Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 7 de enero de 2017

09 diciembre / 2016





“La riqueza no os debería jamás faltar, oh efesios, puesto que vuestra inferioridad es manifiesta.”
 HERÁCLITO


Luciano Canfora en “Crítica de la retórica democrática”

Sobre mayorías y minorías (electorales, “culturales”,televisivas…)

Sócrates, el irreductible antidemagogo, fue acusado de maestro de desviaciones, perturbador crítico del sistema político vigente, impío negador de los dioses y de las bases éticas sobre las que descansaba la vida de la comunidad.
A Sócrates lo condenó un jurado de quinientos jueces –cifra que en la época debía ser bastante usual-, simples ciudadanos, no expertos en leyes.
Voltaire:”Sabemos que en principio tuvo 220 votos a favor. El tribunal de los quinientos contaba con 220 filósofos: es mucho”.

Más pinceladas:

Una minoría de catedráticos italianos, 12 entre 1213, se negó a jurar fidelidad al régimen fascista de Mussolini.

En USA se oculta (los “media”) vergonzosamente el número de votos de los candidatos, ‘sólo se habla’ de porcentajes. La mayoría no vota.

El propio Al Gore definió como “Golpe de Estado” su derrota ante Bush en noviembre de 2.000 (Se prohibió el recuento de votos en Florida).

Blair otorgó más autonomía (poder contante y sonante) al Banco Central de Inglaterra (¡A la mierda la legitimación electoral!) que la propia Thatcher o cualquier otro gobierno conservador o laborista anterior.

La Europa neoliberal privilegia (obedece) el “plebiscito de los Mercados” respecto (desprecia) al ‘plebiscito de las urnas’ (Tietmeyer, Presidente del Bundesbank, 1998)

También apunta Canfora, y por qué no, a las élites revolucionarias, en concreto cita la gran contradicción de los bolcheviques, cuya concepción “elitista” del partido, “profesionales de la revolución”, fue repetidamente proclamada bien que con diferentes acentos por Lenin, Trotski, Bujarin, y otros dirigentes que formaban el núcleo duro de la vieja guardia. Lo que por cierto no impidió, de nuevo la Historia nos instruye, que la “élite de combate”, o sea, la élite de la élite revolucionaria, se convirtiera, sobre todo con el estalinismo, en “nomenklatura” omnipotente y reaccionaria.

Y por último, por no aburrir, Luciano Canfora cita a Antonio Gramsci:

“El recuento de votos –escribía Gramsci con una frase acertada y clarividente en la citada página de los ‘Quaderni’- es la ‘manifestación terminal de un largo proceso’, en el que quienes mayor influencia ejercen son justamente aquellos que ‘dedican al Estado y a la Nación sus mejores fuerzas’ (la frase es irónica). Si estos presuntos próceres, a pesar de los inmensos recursos materiales que poseen, no obtienen el consenso de la mayoría, ¡habrá que pensar que son unos ineptos!”

Canfora nos hace ver que nuestra ignorancia política (hablo de los explotados que siguen confiando y por lo tanto dejando estúpidamente en manos de los de los explotadores, o sea, de sus servidores, la defensa de sus propios intereses)  procede directamente de nuestro desconocimiento de la Historia, sea esta con mayúsculas o con minúsculas, la particular o la colectiva… y en su lugar alimentamos nuestra mente con la “cultura” y la propaganda de nuestros antagonistas…(menuda sarta de embustes y barbaridades rigurosamente, según conveniencia, aireados, ignorados o pervertidos por la prensa y la TV “importante”, en audiencia e influencia, se entiende –“quien tiene la TV gana las elecciones”, no sólo Berlusconi)… y ya luego, en consecuencia rodada, actuamos, o más bien dejamos hacer, pero siempre… ¡A sus órdenes! ¡Señores de la élite dominante, del poder, en todas sus versiones, hegemónico!

Los voceros de los oligarcas defienden que, en democracia, y lo hacen de manera más o menos solapada, las decisiones no han de ser tomadas “por las mayorías” sino “para las mayorías”… naturalmente por los “expertos y tecnócratas” al servicio de la oligarquía, eso lo callan porque lo dan por supuesto claro está. Y además no se cortan un pelo a la hora de señalar que ese es precisamente el mayoritario “consenso democrático”, a lo que Canfora responde manifestando que el “consenso” es un concepto superficial, que lo esencial es entender “cómo” se consigue el consenso. Si el lector lo desea puede releer las líneas de arriba sobre Blair, Al Gore, Tietmeyer, etc….

ELOTRO


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