Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 9 de enero de 2017

11 de diciembre / 2016



Una reflexión de T. W. Adorno en “Minima moralia”

Moral y estilo.-El escritor siempre podrá hacer la experiencia de que cuanto más precisa, esmerada y adecuadamente se expresa, más difícil de entender es e! resultado literario, mientras que cuando lo hace de forma laxa e irresponsable se ve recompensado con una segura inteligibilidad. De nada sirve evitar ascéticamente todos Ios elementos del lenguaje especializado y todas las alusiones a esferas culturales no establecidas. El rigor y la pureza de la trama discursiva, aun en la extrema sencillez, más bien crean un vacío.
El abandono, el nadar con la corriente familiar del discurso, es un signo de vinculación y contacto: se sabe lo que se quiere porque se sabe lo que el otro quiere. Centrar la expresión en la cosa en lugar de la comunicación es sospechoso: lo específico, lo que no está acogido al esquematismo, parece una desconsideración, una señal de hosquedad, casi de desequilibrio. La lógica de nuestro tiempo, tan envanecida de su claridad, ingenuamente ha dado recibimiento a tal perversión dentro de la categoría del lenguaje cotidiano.
La expresión vaga permite al que la oye hacerse una idea aproximada de qué es lo que le agrada y lo que en definitiva opina. La rigurosa contrae una obligación con la univocidad de la concepción, con el esfuerzo del concepto, cualidades a las que a los hombres conscientemente se desacostumbra pidiéndoles la suspensión de los juicios corrientes respecto a todo contenido y, con ello, una automarginación a la que enérgicamente se resisten. Sólo lo que no necesitan entender les es inteligible; sólo lo en verdad enajenado, la palabra acuñada por el comercio, les hace efecto como familiar que es. Pocas cosas hay que contribuyan tanto a la desmoralización de los intelectuales. Quien quiera evitarla deberá ver en todo consejo de atender sobre todo a la comunicación una traición a lo comunicado.




Relatos cortos y no tan cortos / 15

Un relato, escribió Pavese, donde cada secuencia es una tentativa de decir lo mismo. Y es esa decisión, que conlleva la elección de un determinado punto de vista, la que encarrila la obra. Aunque creo que en esa cita Pavese habla más de la meta-fruto, aunque sea volante,  que del camino.
Desde mi punto de vista, el actual, el de la fecha en que se escribe, no más tarde, este texto debe de consistir en un relato, corto o no tan corto, sin estructurar, o, ojo con las ilusiones ópticas, con estructura ausente, que semánticamente ni es igual ni es lo mismo, por lo que tengo leído en otros decidores. Comprobado tengo también (¿primero comprender y luego hacer comprender?) que toda estructura tortura al “texto” (ese que con todo lo que acarrea dentro cuenta el cómo, el porqué y el cuándo), y yo, si puedo evitarlo, no torturo. Será mi viejo hábito idealizador…
¿En todo hay una parte de verdad? Tampoco ignoro que a la gran mayoría de lectores (de consumo sutilmente forzado), poco dados desde chiquititos a masticar por cuenta propia, ante el plato-texto no-estructurado, se les atraganta el bocado. Qué se le va a hacer… esa es una problemática que conozco pero con la que no me siento especialmente implicado…

En lo que sí me siento directamente implicado (recuerden el caso de la enfermera de día y, en otro nivel, el de la enfermera de noche), es en la escasa eficacia que demuestran, y a los capítulos pasados me remito, tanto el lenguaje oral como el lenguaje escrito que produzco y pongo en circulación –dentro de esa cada día más empequeñecida relación asimétrica-, en la vertiente de lo que aquel llamó transmisibilidad de la experiencia, digo en el interior del micromundo –a todas luces saturado de incomunicación- en el que nos movemos, los tres, atravesando todo tipo de desvaríos. Y conste que no olvido (ni perdono) mi sincrónico papel y quehacer como receptor (lector-oyente). Por no hablar del mundo de fuera… 


(Si creen que poco a poco se está reduciendo el relato en el cuerpo-espacio textual -¿se refieren sólo en la superficie? Recuerden que aquí no se sigue ningún “relato maestro”, ningún convencional ni de los otros  “modelo narrativo”, sólo se aspira a un relato transitable –y sin burocracias-… les diré que coinciden con parte de mis propias certidumbres y verificaciones… y que no he olvidado que las historias, todas las historias, tratan de gentes… pero además (signos, conceptos) se debe de tener en cuenta que hay cosas que no pueden ser excesivamente vulgarizadas, eso llevaría a mistificarlas, y yo, autor, si puedo, no miento. Más de lo necesario.)

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