Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 12 de febrero de 2017

12 de enero / 2017


“Los de Abajo” / Mariano Azuela

Novela completa aquí:

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Relatos cortos y no tan cortos / 47

He terminado con las gemelas, o mejor dicho, ellas han terminado conmigo. Se acabaron los fines de semana en el pisito o lo que quiera que fuera aquel “alojamiento”. Por mi parte nunca he “comulgado” con ningún tipo de final, y este no es una excepción (la propia muerte, alomejó). La relación vuelve a normalizarse sólo en los días laborables, que por cierto no había sufrido ninguna variación sustancial durante estos últimos meses en los que nuestro espacio/tiempo de encuentro,  se había desdoblado más allá de mi guarida. Al final se hace groseramente visible que (¡acerté una vez más!) “todas” mis relaciones “sociales” se reducen única y exclusivamente a su carácter e interés laboral y económico, lo que se dice estrictamente relaciones de producción.

Pero ya digo que no comparto ni mucho ni poco la creencia en eso que se suele llamar “el final”, ni pienso que “todo” tenga necesariamente que ser así. Y no me refiero a que lo que sea, sea doble, sino a que sea “de una pieza”: homogéneo, uniforme, indiferenciado y que además se pretenda completado, cerrado,  acabado. Todo, según mi opinión, está en proceso de construcción o derrumbe, como prefieran, no existe el cierre, la culminación o el final, sólo se conoce, al menos es lo que yo conozco,  lo inconcluso, lo permanentemente  inacabado…
¿Motivos de la ruptura? evidentes, soy un incauto bocazas y además  reincidente. Sabiendo, como más que doblemente me consta, que todo, y ese todo incluye todo, es grabado, que todo es leído y todo prolijamente analizado, debería haber afinado un poquito la prudencia a la hora de largar, y quede constancia que no se dice callar, sino al menos atenuar el impacto de lo expresado. La táctica de “ellos”, copiada con absoluto descaro y cínico orgullo de la moral victoriana, consiste en “ignorar” deliberadamente todo lo que sea desagradable (para “ellos”), haciendo como si no existiera (¿Interesada ceguera autoinfligida?). Lo justifican graciosamente afirmando que sacar los trapos sucios, que los muy jetas en “privado” no niegan en absoluto, a la luz del día no sirve a ningún buen propósito. Y ya en la misma línea recomiendan al resto del personal (aviso y advertencia a navegantes), que no se compliquen la vida tontamente, que total para cuatro días que estamos por aquí… que no expriman y empujen los argumentos hasta llevarlos a sus conclusiones lógicas, porque ese tren, sobre esos raíles, no lleva a nada bueno, sobre todo por las consecuencias que cargan sus vagones destinadas a los exprimidores. Y en ese mafioso contexto de insinuaciones y apercibimientos aparezco yo, tan campante por el campo contrario, señalando y gritando a los cuatro vientos, y a lo Tennyson: “Detrás del velo, detrás del velo”. Y como es lógico, a los ocultistas no les ha sentado bien lo que “ellos” llaman, mi chivatazo: ¡Mucho ojito con rasgar los velos!
(¿Cuál es la “desgracia” aquí? ¿Que ciertos males “existan” o que se nos haga “conocer” su existencia?)
Pero como dijo muy certeramente Sartre: “Las colonias son la verdad de las metrópolis”… lo que seguramente recordará a más de uno aquello de “Por sus frutos los conoceréis…guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas…” claro que el petiso lo enunció previo paso por el tamiz del existencialismo-anticolonialista… en fin en fin en fin…


“El que tenga oídos para oír, que oiga” (Eclesiastés)

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