viernes, 13 de enero de 2017

15 de diciembre / 2016




Relatos cortos y no tan cortos / 19

Utilizar la imaginación para desdoblar la realidad. Y si es una realidad imaginada, aún mejor. Y si, en vez de “una” realidad sólo se trata de “cuarto y mitad”, mejor que mejor de cara a la hora de apretar (la forma, el fondo y los personajes –de la realidad desdoblada e imaginada- son todos ellos muy propensos a escabullirse, a ausentarse, a huir…).
De la misma manera que hay directores de cine que escriben, protagonizan y dirigen sus películas, un autor literario puede escribir un relato, puede al mismo tiempo y en el mismo espacio textual colocarse como “actante”, es decir, personaje de ese concreto relato y, además, encarnar la voz narradora del relato en cuestión. Los hay incluso que no dejan nada al azar, quiero decir fuera de su propio y férreo control, y deciden sobre asuntos a los que otros colegas, la inmensa mayoría, ni siquiera prestan la más mínima atención: formato, soporte, tipografía, diseño, maquetación… en fin, todos ellos ingredientes, componentes del mismo coro y más o menos significativos en la olla podrida del relato. Eso sin contar con los que irrumpen abruptamente desde el mismísimo espacio de lo real, sin desdoblamientos ni pendenjadas…

 Me paro aquí que llega la enfermera de noche.


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