viernes, 6 de enero de 2017

08 de diciembre / 2016



Relatos cortos y no tan cortos / 14


Son gemelas. La enfermera de noche y la enfermera de día son gemelas. Una variable tan elemental y no había caído, ¡Cuánto impensado atesoro! El trasiego entre el espacio realidad y el espacio ficción es un no parar, puro inacabamiento. Cuando no invade el uno incursiona el otro, cuando no penetran son penetrados, ahí hay roce, fricción, intercambio, contagio… Ora violador, ora violado. Por momentos no se tiene la más mínima certeza de quién contiene a quién, tal es el grado de simbiosis que pueden llegar a alcanzar. Una diferencia creo que importante es que la enfermera de día, aquella que se estrenó empijamada, no me lee. Son idénticas físicamente pero opuestas en lo mental a pesar de haberse estado codeando desde la mismísima tripa materna.

Una se siente interpelada y me interpela, la otra me ignora más allá de objeto a vaciar (sangre y semen). En nuestra menesterosa relación (aunque inflada de banales e incontables acontecimientos mínimos), ejerce única y exclusivamente de vampira. Vive la señora extractora de mi sangre y de mi esperma, se podría decir. Y yo, a pesar de mi derecho a veto, lo consiento. Su explicación tendrá, digo, y supongo que llegará próximamente, estibada en el “taco” o en los cuadernos (que ocupando espacios estancos sin embargo comparten suelo, y por supuesto subsuelo, subtexto, y de seguro también trasiego bidireccional, ¿necesidad, deseo?). O no.

Otra irrupción,¡qué tenacidad!, de no sé qué o quién en no sé dónde o qué: 
Hoy ha muerto Fidel, al leer la noticia he sentido un cosquilleo en la palma de la mano derecha. Hace unos años estreché la mano de Galeano, que en los sesenta estrechó la del Che, que en los cincuenta había estrechado la de Fidel… a esa tontería achaco el cosquilleo. Este, llamémosle ñoño  eslabonamiento, es una idea que tampoco me pertenece, la tomo de un Marsé detector de prosas tricotosas y sonajeras, lejano, brumoso, y la reescribo, que no re-produzco, en este cuaderno de relatos, a mi manera…que, ya se pueden imaginar, tampoco es propiamente mía… ni falta que hace, creo que puedo asegurar.

Al final siempre acabo topando con los mismos lugares comunes y la misma nada que se repite, ¿serán las preguntas equivocadas?  ¿será que para encontrar las respuestas debo ir hacia atrás? Digo ir hacia atrás porque imagino que la causalidad “bola de billar” incluye ese afinado y arriesgado toque “con efecto retroceso” que los más audaces jugadores ejecutan para pasmo de mirones antihistoricistas (que prefieren ignorar las perspectivas radicalmente diferentes del proceso histórico) y, además, sin abrir brecha en el tapete… o sea, sin cargarse el terreno de juego que tampoco tiene la culpa. Digo toda.


Yo creo, y fijáos en lo que digo, que aquí hay deriva entrópica…

ELOTRO


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