Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 8 de marzo de 2017

05 de febrero / 2017


“Arturo Campos Herrera y el uso faccioso del derecho”
Luis Hernández Navarro


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SUSAN SONTAG / Ante el dolor de los demás

“Veamos, escribe Woolf, «si al mirar las mismas fotografías sentimos lo mismo». Y añade: En el montón de esta mañana, hay una fotografía de lo que puede ser el cuerpo de un hombre, o de una mujer: está tan mutilado que también pudiera ser el cuerpo de un cerdo. Pero éstos son ciertamente niños muertos, y esto otro, sin duda, la sección vertical de una casa. Una bomba ha derribado un lado; todavía hay una jaula de pájaro colgando en lo que probablemente fue la sala de estar...”

Libro completo aquí:


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"¿Qué se propone uno con la filosofía? Enseñar a la mosca a escapar del frasco."
(Ludwig Wittgenstein)


He leído en Merleau-Ponty, aunque en este caso en concreto él hablaba sobre la pintura y sus técnicas, que el hallazgo es lo que llama a otros hallazgos. En mi caso particular el hallazgo, yo diría que interesante, de Maurice Merleau-Ponty se ha hecho posible gracias al entusiasmo, a pesar de las diferencias que les puedan separar, con el que han hablado de él gentes tan variopintas como el escritor uruguayo Mario Levrero, el filósofo argentino León Rozitchner (que por cierto lo trató en París y luego tradujo al castellano su polémica obra “Humanismo y terror”) o la profesora y filósofa española Marina Garcés que confiesa no haber tenido noticia de él hasta mucho después de su licenciatura. En su momento también cada uno de ellos, bien que en distinto grado, resultó a su vez un interesante hallazgo, digamos dentro del campo de intelectuales o pensadores más o menos heterodoxos. El caso es que, aunque por mi parte no era “consciente”, en cierta medida ya conocía a MMP y su obra, pero no había  retenido su nombre, por medio de la lectura de un ensayo titulado “La duda de Cézanne” que, por cierto ha sido todo un placer releer ahora cuando calculo que han debido de pasar, como de todo lo importante, más de veinte años…
Del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, que hasta su abrupta ruptura -tras la que acabó incluso renegando de su adscripción al existencialismo-, con Sartre y Beauvoir fue el más cercano colaborador de la famosa pareja en “Temps Modernes”, se ha escrito que su obra, fuertemente influenciada, dicho de forma somera, por el último Husserl y, también en parte por Heidegger,  “podría sintetizarse en la reflexión de una sola y única cuestión: la del sentido y el alcance del fenómeno perceptivo.”

Y desde ese campo de la fenomenología, o estudio lógico de los fenómenos observables, pueden resultar muy estimulantes sus agudas reflexiones en torno a artistas o  el arte en la
(contexto histórico concreto) historia, y su papel y función social, desde Lascaux a Giacometti.



Por algún lado hay que empezar este ‘pastiche’, y en su ya citado breve ensayo sobre "La duda de Cèzanne", escribe:
“Necesita cien sesiones de trabajo para un bodegón, ciento cincuenta sesiones de pose para un retrato. Aquello que llamamos obra no era para él más que un ensayo y una aproximación a su pintura. En septiembre de 1906, a los 67 años de edad, y un mes antes de morir, escribe: "Me encuentro en tal estado de perturbaciones mentales, en una agitación tan grande que, por un momento, he temido que mi débil razón no resistiera más... Hoy me parece que me siento un poco mejor y que veo más clara la orientación de mis estudios. ¿Llegaré a la meta tan buscada y tan largo tiempo perseguida? Pinto siempre del natural y me parece que hago lentos progresos." La pintura ha sido su mundo y su manera de existir. Trabaja solo, sin discípulos, sin admiración por parte de su familia, sin ser alentado por parte de los jurados. En 1870, pinta en l'Estaque mientras los gendarmes le buscan como prófugo. Y sin embargo llega a dudar de su vocación. Al hacerse viejo, se pregunta si la novedad de su pintura no provendría de un defecto de sus ojos, si toda su vida no habría estado cimentada sobre un accidente de su cuerpo.
(...)
El artista, según Balzac o según Cezànne, no se contenta con ser un animal cultivado; asume la cultura desde su principio y la fundamenta de nuevo, habla como habló el primer hombre y pinta como si jamás se hubiera pintado. La expresión no puede ser entonces la traducción de un pensamiento ya claro, puesto que los pensamientos claros son aquellos que ya han sido dichos por nosotros mismos o por los demás. La "concepción" no puede preceder a la "ejecución". Antes de la expresión no existe otra cosa que una vaga fiebre, y sólo la obra realizada y comprendida demostrará que podía encontrarse alguna cosa en vez de nada. Por estar dirigido a tomar conciencia en el fondo de una experiencia muda y solitaria sobre el cual se cimentan la cultura y el intercambio de ideas, el artista lanza su obra de la misma manera como un hombre ha lanzado la primer palabra, sin saber si esta palabra será otra cosa que un grito, si podrá desprenderse del flujo de vida individual donde nace y presentar, ya sea a esta misma en su porvenir, ya sea a las mónadas que coexisten con ella, ya sea a la comunidad abierta de las mónadas futuras, la existencia independiente de un sentido identificable. El sentido de lo que va a decir el artista no está en ninguna parte, ni en las cosas, que todavía no tienen sentido, ni en sí mismo, en su vida informulada. El artista desde la razón ya constituida, en la que se encierran los "hombres cultivados", intenta comunicar con una razón que abrazaría sus propios orígenes…”



