Fontana.




PS: Pasolini, en su ingenuidad, reclamaba a los intelectuales el gesto de hablar, de decir, de dar los nombres… y resulta que, casualmente, el mismo día que servidora leía, en la sala de lectura de “La Central” de Callao, ese artículo de Pasolini y compraba el libro de Josep Fontana, curiosamente inencontrable en las bibliotecas públicas, aparece por dicha sala, le entrevistaban para el diario.es de Soros, el ‘intelectual’ podemita por antonomasia, Santiago Alba Rico, el experto en ‘las revoluciones árabes’, el genio de una ‘Bola de cristal’ en la que no aparece ningún acto belicoso, ni mucho menos criminal,  protagonizado por Estados Unidos con su premio Nobel de la paz, Obama, a la cabeza. Estuve tentado de hablarle, de decirle, de darle nombres de criminales… pero al final me dije, déjalo Luis, mejor que se muera sin saberlo…

ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario