Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 20 de enero de 2017

Diario sin fecha



Leo en las portadas de los diarios digitales:

-¿Hay que ponerles Reyes a las mascotas?
-El colapso de la sanidad pública en Grecia: “Está muriendo gente que debería sobrevivir”. Las medidas de austeridad de Alexis Tsipras han convertido a los hospitales en “zonas de peligro”, denuncian los médicos.
-Guía para unas exitosas rebajas de enero.

Así, todo bien amontonado, un desorden perfectamente seleccionado y  calculadamente dispuesto. El confuso y embrutecedor alimento, el sustento ideológico, queda listo para su rápido consumo y olvido  en las redes sociales, que así las denominamos.


Malraux citado por Neruda y Canfora:
“Recuerdo que el tren se detuvo por largo tiempo en la frontera. Parece que a Huidobro se le había perdido una maleta. Como todo el mundo estaba ocupado o preocupado por la tardanza, nadie se hallaba en condiciones de hacerle caso. En mala hora llegó el poeta chileno, en la persecución de su valija, al andén donde estaba Malraux, jefe de la expedición. Este, nervioso por naturaleza, y con aquel cúmulo de problemas a cuestas, había llegado al límite. Tal vez no conocía a Huidobro ni de nombre ni de vista.
Cuando se le acercó a reclamarle la desaparición de su maleta, Malraux perdió el pequeño resto de paciencia que le quedaba. Oí que le gritaba: "¿Hasta cuándo molesta usted a todo el mundo? ¡Váyase! Je vous emmerde!".

 “El recurso más eficaz de la economía capitalista ha sido precisamente la diversificación y creciente fractura de las clases, tanto a escala nacional como a escala mundial. Este fenómeno también lo abordó la izquierda y lanzó un gran reto “exportando” el leninismo a los mundos dependientes. Y durante decenios obtuvo éxitos de importancia histórica. El terreno estaba abonado. No era cuestión de tener reparos sobre la noción de hegemonía: las palabras de Mao a Malraux treinta años (1965) después de la “Larga marcha” (‘a tres kilómetros de mi pueblo, algunos árboles carecían ya de corteza hasta una altura de cuatro metros, se la habían comido los campesinos hambrientos’) explican mejor que cualquier discurso y de forma más simple la gran oleada del comunismo en Asia.”

Y seguimos con Canfora, y su librito: “Crítica de la retórica democrática”, hombre sabio, Umberto Eco dixit, gran conocedor de  la historia antigua y moderna, pero es curioso que este insigne italiano  hable del 11S americano y Chileno y no haga la más mínima referencia a la OTAN y su Gladio en el atentado terrorista de Bolonia o a los preparativos del golpe por parte de la CIA en Italia tras la Segunda Guerra Mundial. Sí añade sin embargo la bronca de Kissinger con Aldo Moro, lo que recuerda la bronca que el premio Nobel yanqui tuvo con Carrero Blanco. Y que los dos “subordinados” acabaron poco después muertos “por terrorismo”.

Otro dato interesante que aporta Luciano: “La empresa minera fronco-belga “Union Meière” mató, mediante accidente aéreo, a un tal Hammarksjöld, secretario general de la ONU, por oponerse a la secesión de Katanga (provincia del Congo) que la multinacional  codiciaba por sus riquezas mineras.





Camusiana…

Como aquel “hombre” del que hablaba Camus (por cierto un “intelectual” donde los haya) que no podía soportar sus dudas, que odiaba a los intelectuales por su capacidad para desdoblarse. O mejor dicho, porque es así como lo pensaba, por su habilidad para esconder su auténtica fe, sus sacrosantos dogmas, su verdadera intolerancia hacia la fe de los otros, tras un impecable y amañado discurso de persuasivo y desapasionado estilo, además de ecuánime, imparcial y equilibrado. No se debe de confundir, se decía y decía, al que no soporta sus propias dudas con el que no soporta que los demás duden, aunque ambos elementos suelen compartir esencia fanática.
Ya se sabe o se debería de saber que la cuestión principal no es tanto albergar dudas o no, sino la naturaleza concreta de tales dudas. Hay dudas que, por ejemplo, sumen a su portador, dubitativo o no, en la pasividad, en la indiferencia, en la inoperancia, en un estado de desidia e indolencia, de cobardía inactiva. En el polo contrario se sitúan esas dudas que funcionan como acicate, revulsivo estimulante o espuela que nos motivan e impulsan a la acción, al análisis, a la investigación, experimentación y comprobación de los enigmas y misterios que conforman el rompecabezas de la realidad. Y en el mismo sentido no se debe de olvidar que también el portador puede ser un factor determinante en relación con la naturaleza de sus propias dudas, ya que también es sabido, y otra vez el “intelectual” Camus nos  recuerda que, como enseña la práctica, un hombre inteligente en cierto plano puede ser en otros un imbécil. En fin, la vida se entreteje de estas desgracias y alegrías. Ciertos intelectuales practican el sonsonete de que hay que ser auténticos, presumen de tenerse confianza, de preferir tener los ojos abiertos, cuando en realidad son profundos por insinceridad. “Hay días en que el mundo miente, hay días en que dice la verdad”. Sin duda. ¿Sin duda?

ELOTRO



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