Y abundando sobre la percepción de los propios artistas y los mirones o los “palpadores-tocadores” más o menos profanos:

-“Este ser de dos dimensiones (cuadro) que me hace ver otra es un ser agujereado, como decían los hombres del Renacimiento, una ventana... (…) invirtiendo la frase de Leibniz: verdadera en lo que niega y falsa en lo que afirma.”

-“…lo mejor es pensar la luz como una acción por contacto, como la de las cosas en el bastón de un ciego. Los ciegos, dice Descartes, “ven las manos”. El modelo cartesiano de la visión es el tacto.”

-…siguiendo a Klee: “En un bosque he sentido muchas veces que no era yo quien miraba el bosque. Ciertos días he sentido que eran los árboles los que me miraban, que me hablaban.... Yo estaba allí, escuchando...”

-“Como Klee y Matisse nadie creyó en el color. Pues de aquí en adelante, según la frase de Klee, ella, la línea, no imita más lo visible, ella “torna visible”, ella purifica una génesis de las cosas.
Esto quiere  decir finalmente  que lo característico, de lo visible es  tener una duplicación invisible en sentido estricto, que lo vuelve presente como una cierta ausencia.”



-“Veo la profundidad y ella no es visible. La prueba es que puedo ver la profundidad mirando un cuadro, aunque todo el mundo estará de acuerdo en que no la tiene, y que organiza para mi la ilusión de una ilusión...”

-“Yo pienso que Cézanne ha buscado la profundidad toda su vida”, dice Giacometti

-Rodin: “El artista es verídico y la fotografía mentirosa, pues en la realidad el tiempo no se detiene.”



-Henry Michaux: “A veces los colores de Klee parecen nacidos lentamente en la tela, emanados de un fondo primordial, ‘exhalados en buen lugar’ como una pátina o un moho.”

-“…al pintor le parece que los trazos  emanan de las cosas mismas, como el dibujo de las constelaciones.”

-“He aquí por qué el dilema de la figuración y la no figuración está mal planteado: es a la vez cierto y sin contradicción que ninguna uva jamás ha sido lo que es en la pintura más figurativa, y que ninguna pintura, aún abstracta, no puede eludir el Ser, que la uva del Caravaggio es la uva misma. Esta ‘precesión’ de lo que es sobre lo que se ve y hace ver, de lo que se ve y hace ver sobre lo que es, es la visión misma.”



-“El color es el lugar en que nuestro cerebro y el universo se juntan. (…) La filosofía que anima al pintor, no cuando expresa opiniones acerca del mundo, sino en el instante en que su visión se vuelve gesto, cuando ‘piensa en pintura”, dirá Cézanne.”

-“Como todos los demás objetos técnicos, como las herramientas, como los signos, el espejo ha surgido en el circuito abierto del cuerpo vidente al cuerpo visible. Toda técnica es “técnica" del cuerpo”. (…) No hay visión sin pensamiento. Pero no basta pensar para ver: la visión es un pensamiento condicionado, nace “en ocasión” de lo que sucede en el cuerpo, es excitada a pensar por él.”


ELOTRO

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