jueves, 9 de febrero de 2017

09 de enero / 2017


¿Por qué llamar populistas a los demagogos?
Marcos Roitman Rosenmann


***





Relatos cortos y no tan cortos / 44

De mal en peor. Una cadena de pensamientos me ha llevado a concluir que las gemelas también trabajan los sábados y los domingos, supongo que me explico. Y lo peor de todo es que al llegar mentalmente a esa conclusión tuve una sensación, aunque  cierto que efímera, como de pérdida irreparable. Se ve que ando flojeras, me quedé planchado. Me asaltó la furia, y en esa parte odiosa mía, la tristeza. Tres años y tres meses respectivamente. Tres años hace que conozco a la enfermera de noche y tres meses a su hermana gemela. Y desde hace poco más de dos meses mantengo con ambas esa insólita, o incluso inaudita,  relación de fin de semana de la que, el hipotético lector, ya tiene cumplida noticia. Todo es doble. Todo es doble y contradictorio. Doble como poco. Dos mundos, mi guarida y el piso o lo que sea de las gemelas. Lo literario, en el “taco” o los cuadernos, te permite superar las limitaciones físicas de lo real, y percibir el doble sentido del mundo, o el doble sinsentido. Ora conviertes los hechos en conceptos, ora construyes hechos a partir de conceptos. En el día más inútil es posible el momento perfecto. La burocrática felación de la burócrata te regala un orgasmo que nunca pudiste siquiera soñar. La pesadilla de la vigilia ridiculiza la del sueño. Acontecimientos duplicados, con doble intensidad y doblemente insignificantes, narrados a dúo y por duplicado. La obsesiva doble óptica, sensata y delirante. La confusión se duplica cuando descubres que tus recuerdos son ajenos. La negación de lo real, la mercantilización, como modo de vida. La ley que te permite hacer es la que te dice lo que no puedes hacer. Vuelves sobre tus pasos y sólo encuentras las huellas del otro. Al tratar de prescindir, de lo que sea o de quién sea, se ha hecho imprescindible. La mancha de la adicción blanca con otra adicción verde esperanza se sustituye. El viaje y el retorno, la evasión y el entretenimiento  en principio ni bueno ni malo, todo depende de cómo volvamos para enfrentar de nuevo el mundo, los mundos, y también lo real. De lunes a viernes, cara; sábado y domingo, cruz; dos modelos de convivencia normalizados en la persistencia de una doble idea doblemente fija, con la obstinación de un perro de los que no sueltan el hueso; como una rata de laboratorio que no comprende que en cada uno de sus actos está eligiendo la soledad, se está amoldando al aislamiento en una burbuja. Cuando cedo y releo estos cuadernos me asombro de que haya sido yo quien los escribió, como si yo fuera otro. Escribir para los enemigos, para el ocultamiento. Uno percibe que está solo por la sensación de incomodidad que le producen sus supuestos acompañantes. Como la sensatez, el delirio también está atado a su lógica.
Me pasa, supongo que como a todo el mundo, que de pronto, mecánicamente, necesito recurrir a mi memoria, donde, doy por sentado, que tengo todo bien archivado (aunque desconozca a priori la ubicación exacta de cada recuerdo), y que si se tercia buscar no tengo más que husmear, escudriñar, tantear, rebuscar  por allí, y finalmente atraparlo y  sacarlo a la luz. Pero resulta que esa década de los setenta no está ni ausente, no figura siquiera en los cartelitos de las baldas, ni el hueco han respetado. Así no hay manera. Por eso me había ilusionado con la idea de recuperar un pasado que he perdido o que, lo más probable, “ellos” me han quitado (pero que de todas maneras no creo que hayan podido eliminar completamente). Y por eso la prometedora irrupción de las  gemelas… “Todos aquellos a quienes hemos amado –escribió Merleau-Ponty-, detestado, o conocido, o solamente entrevisto, hablan por medio de nuestra voz”.

Y será verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario