Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 3 de febrero de 2017

03 de enero / 2017


No es la OTAN sino la izquierda la que está «obsoleta»

por Manlio Dinucci


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Relatos cortos y no tan cortos / 38

A veces el lenguaje, oral o escrito, muestra su incapacidad para corporeizar adecuadamente la idea, el concepto. Adecuadamente desde el punto de vista del emisor, que no tiene por qué coincidir necesariamente con el del receptor. Y que de hecho rara es la vez que lo hace, digo con una mínima exactitud. El conflicto que surgió entre mis enfermeras gemelas en torno a la ya citada nota, dirigida a quien, como ya han sido informados, esto escribe, y que la una dictó y la otra, según confesión propia también aquí reseñada, caligrafió ceñida en escrupuloso papel de amanuense y que a continuación me entregó (con el para mí entonces desconocido lastre de la imprudencia cometida al no haber sido sometido con antelación, y ahora pienso que probablemente aposta, al juicio de la que dictó, el fruto transcrito de lo dictado), me parece que se explica por esa señalada limitación del lenguaje como medio efectivo de comunicación.
Continúo ahora, casi me quedo sin aire, con la reseña del ilustrativo monólogo con el que la enfermera de día me obsequió y que comparto sin reservas y muy a gusto con todos los lectores, empezando por mí mismo y “ellas”. Comienzo por decir, y no diré que todas, pero la gemela de día desmintió, borró, directa o indirectamente casi todas las líneas con las que su hermana dibujó su retrato, o caricatura, el día anterior. No tuve la sensación de encontrarme ante alguien que se menospreciara o que estuviese especialmente insatisfecha consigo misma, o que padeciera un complejo de inferioridad fuera de lo corriente o de grado extraordinario; tampoco me pareció que sobrellevara una evidente confusión mental y sí por el contrario que exhibía en su método analítico una peculiar inteligencia harto despierta y lúcida. Pero trataré de aportar el mayor número de datos que me sea posible para que  juzguen ustedes la excepcionalidad, o no, del caso.
Otra cosa es, puede ser, que durante esas horas hubiésemos estado inmersos dentro de los límites temporales de uno de  esos “paréntesis” de sensatez y clarividencia que refirió su hermana sólo unas horas antes y que, supongamos, pudieran tener en ciertos casos una duración superior al tiempo que muy satisfactoriamente el domingo pudimos compartir.
Siguiendo con el relato les recuerdo que allí estaba yo, desnudo, empalmado y semi-cubierto por el edredón, escuchando atento el contra-monólogo de la gemela de día. Y como no podía ser menos, después de negar lo esencial del perfil que de ella había trazado su gemela, y volvió a insistir en que ella no era ninguna adivina, sino que no se trataba de la primera ocasión ni de la vigésima que aquello ocurría, vaya a ser, supongo, que también al menda se le estuviera inflando el ego, no desaprovechó la ocasión de trazar su autorretrato.
La enfermera de día, que seguía apalancada, ahora casi dándome la espalda, al borde de la cama, también incursionó en el mundo de la genética, la biología y la psiquis… disculpó en parte, y en adelante las referencias se suavizaron, las opiniones que sobre su persona acostumbraba a verter su gemela debido, dijo, a que compartía la creencia común, sin base real -recalcó-, de que los autistas -y en ese momento saltó el contra-diagnóstico-,  no tienen sentimientos, cuando de hecho -ahora giró su cuello hasta que su mirada encontró la línea recta hacia mis ojos- los autistas suelen  ser bastante sensibles en muchos sentidos y la dificultad, reconoció, es bien cierto que existe pero, matizó, va por otros derroteros, ya que se manifiesta más bien en la expresión de esos sentimientos, que estúpidamente, aclaró,  se interpretan como una falta de los mismos o como un comportamiento irremediablemente auto-dañino.
Como en tantas otras parcelas de la vida, resumió, la convención social, sus “construcciones”, sobre lo que son y no son comportamientos normales o trastornos anormales, se imponen a la realidad objetiva que pueda definir más científicamente la naturaleza de los mismos. Por ejemplo, continuó, se destaca que casi el 75% de los pacientes de autismo presentan algún grado de retraso mental. Y por otro lado, ahí su boca dibujó una expresiva mueca, se oculta que algunos de esos “retrasados mentales” han sido premiados con el premio Nobel y que, esos mismos “lumbreras” oficialmente y socialmente acreditados, lejos de esconder su diagnóstico como autista, han agradecido públicamente a su autismo la capacidad de reducción y concentración que exigían sí o sí las materias con las que trabajaban y experimentaban.
El tal Asperger, el mismo que dio nombre al síndrome,  indicó que algunos de estos niños diagnosticados de autismo hablaban como "pequeños profesores" acerca de su “área de interés”, y propuso la teoría de que para tener éxito en las ciencias y en el arte uno debía tener cierto nivel de autismo.
Es decir, que parte de los autistas más “exitosos”, y de los científicos que estudian sus casos, han defendido la tesis de que el autismo debería aceptarse como una diferencia y no tratarse como un trastorno. Esa es mi tesis, concluyó.
Y a renglón seguido y poniéndose de pie, me sorprendió con el siguiente comentario: y creo que también la tuya, a tenor de lo que se desprende del perfil, la teoría y la práctica del protagonista de tus relatos policiales… esos que componen lo que tú, en tus cuadernos,  llamas “el taco”…¿No es cierto?

Y después de la parrafada casi completamente “made in Wikipedia” -que aviso a los lectores no implicados y a los que sí, he resumido drásticamente y por lo tanto reconozco que no es nada literal- aquella pregunta me pareció que ya no era retórica, sino que era una clara invitación a mi participación plena, no sólo orejil, en el asunto… pero, antes de que pudiera decir esta boca es mía… mi supuesta antigua amante anunció que iba un momentito al baño, que disculpara, y que enseguida estaría de vuelta… así que me quedé en la cama, inexplicablemente para mí todavía con el rabo enhiesto, y a la expectativa de lo que pudiera suceder con la  anunciada vuelta…

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