jueves, 26 de enero de 2017

26 de diciembre / 2016


E. J. HOBSBAWM
LAS REVOLUCIONES BURGUESAS

Libro completo aquí:

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Relatos cortos y no tan cortos / 30

-No hay como “becar” para “hamburguesar”… ¿verdad?
-Seguramente… en otros tiempos era indirectamente el mercado el que “hamburguesaba”…recuerdo haber leído el caso de Millais, un pintor prerrafaelita, que pintó un cuadro titulado “El caballero andante” en el que figuraban un hombre con espadón desenvainado en mano y cubierto con la armadura completa junto a una mujer, que lucía un desnudo integral, atada a un árbol, de aspecto muy fálico, con unas cuerdas. La crítica acusó a la obra de inmoral, estamos en plena era victoriana, la pintura no se vendía… Millais no perdió el tiempo: giró hacia el interior del cuadro el cuello de la mujer desnuda y así borró su desafiante mirada dirigida al espectador, al mirón que podría sentirse incómodo ante tan brutal interpelación, y para colmo en un espacio público. Finalmente nuestro dúctil artista edulcoró aún más la obra con un rótulo sobre la orden del Caballero Andante y su labor de protección y socorro de viudas, doncellas y huérfanos…o sea, que adaptó el producto al paladar y el estómago del posible comprador, el del dinero, el que manda… “en su arte”… y así Millás se incorporó a la famosa Cadena de Montaje del arte burgués hecho por aspirantes a burgueses…
-Sí, recuerdo que también relataste las presiones sobre Arlt por parte de los grandes anunciantes del periódico donde publicaba sus famosos “aguafuertes”… y, por el mismo costado podrido, aquellos versos de Larkin:
¡Ah, si yo tuviera un par! Y dijera ‘Por ahí te van a dar’!
Pero sé que donde las dan las toman
y que de sueños no hay quien coma…


(De pronto dio un respingo y a continuación hizo un gesto en dirección al “sapo” que, precisamente en ese momento, andaba distraído hurgando en la máquina del café y de espaldas a nosotros. Así que ni corta ni perezosa, se ayudó con los dedos pulgar e índice de su mano derecha, lanzó un potente silbido que rebotó por todas las paredes del despoblado local, e hizo que el abstraído Pedrito se girara inmediatamente y presuroso encaminara sus pasos, con la cabeza gacha, hacia nuestra mesa. Aquel silbido arañó y atravesó varias capas de mi memoria…y así permitió que emergieran algunas viejas imágenes y remotos sonidos…a los que preferí no aludir en aquel momento. Ya lo leerá, me dije.)

-Te ríes del silbido…
-Me has cogido desprevenido… y la inmediata y un poco ridícula y cómica reacción de Pedrito “el autómata” tampoco ha estado mal…
-Bueno camarada líder, sintiéndolo mucho tengo que dejarte… el trabajo me llama… tengo un muy exigente paciente que atender…
-Ah, claro, ya se va acercando la hora… el caso es que yo también acabo de recordar que tengo una cita…
-Pues andando…


(A la salida de la desolada cafetería me sorprendió, a ella no, ver en la puerta una enorme cola de espera formada en fila de a dos por decenas de parejas de ancianos, todos ellos muy silenciosos y con la mirada baja… le expresé a mi acompañante mi extrañeza ante aquella aglomeración silenciosa y me dijo: “no sé, parecen militantes del Imserso, lo mismo tienen reunión clandestina de célula…”)


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