Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 11 de enero de 2017

13 de diciembre / 2016




Relatos cortos y no tan cortos / 17

Necio, cacho de mierda, cabrón… quiero pensar que no de una sola pieza, que no al ciento por ciento. La tetona de día -¿por qué el narrador -sujeto psicológico que narra- no puede ser sexista o faltón machista o recalcitrante misógino o las tres cosas y además para rematar despreciable racista? ¿no hay autores o narradores tal que así en el mundo real, digo también fuera del “texto? Y siendo así, ¿el espejo ficcional no lo debe o puede reflejar/mostrar?- se ha despachado a gusto con un ramillete de lindezas, quiero decir, visto “el continuará”, que lo ha comenzado a hacer… pero por ahora sólo vía misiva, porque en la sesión matutina de hoy no ha abierto el pico, y ni siquiera me ha mirado.
Por mi parte tampoco me he dado por aludido, o eso he pretendido aparentar. No voy a negar que la notita manuscrita me ha dejado algo tocado… y no porque piense que tiene toda la razón, que en mi opinión no la tiene, ni poca ni mucha. Que sea tetona, enfermera de día y que yo le permita, tácitamente, leer mis papeles no la convierte en el personaje de enfermera descerebrada que, según ella, yo he construido en mi relato (esta es otra porque en el relato lo cierto es que está todo por construir, casi en estado fetal, en ostentoso proceso de inacabamiento…). Mi relato es “mi” relato y no “su” relato (no digo el reescrito) y ella, que yo sepa, es y vive, padeciendo jodidamente por lo visto (¡menuda novedad!), “de forma verdadera” en otro mundo, en lo real, y ya que sea un mundo superior o inferior no viene al caso. El texto forma parte de la realidad (una realidad independiente de la realidad), ya, de Perogrullo, pero más vale dejarlo anotado, pero no es la realidad con mayúsculas, y evidentemente no funciona, ni tiene porqué, según las contradictorias reglas y la lógica de lo real. No digo que no haya una escritura por mi parte algo esquizofrénica pero lo que sí es evidente es que la vampira mañanera ha realizado por su cuenta una lectura poco o más bien nada diacrítica. Confunde, no puedo asegurar que a propósito, el espacio real con el espacio textual de ficción. Y ya del tirón, se ve que mucho no disocia, le pide cuentas a la ficción soberbiamente plantada en jarras en el lado de lo real. Ah, y mostrar no es necesariamente compartir ni apoyar lo que se muestra (más obviedades), puede, y digo puede, significar justo lo contrario.

Decía que, esta “irrupción” (“desnuda, descarada, directa y brutal”) desde fuera del texto que sin mucho pensarlo he decido injertar -creo que ensancha el espacio textual- en el relato (ejemplo dialéctico, sí, ¿qué pasa?), me ha dejado tocado, no sólo por inesperada, sino también porque es evidente que existen propósitos ocultos por parte de la enfermera irruptora. Me consta, y ciertamente a ella también, que una parte de sus argumentos no están fundamentados en la verdad de los hechos, ni reales ni textuales. Lamento no poder clarificar en estos momentos al lector curioso en qué “hechos documentados” se sustenta esta contundente afirmación, porque de hacerlo desbarataría en gran parte la, por así llamarla, base estructural (ausente hasta el momento pero que está ahí tratando de cumplir como buenamente puede su función) de este “inacabado” relato… pero, eso espero, todo se andará.
Y sobre lo del veto, lo siento, ni soy ni funciono (efecto causal)  como una bola de billar… tampoco soy devoto “bíblico” de ninguna hermandad, ni participo de cofrade penitente en procesión alguna…


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