Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 10 de marzo de 2017

07 de febrero / 2017


“El Pentágono de Roberta Pinotti”
por Manlio Dinucci


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Ensayos sobre literatura y sociedad / Italo Calvino

“En un artículo de Gramsci hemos encontrado, citada por Roman Rolland, una máxima de sabor estoico y jansenista adoptada como un santo y seña revolucionario: «Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad». La literatura que desearíamos ver nacer debería expresar, con la aguda inteli­gencia de lo negativo que nos rodea, la voluntad límpida y acti­va que espolea a los caballeros en los antiguos cantares o a los exploradores en las relaciones de viajes del siglo XVIII.
Inteligencia, voluntad; ya el hecho de proponer estos térmi­nos significa tener fe en el individuo y rechazar su disolución. Y hoy nadie puede aprender mejor lo que vale la personalidad individual y lo que en ella hay de decisivo, hasta qué punto el individuo es en todo momento árbitro de sí mismo y de los demás y es capaz de conocer la libertad, la responsabilidad y la preocupación, como quien ha aprendido a plantearse los problemas históricos como problemas colectivos, de masas, de clases, y milita entre aquellos que siguen estos principios…”

Más aquí:

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“Las ideas rectoras no son más que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las relaciones materiales dominantes entendidas como ideas”
(Marx y Engels, “La ideología alemana”)

No confundir ‘señal’ con ‘signo’

Se ha definido el concepto de ‘ideología’ de maneras muy diversas e incluso contradictorias. Por ejemplo hay quien lo explica como un sistema de creencias característico de una clase social particular. Otros, por su parte, lo concretan en un conjunto de creencias ilusorias –falsas ideas o falsa conciencia- que puede ser contrastado con el conocimiento verdadero o científico. Así mismo los hay que sostienen que la ideología consiste esencialmente en el proceso general de la producción de significados e ideas. Ya digo, formulaciones diversas, complementarias y opuestas, contradictorias en diverso grado. O no tanto a la hora de entrar en detalle. 

Veamos siguiendo a Voloshinov…

La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia. La realidad de la palabra es totalmente absorbida por su función de signo (forma y significado). Una palabra es el medio más puro y sensible de la comunicación social.
El lenguaje puede verse como un proceso generativo continuo (relación del signo con la realidad que refleja o refracta y con el individuo que lo origina) que se cumple en la interacción socio-verbal de los hablantes (véase en su caso, escritor: hablante; oyente: lector).

Todo lo ideológico posee significado (una herramienta puede convertirse en ‘signo ideológico’, por ejemplo la hoz y el martillo en una bandera comunista) , representa, figura o simboliza (véase el pan y el vino como símbolos religiosos en la comunión) algo que está fuera de él. En otras palabras es un signo.  Y como todo producto ideológico refleja o refracta ‘otra’ realidad exterior a él. Todo lo ideológico posee valor semiótico.

La ‘conciencia’ individual se alimenta de signos; de ellos obtiene su crecimiento; refleja su lógica y sus leyes. La ‘conciencia individual’ es un hecho ideológico-social.
La ‘conciencia’ sólo puede hospedarse en la imagen, en la palabra, en el gesto significativo, etc., fuera de este material queda el puro acto fisiológico no iluminado por la conciencia, sin que los signos le hayan dado luz, sin que le hayan dado significado. La comprensión es una respuesta a un signo con signos. Un acto de referencia entre el signo aprehendido y otros signos ya conocidos. Y así la cadena ideológica se extiende de conciencia individual a conciencia individual, conectándolas entre sí. Para Marx, escribe Raymond Williams, toda teoría ‘separada’ es ideología y la genuina teoría –‘el conocimiento real, positivo’- es, por el contrario, la articulación de la ‘conciencia práctica’.


Los ‘signos’ son el medio de comunicación para individuos organizados socialmente. La lógica de la ‘conciencia’ es la lógica de la comunicación ideológica, de la ‘interacción semiótica’ de un grupo social. Las leyes de la comunicación semiótica están directamente determinadas por el conjunto total de las leyes económicas y sociales. En este sentido, a la pregunta de cómo las bases (la estructura económica, el modo de producción) determina la ideología (relación estricta y fija de una base determinante y una superestructura determinada, lejos de aquella otra proposición de Marx de que el ser social determina la conciencia), la respuesta suele ser: causalmente; lo cual es muy cierto, pero demasiado general y por lo tanto ambiguo. Ahora bien, si la aludida causalidad es cosa fija, sistemática, mecanicista, hay que concluir que la respuesta es esencialmente incorrecta, antidialéctica…


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