Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 3 de enero de 2017

05 de diciembre / 2016



“El propio pasado siempre se ve más claro
 con el paso de los años”
(Italo Calvino)





Relatos cortos y no tan cortos / 11

Numero rigurosamente estos capítulos y también los cuadernos que los contienen. Lo hago  en principio para despistarme y, en su caso, para despistar (digo a un hipotético lector que, a todos los efectos, no es otro en primer lugar que el propio escritor, yo mismo).
No es un experimento textual -digo modesto, de pacotilla, estrictamente personal- que esté pensado para la lectura, repito la del que escribe, sino para la propia escritura –e interpretación, ensanchamiento y reescritura- que se encarna en el mismo sujeto actuante sincrónicamente en otra función.
Es una cuestión de metodología, aunque esta sea del tipo de andar por casa. Se trata de dotar de un mínimo orden cronológico, por supuesto que limitado (salida, etapas intermedias, meta), a un revoltijo caótico, que así encuentra su “forma” más o menos transgresora en su propósito quebrantador de la lógica narrativa más tradicional tan  comprobadamente corrosiva y aniquiladora. Contra la que, de camino y dialécticamente, busca definirse.
En definitiva representar y mostrar –imaginariamente- cierto aparente caos –real- (la cámara que todo lo graba, la enfermera chupa-sangre, y éste que escribe –y lee- tanto el “taco” de encargo como estos cuadernos para exclusivo consumo propio) de forma ilógica –que no por ello renuncia a emitir “ideología”-  pero que al mismo tiempo sea percibida, en y desde su (con)textualidad, como aparentemente ordenada y legible. Y que ambiciona, como toda narración, una resolución ficticia de una contradicción real.
De tal manera que no deben de sorprender, llegado el caso, incongruencias o discordancias temporales; desajustes espaciales o formales;  cacofonías de las de siempre o de carácter semántico… y además, vaya por delante el reconocimiento de que tales artificios resultan ser tan involuntarios como inexplicablemente deliberados… y hete ahí la finalidad, por supuesto oportunista, de lo que bonitamente  llamo “experimento”.
Dicho queda, en anticipada respuesta a una más que presumible pregunta, por respeto al improbable y curioso segundo lector y su previsible reescritura, interpretación y juicio crítico.
He de admitir que mis propias murallas defensivas me tienen sitiado, aunque estas cosas no se escriben, ocurran o no dentro del texto (¿de otro?), aunque desborden lo textual (previamente desmembrado) y lo que al mismo tiempo se está viviendo (¿y escribiendo?).
Todo, más tarde que temprano, será convenientemente documentado. O ya veremos.
Se oyen (todo enlatado) trinos, rumor de viento, de agua… cosa que, prudentemente, decido omitir en la escritura.



ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario