Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 26 de febrero de 2017

26 de enero / 2017


Josep Fontana
“Sobre la Historia



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La conferencia de la conferenciante, 1917-2017
 (3/3)


Pero la vida de cada uno incluye un arte, una literatura, una ideología, unos intereses, unos deseos, unos sueños, unas pesadillas bajo cielos plomizos o nubes rosáceas… unos contenidos más o menos inconfesables, unas formas más o menos insolventes… no conviene olvidar, que tal es el gusto de las clases medias altas y  acomodadas, o sea, del desorden establecido que es lo que en definitiva  remunera. No puedo menos que ver en cada cosa la otra cara, escribió Sciascia.

Además esta, repito, hermosa sala, está ubicada y yo diría que  espléndidamente enmarcada, contenida, por un no menos hermoso, me lo parece y siempre me lo ha parecido, barrio. Un barrio al que conozco bien porque fue el de mi infancia y adolescencia. Sólo con pronunciar estas palabras ya me pongo sentimental, bueno, ya saben, las élites que nos guían siempre han dicho que eso de los sentimientos es cosa de pobretes… y en mi caso aciertan por los dos lados, soy sentimental y de origen humilde, por no decir pobrísimo. Escribió Camus que cierta suma de años vividos miserablemente bastan para construir una sensibilidad, y añadió oportunamente que la experiencia no te hace sabio sino sólo experto. Por eso en cierta manera les doy la razón a ellos, las élites privilegiadas que viven de las rentas de ancestrales saqueos de tierras o del actual fruto, del plusvalor, producido por el trabajo ajeno, son, por coherencia práctica, menos de idealistas sentimientos y más de intereses materiales. Sabido es que para tan virtuosos parásitos no hay sentimiento que obstaculice sus cotidianas usuras, sus usurpaciones, sus abusos… la pobreza no es culpa suya, dicen muy serios, a los pobres, como a todo lo demás, los ha puesto Dios, el suyo, digo yo sin reírme, y por algo será, recalcan, sobre el mundo. Y a más a más, a ellos a caritativos no les gana ningún quejica hereje, ocioso y borrachón, que no otra cosa puede ser quién osa blasfemar cuestionando el orden sacrosanto impuesto por el Capital y la Santísima Trinidad (toses y gorjeos y silbidos engrosan el desfile). Y del que, además y ahí puede estar una de las claves de su amplísimo sostén, se benefician miles de estómagos agradecidos pertenecientes a fieles siervos del Régimen a los que hay que añadir a millones de aspirantes a similares plazas e idénticas ocupaciones y al consiguiente reparto de las copiosas migajas del banquete “Real” de la realeza realmente ejerciente.

Pero no es de esa basura de la que yo quería hablarles sino de “mi barrio” que, repito, es muy hermoso. Aunque precisar sea complicarse la vida, conviene dar nombre y adjetivo (aunque se piense por imágenes) a cada uno de nuestros recuerdos. La vida es corta y es pecado perder su tiempo, como también dijo aquél, y una ya ha perdido bastante del suyo. Hay casos y cosas y gente que se aleja o, por mejor decir de la que nos alejamos. Escribió Canetti que jamás los hombres han sabido menos de sí mismos que en esta «era de la Psicología»

Este barrio, que han dado en llamar de Las Letras, ya sabía de Cervantes, incluso en los nombres de las tabernas, o de Lope de Vega o de Moratín o de Echegaray genio polifacético con Premio Nobel incluido que prestó onomástica a la que fue  “puta calle” de putas y prostíbulos (aumenta el número de los que desfilan y a paso ligero).

