lunes, 16 de enero de 2017

18 de diciembre / 2016




Relatos cortos y no tan cortos / 22

Hay que hacer cosas (además de leer, escribir y demás necesidades fisiológicas y mentales… si acaso también deseos), incluso aunque no tengamos del todo claro su concreta utilidad. Hacer es siempre útil (no hablo, o eso creo, sumergido en las “gélidas aguas del cálculo egoísta”), por el contrario no hacer no lo es, digo  siempre y sostengo que tanto en la realidad como en la ficción.
Y tanto en la ficción como en la realidad, resulta que la enfermera irruptora se aplica diariamente el mismo cuento, ¡Todos los días cambia de atuendo!, no sean mal pensados, no digo que se limite a cambiar de modelo de pijama… hay gente que se pone o se quita la ropa para que la miren, no se conforma con resultar discreta, transparente o invisible. Tampoco algunos se conforman con aparecer en un espacio textual de forma tácita o sobreentendida, y hacen todo lo que esté en su mano para “figurar” de forma expresa, rotunda, tangible, inconfundible… y además invulnerable, de ahí que vistan coraza, pero la armadura que protege, es también jaula que recluye, aprisiona, encadena…
Por cierto, hablando de irrupciones desde “fuera del texto”, quiero dejar aquí anotado que la muy digna y muy venerable  profesión de enfermería merece toda mi consideración y piadoso respeto. Dicho queda y valga, en adelante, para todas las que puedan ser aquí citadas: taxistas, curadoras, comisarias, ministras, alternadoras, cirujanas, activistas, monjas, cajeras, reponedoras, masajistas, psicólogas, abogadas, terapeutas sociales, becarias, madres superioras, hermanas mayores y medianas... y que igualmente alcanza a sus clientes, jefes, empleadores, subordinados o compañeros de fatigas…
La “ficción textual” puede llegar a ser, si el escritor así se lo propone, un campo (que entreteja de forma realista ficción y realidad) apropiado para enfrentar la “verdad real” acerca de uno mismo. Un espacio asimismo idóneo para disipar sombras, para desvelar qué se oculta detrás de los propios y autocompasivos y  autodestructivos  engaños.

Abro aquí un paréntesis, otro más, para dejar anotado que este  decidor no desconoce, aunque en ocasiones pueda parecerlo, que son muy diversos los lectores que, incluso en tiempo real, se asoman (y más de uno además irrumpe e interviene) a este relato. Por eso puede sorprender en algunos episodios o párrafos cierta forma de diálogo expresamente excluyente (para algunos o la mayoría de esos lectores), al conocer el preciso continente y contenido del fragmento textual dado. No así, evidentemente, en el completo collage que va componiendo este a veces coral y  atomizado relato. Conste que el autor, cuando no transcriptor, de estos cuadernos considera que ese es uno de los defectos y al mismo tiempo de las virtudes que conlleva la concepción originiaria que procura articular el presente relato. Conste también que el andamiaje  que muestra tan explícita desnudez no se siente para nada avergonzado. No se muestra (afluye) así para que le miren, sino para provocar (influir para confluir) una mirada (en los lectores) que se atreva a imaginar (reescribir por cuenta propia) otros andamiajes allí donde, en principio, no aparentan existir.  


2 comentarios:

  1. La "verdad real" ha de ser, efectivamente, entrecomillada. Al fin y al cabo, y sin restar un ápice de complejidad al collage dado, sea en la ficción o en la realidad, al menos en cuanto a la observación atañe, no somos muy distintos o muy distintas de esas partículas a las que Heisenberg aplicó su conocido principio.

    Salud

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  2. Con Heisenberg y la mecánica cuántica me pasa, como buen bípedo ingrato, lo que al trasunto de Dostoievski en “Memorias del subsuelo”, sufro la impotencia del intelecto humano frente a la realidad. Y además, como cualquier ajedrecista, ocurre que amo el desarrollo de la partida, pero no su terminación. “Yo admito que ‘dos y dos son cuatro’ es una cosa excelente, pero, si hemos de conceder a cada cosa su mérito, ‘dos y dos son cinco’, es también una cosa encantadora.”
    En fin, que aunque sólo sea por antipatía al camino trillado, ni física clásica ni física cuántica, agujero nuevo, como Tarzán… estoy bromeando a contrapelo…

    Salud

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