Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 12 de enero de 2017

14 de diciembre / 2016


Problemas de la poética de Dostoievski
MIJAÍL M. BAJTÍN

Libro completo aquí:


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Relatos cortos y no tan cortos / 18

Nunca he tenido vocación de conejillo de Indias. El contrato habla de observaciones y controles físicos, psicológicos o también de estudiar reacciones inmanentes o en su caso trascendentes pero en ningún caso experimentalmente provocadas… no contempla estimular, ni manipular, ni ensayar investigaciones con mi cuerpo o mi mente. Acepté finalmente la implantación del chip micro-transmisor-receptor en el cerebro (¡lo más cerca posible! decíais, aunque siempre me pareció ¡demasiado cerca!) como simple dispositivo registrador y medidor, y nada más. No jueguen conmigo. Ya no tengo edad mental para esparcimientos de esa índole. Además, ¿por qué lo hacen? No creo que hayan olvidado que cargo, aunque no note peso alguno, con ese cercano receptor y a su exclusivo servicio en mi interior.
El relato del relato es también relato, nada de lagunas narrativas. En este relato al menos. Por otro lado hago lo que puedo, reduzco metáforas pero no consigo suprimirlas del todo, lo mismo me pasa con los socorridos símbolos, y la verdad tampoco veo la necesidad, la cosa depende en gran medida del humor y las circunstancias que acompañen en su momento al escritor, narrador, personaje…
Hay que escribir para desorbitarse, aunque muy rara vez se consiga, y nunca por mucho tiempo. Está claro que por mucho que escribas y sea lo que sea que escribas, no dejas de ser una marioneta a la que, si te pones muy muy burro, como mucho sueltan un poco de cordel. El caso es que, aunque sea por poco tiempo, si consigues abandonar la órbita, los campos de fuerza que te cercan, oprimen y mantienen en el sitio asignado, quizás puedas defraudar la expectativa estipulada sin tu concurso, y a partir de ahí registrar y luego narrar los hechos a medida que se van produciendo delante de tus propias narices (un camino que anda  frente a un espejo de una inmovilidad inconcebible) y fuera de  la maldita órbita, fuera del camino oficialmente señalado y acotado.
No sabemos, y precisamente para superar esa inquietante penuria se escribe. Y del mismo modo que se da el caso de palabras necesarias que no existen, debemos escribir relatos necesarios que puedan hallarse.

Andando pues.

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