Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 17 de enero de 2017

19 de diciembre / 2016




Relatos cortos y no tan cortos / 23

En un relato que, sin solución de continuidad y de forma sincrónica todo avanza y retrocede (en el tiempo real, en el espacio textual, que sería de abajo arriba en la escritura vertical china o de derecha a izquierda en la árabe), la parte y el todo deben de situarse en un estado permanentemente abierto a la negociación.
Por otro costado les informo que, si acaso comparten mi agitada zozobra, no he recibido nueva misiva de la enfermera de día, sea vía enfermera de noche o cualquier otra. Ha transcurrido ya una semana desde aquél prometedor  “continuará”. Que comparta con mis lectores esta inquietud es prueba fehaciente, así me parece, de la potencia “intervencionista” de ciertas relaciones de producción del mundo material en el mundo ideal-espiritual de la obra literaria.
Siempre la miro de reojo, digo a la enfermera de día, y no es porque tema enfrentar su mirada sino justo por lo contrario, temo intimidarla o amedrantarla. No dejo de darle vueltas en la mente a aquellas palabras escritas: Sé que tienes derecho a veto, cacho mierda. Mi persona no cuenta a la hora de contratar, ni tan siquiera como opinante aunque es cierto que sí se me permite el acceso, que no he hecho efectivo, a las fichas, formularios y cuestionarios que cumplimentan los candidatos elegidos. Me reservé el derecho de veto, por razones obvias, sólo para los puestos con los que tendría roce y relación personal directa.
Supongo que el dato “contractual”  se lo habrá aportado su hermana, pero me resisto a creer que precisamente ella, que sabe de sobra que desde el mismísimo día que comenzó el proyecto, y por cierto también su propia colaboración diaria y asalariada en él, tan sólo en una ocasión, de la que todos los lectores  tienen puntual noticia a través de este relato, he hecho uso del mismo, haya podido insinuar que… ¿o sí?
Ahora mismo se me ocurren cantidad de posibilidades…alguna supongo que será el recto camino. Ni les digo la pereza que me producen estos desvaríos… ¡tan rectos!
En cualquier caso una semana de espera me parece más que suficiente, se acabaron las cobardes estrategias de disimulo, y malditas las ganas que tengo pero me corresponde tomar la iniciativa, y lo primero es decidir por cuál de las hermanas penetrar, digo en el meollo del asunto…


(Dejo aquí constancia fechada de que acabo de comenzar (01-12-2016), recién aterrizo de la biblioteca pública,  a leer “La novela luminosa” de Mario Levrero, y ya de camino añado que desde hace una semana también me ocupo en la lectura de “El homóvil” de Jesús López Pacheco. Ya pueden apostar que, a pesar de haber llegado a mis manos ambas obras, tras larga espera, con el tren de este relato ya en marcha, la una y la otra seguro dejarán, pues alucino con las coincidencias temáticas, profunda huella en él.)


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