Pues eso, que por estas calles y callejones, entonces aún más renegridas y sombrías tanto el paisaje como el paisanaje, una paseó e incluso corrió lo suyo y por esas casas de comidas, tabernas y cafés también bebió y conspiró “contra Franco” lo que se terció, aunque lo que tocaba la mayor parte del tiempo era tragar en silencio. Tiempo de eso tituló un ilustre y casi olvidado escritor (también asiduo de las tabernas y los prostíbulos del barrio) de aquellas oscuras y nada entrañables fechas. Pues eso, que entre tragar en silencio y conspiraciones de café, cine-clubs o  trastienda de librería nos pasábamos el tiempo “libre” que concedía la esclavitud alimenticia de cada uno. Y en aquellas militancias políticas de camaradería y sueños amorosos, que ahora rebusco por el laberinto de mi memoria escudriñando entre sus capas, sus alturas y sus profundidades, íbamos descubriendo el mundo, cierto que cosechábamos más experiencia que conocimiento, en la política, en el amor y la amistad, en el sexo, en el voluntarismo de mantenerse al margen de lo dominante, de no aceptar las imposiciones de la domesticación social como algo irrevocable. Lo que significa ver la que una era en otra época, aquella mujer que perdía la cabeza, que se la jugaba, por cualquier asunto que por entonces le pareciera importante, y que resultaban ser casi todos, y que hoy sabe, irremediablemente sabia, que no pasaban de ser, en el mejor de los casos, nimiedades. Si una ha aprendido algo es que la vida no es que esté en otro lado, es que es, debe de ser imperiosamente, otra cosa. Pero para eso no queda otra que, en el conflicto entre los hombres y las petrificadas relaciones sociales, derrumbar diques, hay que demoler murallas, hay que atreverse a salir del carril y abatir los consensos impuestos, hay que decir no, sin amilanarse, cuantas veces sea necesario y a ser posible en compañía de otros, esos otros que comparten y padecen la misma o parecida esclavitud. Esa esclavitud que consentimos inducidos por esos pensamientos que nos inoculan, y que llegan al estado de ideas y se convierten en auténticos tumores que crecen dentro de nuestra mente, que nos destrozan, que nos enceguecen. ¡Basta de lamer la mano del que nos explota y golpea! (¡Mujerzuela! ¡roja! ¡vete a Rusia!, fue el último grito que retumbó en una sala casi vacía). Es la propia dignidad, personal y colectiva, la que se debe defender, preservar, cuidar… sólo desde ahí, la vida puede llegar a ser otra cosa, en cualquier parte que una se encuentre.

Ya para terminar (ya sin luces y megafonía, a viva voz), les relato un feliz encuentro que he disfrutado  poco antes de llegar aquí, y que sin duda ha sido el responsable del cambio radical en el contenido y la forma de esta conferencia de la que ustedes, que han visto fatalmente decepcionada su expectativa, han sido víctimas, ¿la última conferencia?, que, por lo que puedo ver, finalmente sólo ha logrado retener en sus butacas a unas docenas de asistentes, por más que la mayoría estén visiblemente semidormidos y otros roncando sonoramente. Pero vamos con el encuentro casual. Resulta que una rehusó la amable oferta, traslado en coche con chofer desde el hotel hasta esta sede, de la organización de este acto, con el propósito de patear tranquila y concienzudamente y desde el anonimato y la casi invisibilidad las apreciadas calles de este barrio que muchos años atrás fue el mío, y que ya sabía que había cambiado sustancialmente su forma y su contenido, su estilo de vida. Y tanto callejear, pendonear, zanganear sin brújula que acabé alejada unos cuantos kilómetros de esta sala cuando ya la hora fijada para el inicio de la conferencia estaba a punto de sonar. Levanté mi mano y grité ¡taxi!, y apresuradamente, como en las películas de acción, tomé asiento e indiqué al conductor la dirección… y fue en esas que unos cálidos ojos enmarcados en el retrovisor interior me hicieron retornar de forma vertiginosa veinticinco años atrás (un pasado aún presente), ojos  acompañados de  un baudelariano: “Contigo al mismísimo fondo del abismo, Julia…”

Siempre hay una revolución en el aire, al igual que hace ahora cien años, husmea, husmea como una perra bolchevique…


ELOTRO

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2 comentarios:

  1. "No sé lo que he de hacer con mis sensaciones.
    No sé lo que he de ser conmigo a solas.
    Quiero que ella me diga algo para despertar de nuevo".
    Fernando Pessoa

    También dijo el lisbonense escritor que, "ver es haber visto".

    No ha defraudado esta tercera parte, sino todo lo contrario. Hasta mismísimo olor de "aquel" barrio nos revive la conferenciante sin mencionarlo.

    Salud!

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