Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 10 de febrero de 2017

10 de enero / 2017


LOUIS ALTHUSSER
“ELEMENTOS DE AUTOCRITICA”

Libro completo aquí:

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Relatos cortos y no tan cortos / 45

“Los vivarachos –escribió en su diario Levrero- usarán las maravillas tecnológicas para embrutecer más a los pobres”. Vivarachos es otra manera de llamarlos, de referirse a los malos, a  “ellos”. Levrero nunca utiliza la palabra capitalismo o capitalista o explotador… todo lo más: rico, poderoso, millonario… como en  el caso del señor Guggenheim, así llama él a la Fundación Guggenheim, que le concedió la beca para que escribiera ese, a la hora de la verdad,  no tan luminoso y, si no oscuro, sí algo neblinoso  diario/novela. Pero no estoy seguro que la exclusión de esas palabras “claves” haya figurado en el contrato o en las condiciones de la subvención de su proyecto. Quizás esas y otras  palabras “delicadas”, su falta de uso, sí que influyeran en el momento de la generosa concesión de la prebenda yanqui. No suelen financiar al enemigo declarado, y menos desde el conocimiento de la obra que les contradice.
Escribir es una forma de fabricar aquello de lo que uno carece, y además una manera de dar, de darse, un medio de recibir. Hay muchos tipos de contrato, materiales o tácitos, que regulan muchos otros tipos posibles de intercambio. Escribir también puede muy bien  ser una forma de hablar consigo mismo y de diálogo con el mundo (e incluso con las gemelas), una manera de mostrarse o de equilibrarse, de auto-interrogarse, de averiguarse, de investigarse, incluso de despiojarse. La literatura, que ineludiblemente produce un desdoblamiento del yo (ora escritor, ora, en tiempo real, lector de lo escrito que para eso vive en el mismo yo), es por añadidura una de las suertes posibles de decir aquí estoy y tengo frío, carajo; o éste soy, esto me pasa o me deja de pasar; en definitiva un modo de comunicar, con tus propias palabras, a otros seres una visión o experiencia personal.
Por más que me lo repito siempre lo olvido: al escribir yo soy otro. No debe pues sorprenderme que también pueda olvidarlo el lector, sabiondo o no. Lo común en la literatura es lo que no es propio y precisamente empieza a ser literatura del común, o sea, lo que concierne a más de uno, a muchos o a todos, justo allí donde lo propio termina, se disuelve. El escritor únicamente vive en el texto literario. El de afuera es otro, que es el que lo suele olvidar y hacer olvidar.

Sospecho que el tramo final de mis sueños consiste últimamente en borrar las huellas del propio sueño. Pero no del todo, supongo que para que sepa que soñar, he soñado, aunque, como me ocurre en vigilia con la década para mí inexistente de los años setenta, no pueda recordar con un mínimo de claridad su contenido. Se confirma una vez más que todo es doble o que todo debe de ser doble. Quienes quieran que sean “los malos” (los vivarachos) hacen bien las cosas y, además, como buenos burócratas, siempre por duplicado.
Aunque también he llegado a pensar, reconozco no me esfuerzo demasiado por combatir mis conductas inadecuadas,  en una variante que en cierta manera negaría esa duplicidad, digamos de carácter inherente y, por el contrario,  sí que apostaría por una intervención exterior, una injerencia, por medio de, digamos cirugía amputante. Que podría consistir, por ejemplo, en una tajadura limpia y completa dada más o menos al centro del ente unitario, material o espiritual, del que por consiguiente se obtendría como fruto inmediato dos trozos separados o partes o fragmentos, (de lo que hasta entonces como ya se ha señalado habría sido una sola pieza, una unidad). Dos piezas pues que se convertirían así en dos nuevas  unidades, clónicas o no, pero notoriamente mochas en cualesquiera de los casos. Como una película de la cual no hemos podido ver, o no recordamos,  el principio o el final de la trama, o el desarrollo central del nudo argumental. Pues así son mis sueños últimamente, o por mejor decir, así son mis pesadillas…

Y por otro lado, no hay quien me quite el “chip” de la cabeza…


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