Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 13 de marzo de 2017

10 de febrero / 2017



“No soy un realista, soy un materialista, escapo del realismo yendo hacia la realidad”
(S. Eisenstein)

Se ha dicho que el fin del deseo es la saciedad, y probablemente en muchos casos será verdad. Aunque se me ocurren otras traducciones, por ejemplo, la de encontrar el singular deseo que se revele precisamente insaciable; o aquella otra de probar que el deseo, sea este el que sea, es sólo una excusa para emprender la aventura de recorrer ese camino que, teóricamente, conduce a esa meta, de la saciedad o lo que sea, cuya conquista, por lo tanto, resulta ser en su caso lo de menos. Alguien, un tal Pániker si no recuerdo mal, escribió que ‘mientras somos jóvenes carecemos del sentido de los límites, que es el sentido crítico’. Y a mí me parece que ese es un enunciado que también se presta a multitud de interpretaciones… “Tirando del hilo”, que decía la Gaite. Interpretaciones que por supuesto también tienen un límite, según tituló una de sus innumerables obras Umberto Eco, por cierto y sigue la cadena, viejo amigo del autor del enunciado de marras. Mucho me temo que esto ya huele a jeroglífico cultureta, pero les aseguro que nada más lejos de mi intención. En fin, como dijo Piglia, no hay nadie que no esté filtrado por la cultura (o cultureta, agrego yo, en la inmensa mayoría de los casos, ¿¡qué remedio!?).

Claro que, por seguir tirando de hilos, es bien sabido por la élite sabihonda que el inconsciente siempre traiciona.  Deduzco yo, ahora que tengo tiempo y ganas, que a quien traiciona es a su indisoluble socio, el consciente, o sea, una traición a sí mismo, ¿no?
(“Que aparees lo entero y lo no entero, lo convergente y lo divergente, lo concordante y lo discordante, y de todo uno y de uno todo.” / Heráclito)


Es todo muy complejo en el mundo mundial y  en el mundo de los signos, en sus formas y significados. Valga de ejemplo que para el mismo concepto encontramos, tirando del hilo y para muestra vale un botón, en Raymond Williams y su magnífico y por eso muy recomendable libro sobre “Marxismo y literatura”, tres palabras, tres signos con sus correspondientes formas y significados: ‘base’ en inglés, ‘infraestructura’ en francés y ‘estructura’ en italiano (dicho en castellano). Si el amable y perspicaz lector ha deducido que se trata de las respectivas  traducciones  de la didáctica  analogía  ‘arquitectónica’ marxista de  ‘base y superestructura’ ha dado en el centro de la diana… pero si sigue tirando del hilo podrá comprobar que, por ejemplo el significado de la palabra ‘base’ y el de la palabra ‘infraestructura’, digo en castellano, tienen contenidos específicos y connotaciones muy diversas e incluso, en ciertos campos y puntos de vista como el dialéctico, realmente  opuestas. De tal manera que tales formas y significados dispares y opuestos coexisten sí, pero conflictivamente.
(“No comprenden cómo divergiendo coincide consigo mismo: acople de tensiones, como en el arco y la lira.”
 / Heráclito)


Claro que también hubo quien afirmó que la impericia en el uso del lenguaje puede llegar a ser, como escapada más o menos voluntaria del cliché,  altamente subversiva frente a la ‘maniera’ predominante y dominante, convencionalmente establecida, ortodoxa, reglada, canónica… esa ‘maniera’ que ratifica de cabo a rabo las concepciones, pensamientos e ideas que sustentan, (¿¡son la superestructura!?) al poder vigente.
 “Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que ha sido eternamente y es y será un fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según medidas. / Heráclito)

Tirar de ciertos hilos, no sólo en el ámbito del lenguaje,  puede ser una costumbre que te acabe complicando seriamente las cosas, las relaciones, la vida.
Ese enfermizo empeño o funesta manía por ir más allá, por rebasar los límites de lo dado, ‘de lo que hay’, por no acatar el axioma oficial de que, de lo que realmente importa, ‘no queda nada por hacer’; por cuestionar la cómoda costumbre de consentir la mono-acentuación, ‘el significado universal’, o sea, el único válido según el código del lenguaje dominante: de las cosas, de los signos, de los conceptos, de las ideas, de las teorías… hegemónicas por supuesto; resultan ser  una prueba de que, a pesar de los pesares, en el interior de algunos individuos existe, o verdaderamente resiste,  una conciencia crítica, o si lo prefieren ‘inconsciencia crítica’, más fuerte que el propio ‘individuo’ o, por mejor precisar, que esa otra parte de ese mismo individuo presuntamente consciente y, según confiesa con sus actos, felizmente alienado…
(Escuchando incapaces de comprender se asemejan a los sordos: de éstos atestigua el proverbio que estando presentes, están ausentes / Heráclito).

ELOTRO



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