Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 4 de febrero de 2017

04 de enero / 2017



"Tras el Muro de los dos partidos"

por Manlio Dinucci


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Relatos cortos y no tan cortos / 39

Entre muchas otras cosas, ciertas y falsas, se dice que el autista no puede imaginar, “mentalmente ciegos” se los llega a definir, lo que el otro está pensando. Pues bien, yo no puedo imaginar que mi enfermera de día no pueda imaginar lo que yo o su hermana gemela, la enfermera de noche, podamos llegar a pensar sobre  ciertos asuntos que nos competen, con más o menos intensidad, en esta historia a los tres. Claro que me consta que existen niveles o porcentajes de autismo, así que tampoco quiero que mis opiniones y evaluaciones suenen, para este caso concreto, demasiado tajantes o rotundas. Por lo que he podido conocer sobre las probabilidades, se insiste en un 60 por ciento, en el caso de gemelos idénticos, de que si uno de los gemelos es autista, hay la probabilidad de que el otro también lo sea, y aunque en concreto desconozco los demás factores genéticos y ambientales que suelen intervenir en esos casos, todo el asunto me ha llevado a cavilar en lo que calificaría como una hipótesis fantástica, o sea, la posibilidad de una sola enfermera “mágicamente” desdoblada en dos turnos…

Volvió del baño en pelotas, espectacular, acompañando sus pasos, como de desfile de pasarela con un estruendoso ¡¡ta-ta-chánnn!!, lo que me hizo sentir como si fuera el tal Landa frente a una corista  descocada en aquellos bodrios del cine “S”, los del destape, allá en plena Transición política…  y a continuación, sin decir palabra, se metió ágilmente debajo del edredón. En lo que vino después debo de reconocer que mi supuesta antigua amante, y lejos ya de su hostilidad epistolar, consiguió hacerme disfrutar de lo lindo, y al poco facturarme seco. Ella por su parte no dejó traslucir, al menos  yo no lo pude percibir y tampoco lo hizo después, una valoración concreta ya fuera positiva o negativa, nivel medio o nivel usuario. Pero en ningún caso debo de ocultar mi alegría cuando, después de la pelea, sugirió que nos ducháramos juntos… fue al salir del baño cuando pudo muy bien ahorrarse el comentario: estoy deseando –dijo con un estiramiento de labios que le llegaban de oreja a oreja-, probar tus “famosas” milanesas a la uruguaya… que, sépanlo todos mis amables lectores, ya me pareció demasiada guasa a mi costa…

Comprenderán que haya llegado a sentirme un juguete en manos de estas “cariñosas” gemelas. Y lo que es peor, ando más que desorientado en un nuevo laberinto, el afectivo, han leído bien, afectivo, que pinta como poco inquietante…

De todo el discurso pronunciado por la enfermera de día, hubo una referencia suelta que me iluminó, la que se refería a la protagonista de mis novelas policiales, así que por fin, me dije, una de ellas saca  el “taco” a colación… y, a más a más, ya editado (eso lo explicaré con detalle más adelante). No se si es este uno de esos casos que demuestran que se dicen o se hacen cosas que van más allá de la voluntad. Asunto poco claro, difuso, difícil de analizar. Pero es por aquí donde creo que se puede dar con el quid de la cuestión. Veamos, sépase que de la escritura de los cuadernos (actividad placentera) no obtengo ningún beneficio material, del “taco” (actividad obligatoria) es notorio que sí. Los cuadernos existen pues gracias al “taco”. El comentario, voluntario o involuntario, realizado por mi cariñosa enfermera de día, parte del “espacio cuaderno” y nos lleva al “espacio taco”, o sea, traza un puente que hasta ahora, digámoslo así, “no existía”. Y lo que puede llegar a ser más inaudito: abre la posibilidad de tráfico “vital y literario” en ambos sentidos, o sea, una fluida relación bidireccional cuaderno-taco / taco-cuaderno. El caso es que hasta ahora mismo simplemente me distraía con mis novelitas (de las que se puede decir que, junto con mis aportaciones casi diarias de sangre y esperma y alguna cosilla más… pagan la pensión completa que, como buenamente puedo, disfruto en mi condición contractual de “escritor residente”), y dejaba que la realidad, la que jode, la realmente existente, (esa en las que estas mercancías “de entretenimiento” circulan y toman la forma de valor de uso y valor de cambio) transcurriera “materialmente” en alguna parte, lejos de mí propia existencia material, bien lejos. Me disgustaría que me desalojaran de esta creencia.

Pero ya se sabe que las alegrías del pobre en este mundo suelen ser efímeras. Y tal y como están rodando las cosas, es muy comprensible que mis preocupaciones y ocupaciones estén sufriendo cambios significativos, evidentemente a partir de la “irrupción material e intelectual” de las gemelas, tanto en mi vida como en mi obra…¿de mentecato?

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