Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 14 de enero de 2017

16 de diciembre / 2016




Relatos cortos y no tan cortos / 20


Noto escozor en el glande, le dije a la enfermera de noche. Pero como si le hablara a la pared. Me dieron ganas de abalanzarme sobre ella y agarrarla por el cuello… y estrangularla despacito. Bueno, comprendan que estos apasionamientos y dramas de la inmadurez humana que leen, no son más que  literatura barata y de relleno, y que a veces, desde la frialdad del cálculo del autor, una cierta dosis de contrapunto realístico, o si lo prefieren “irrealismo capitalista”, parezca necesario para equilibrar la espléndida monotonía que acostumbran a exigir los lectores padefos. Por el contrario, el amable lector atento a estas alturas de la farsa, ya sabe de sobra que la gemela de noche puede ser, que lo es, “una cieza manía”, pero también eficiente como la que más. En un pis pas me había limpiado y secado la polla con unas gasitas impregnadas en no sé qué líquidos o geles y a continuación utilizando la boca, por primera vez en años, me colocó el condón y succionó mecánicamente hasta que obtuvo su preceptivo botín de semen. Limpió meticulosamente y secó de nuevo el muy venido a menos aparato genital y, para mi segunda  sorpresa, añadió al final, de nuevo de motu propio, un primoroso masaje manual que logró sumergirme blandamente en un seráfico estado del que sólo  instantes después desperté sobresaltado tras oír el sonoro portazo que me dedicó al salir. Ya digo, un eficiente cardo borriquero. Pero yo, a esta alunada, intuirán que también la quiero.  

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