Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 8 de febrero de 2017

08 de enero / 2017


William Faulkner
“Todos los pilotos muertos”

Cuento completo aquí:

***




Relatos cortos y no tan cortos / 43

Una de las alegrías que de vez en cuando –y siempre en sábado- me suele dispensar la enfermera de noche, la del doble-chip, consiste en la delicada manera que tiene de avivar mis recuerdos. Lo consigue citando hechos o reflexiones que, según afirma, yo he dejado por escrito y ella ha leído en alguna parte y algún momento, aunque casi nunca puede o quiere concretar dónde lo leyó o fecha de lectura, curiosa memoria episódica la suya. Cierta o no, su versión sobre esos misteriosos textos  acaba teniendo un indudable efecto revitalizador sobre mi ya muy alicaída capacidad memorística. Es como si, la enfermera plana como una tabla, pusiera en marcha un potente ventilador –estoy viendo aquellas máquinas de enormes aspas que utilizaba Buster Keaton para sus simulacros de lucha contra los vientos- dentro de mi cavidad craneal que eliminara de un enérgico soplo la gruesa capa de polvo y porquería  que cubre, ¡que sepulta! mis recuerdos allí almacenados o, por mejor decir, como enterrados.
Por ejemplo ella cita mis citas de “La novela luminosa” de Levrero, en las que éste cuenta sus asiduas, y muy meritorias teniendo en cuenta su agorafobia, idas y venidas solo o en compañía de otras, a las “librerías de viejo de la ciudad vieja” de Montevideo, allí acude presto a inspeccionar los tableros donde se amontonan las ofertas de novelas policiales, siempre usadas, de las que se declara coleccionista y confeso lector compulsivo. Y a la cita “levreresca” añade, ya de su cosecha, o sea de su propia reescritura (que en definitiva es lo que acaba estimulando mi memoria semántica, que así creo que la nombran), que le llamó la atención el paralelismo y las coincidencias, salvando las distancias no sólo geográficas, con mis también asiduas visitas a los libreros de saldo de la Cuesta de Moyano. Incluso hila más fino y saca a colación otra circunstancia coincidente en varios aspectos más, como las visitas de Dolly Onetti a la misma (Feria del Libro) Cuesta de Moyano (sobre cuyas peripecias reitera que  también he escrito), a comprar a su vez las novelas policiales de las que el encamado Onetti era también compulsivo lector “de cama”  (condición y posición que Mario Levrero envidiaba a su colega y paisano), no en su Montevideo natal sino en el Madrid que lo acogió en los años setenta. En definitiva y como tampoco quiero alargar en demasía este capítulo con otras muchas “coincidencias” que detalladamente ha llegado a señalar con otros autores y obras -Los desdoblamientos de Joseph K. (Kafka), Stiller (Max Frisch), Matías Pascal…(Pirandello) o ese Malone de Beckett que recibe todas las noches unas hojas de papel y escribe en la cama, con un lápiz, la novela que estamos leyendo…- convirtiéndose de ese modo, al formar parte de lo que podríamos llamar un mismo tejido celular literario, en una especie de coautora puntual de este mismo relato/diario.
Claro que eso se parece mucho a la construcción de un relato literario a partir de una experiencia literaria. Aunque también tengo aquí una cita del mismo Levrero que afirma lo opuesto: “No existe la literatura que se nutra de la literatura, se nutre de la vida misma”. Y contradicciones como estas son las que me llevan a perderme, a dar vueltas y vueltas sobre mí mismo. Por otro costado, en literatura ya se sabe, todos los procedimientos (incluidos los “Ghost writers”) y técnicas han sido usados por otros. Todos. Y si no se sabe, más temprano que tarde se llega a saber o te lo hacen saber. Lo que no quita para que también reconozcamos nuestra mezquindad, nuestra cualidad ruin.

A veces dejo relatos a medio terminar, como hago con este ahora…

No hay comentarios:

Publicar un comentario