viernes, 24 de febrero de 2017

24 de enero / 2017



Resistencias frente a la "nueva" barbarie
Néstor Kohan


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La conferencia de la conferenciante, 1917-2017
(1/3)


Escribió en su diario Katherine Mansfield: “No quiero escribir; quiero vivir.” Y una, que comparte, además del oficio, la opinión y el deseo de la Mansfield, no querría dar conferencias, una, lo que realmente ha querido siempre es vivir. Pero resulta que una sobrevive, al menos en parte, gracias a que de vez en cuando la contratan por obra o servicio, para dar conferencias. Así que una, para vivir, que no digo malvivir,  acaba dando conferencias. Esa es, además, parte de mi propia e ineludible  esclavitud asalariada a tiempo parcial. Nada que ver con el pobretón nivel de remunerada esclavitud del minero o del jornalero o ni siquiera del camarero… pero sin duda de una variante “tibia” de esclavitud al fin y al cabo se trata (toses impostadas en la sala).

Una, conferenciante ya de cierto rango, de cierta relevancia y notable, el nivel sobresaliente es sólo para machos, caché  en el escalafón, se puede permitir ciertos lujos dentro de ese tiempo parcial que hemos llamado, y ya los griegos lo hacían así mucho antes de que lo hiciera el propio Marx con todas las de la “ley”, de trabajo esclavista. Por ejemplo elegir el asunto a tratar, la forma y el fondo del discurso a impartir, o  si lo prefieren el sermón o la homilía por la que, finalmente, recibe una su correspondiente remuneración. Ocurre que, esa una, hoy por hoy ya porta un nombrecito con una determinada consideración y crédito adosado, y por supuesto no ignora tal ascendiente. Aunque como suele decirse nunca se termina de aprender. Abro aquí un pequeño paréntesis para comentarles algo que pienso que viene muy a cuento. Hace un rato, precisamente a mi llegada algo retrasada al hall del salón de actos de esta respetabilísima institución,  acabo de escuchar, les aseguro que de forma absolutamente involuntaria y accidental, a un par de caballeros acompañados por un par de señoras con ostentosas ínfulas de duquesas e indisimulable catadura de posaderas, comentar de manera jocosa que lo más interesante de la conferenciante de hoy, de donde indudablemente debo inferir que aludían a una servidora, era “el lustroso par de tetas que se gasta la andoba”, literalmente transcrito. Así que el tópico “Más pueden dos tetas que dos carretas” por lo oído sigue vivito y coleando en ciertos  cerebritos (gorjeos de señoras y estentóreas toses de caballeros). En fin, que parece que algunos, al menos dos, no han acudido a este evento “cultural” por lo que suelo escribir o discursear sino por el supuesto lustre de mi cuerpo “vivo”; pero que quieren que les diga, todo suma, y no hay más que ver, y por mi parte con sumo contento que supongo compartido por la de los generosos organizadores del evento y empleadores de una, que en la sala no cabe un alfiler (comienza el desfile que la desmiente, sólo señoras).

1 comentario:

  1. Envolví el arma en mi abrigo, no ya para atenuar el estruendo, sino, más que nada,
    para evitar falsas consideraciones.

    Salud

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