Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 4 de enero de 2017

06 de diciembre / 2016



Luciano Canfora: 
"Si el TIME de 1944 proclamó a Stalin "Hombre del año", alguna razón debe de haber"

STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA 
Domenico Losurdo / Con ensayo de Luciano Canfora

Libro completo aquí:










Relatos cortos y no tan cortos / 12

Se dice que nuestra conciencia posee un origen triple: la sensación, la actividad práctica y la abstracción. A partir de ahí construimos, también, los artefactos literarios. Cuando nos volcamos en el texto nos atomizamos, nos deshacemos en migajas que, ya fragmentadas, seleccionamos y disponemos de acuerdo con nuestros objetivos y deseos, y nuestras posibilidades. Y esos deseos y objetivos son el fundamento de ese otro contrato, literario, social, que compromete al escritor tanto consigo mismo como, en otro nivel, con un público específico.
Es evidente que todo artefacto literario (de cualquier género)  contiene, genera, más allá del alcance de sus propios dispositivos de control y regulación del modelo de percepción buscada, una multiplicidad de usos e interpretaciones digamos que se mueven autónomamente, a la deriva.
Cierto es que la sintaxis articula o vertebra el texto y que, al mismo tiempo, también lo encadena, lo ata. Pero hay sentidos y significados que, aún así, inevitablemente escapan a su control, que logran escabullirse más allá de las reglas inhibidoras que marcan y vigilan las fronteras semánticas “técnicamente” establecidas u obedecidas  (el desequilibrio entre quien sabe y quien ignora).
Pero la técnica está ahí, y es algo que no parece ser adecuadamente percibido, para contar una historia que no es la suya ni puede ser “suya”, y eso, la falta de “consciencia”, la inhabilita para el mando, y la coloca en su sitio, en el escalafón de los subordinados.
Y si se está preguntando, curioso lector, a qué viene esta perorata meta-literaria o como se llame, dentro del relato (relato que ya –o quizás más adelante- se ha declarado carente del preceptivo organigrama, y si acaso más bien contraplanificado), sólo le puedo decir que viene, que ha llegado a mi consciencia, digo la de quien esto escribe, desde la actividad práctica (que incluye por cierto la frecuente lectura y, por consiguiente –“efecto bola de billar”- reescritura de textos), vía abstracción, efectivamente de afuera del presente texto, como por otra parte todo lo que a este lo configura, y, además con la clara vocación (aunque así suene no es una orden) de intervenir en él. De tomar parte en el asunto, en esa ficción, que no tiene por qué ser y a sabiendas una literatura recreativa o de entretenimiento,  y que, finalmente, suele dejar intacto “lo real”. O no.

ELOTRO



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