Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 28 de mayo de 2017

27 de abril / 2017

“Crítica, Tendencia y Propaganda:
Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954”

Brecht, Lukács, Breton, Siqueiros, Grosz, Gramsci, Guttuso, Leger…


***




Que si las ensoñaciones de Proust, que si las vulgaridades de Joyce, que si el monólogo novelado a lo Descartes, que si la belleza del teorema de Gödel… que si llegar a ser tan listo, Wittgenstein, para luego pasarte la vida rechazando todo lo que cuando listo habías sostenido.

Los muchos años a la espalda te hacen irremediablemente sabio porque sabes que ya no tienes nada que perder, sabes que has malgastado tu putavida/vidadeputa. Y esa y no otra es tu raquítica sabiduría. Y, si acaso, haber podido comprobar que, ciertamente, el futuro no siempre recompensa las vilezas del traidor. Menudo consuelo para los que no agacharon la cabeza, para los que lucharon por no dejarse atropellar, para los que resistieron y trataron de hacerse respetar…('...el más alto de los bienes no es la vida, sino la conservación de la propia dignidad')

Sí, menudo consuelo, cuando a cierta edad en la que ya no recibes las cartas en salud (no recibes cartas), ves como renacen, en tu cuerpo y en tu mente, las viejas dolencias, aquellas que lastimaron en lo más hondo. Con la anestesia, como con el ridículo disimulo del pesar, ya se sabe.

Uno se apaña una lógica acorde con sus propios conocimientos. Y de la misma manera se fabrica un oyente ideal. El contenido no está sólo en la forma, que conste. La vida, sobre todo la propia, siempre necesita (‘para que los velos cayeran de los ojos’), de alguien que la traduzca. Además de oyente ideal, imprescindible el traductor ideal. El resultado, garantizado en el noventa por ciento de los casos, suele ser ideal.

Claro que cada uno tiene su ideal. Y si ese alguno es como el pedante-veleta de  Wittgenstein entonces nos encontramos con que su ideal ‘tiene días, como el reloj del gitano’. Escribe Piglia que el “Facundo” de Sarmiento fue el texto fundador de la literatura argentina. Y afirma que significó un corte entre civilización y barbarie, ¿debemos suponer pues que, desde entonces y en la literatura argentina, la barbarie camina en solitario, o sea, a su puta bola, liberando así del reverso tenebroso a la muy ideal idea de civilización? Pues qué ideal, tia.

A veces Piglia (ser a la vez el mismo y otro), que por cierto se sabía de memoria a Brecht y supongo que algo de  Benjamin, parece un autor (¿involuntario?) de literatura infantil (no lo digo por la beca Guggenheim, que también. Y ya que estamos, que curioso que el autor de ‘Literatura de izquierda’ pasara de Piglia olímpicamente, ¿no?).

De todas maneras es fenómeno de ámbito planetario que la literatura para adultos, como el cine o la pintura, está difunta. La literatura es una enfermedad que se confunde a sí misma con su cura, según dijo cierto psicólogo, petiso, hosco, pésimo jugador de ajedrez, de cuyo apodo prefiero no acordarme. Bueno, venga va, le apodamos ‘Gertrude’, por su parecido con la vaca irlandesa que Joyce ordeñaba cada mañana en su angosto apartamento de Trieste. Y es que a Joyce, a pesar de todo un tipo simpático si uno era paciente y perseverante, le importaba un carajo el mundo, sobre todo el ‘artístico-parisino’ de Gertrude Stein.

En fin, espero que sepan disculpar estos momentos de debilidad que uno tiene.

ELOTRO


*** 

sábado, 27 de mayo de 2017

26 de abril / 2017

“Leonora”
Elena Poniatowska


***



Prólogo a Los lanzallamas
Palabras del autor (1931)
ROBERTO ARLT

Con "Los lanzallamas" finaliza la novela de "Los siete locos".
Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.
Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.
Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.
Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.
Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.
Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.
Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.
En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.
De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:
"El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc."
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".
El porvenir es triunfalmente nuestro.
Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará "El Amor brujo" y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.

Roberto Arlt

***


viernes, 26 de mayo de 2017

25 de abril / 2017

EL AUTOR COMO PRODUCTOR
Walter Benjamin


***




“Escribir para nodecir”
(Hector Libertella)



Y si dicen que callen…

Leyendo a Damián Tabarovsky deduzco, yo solito que ya voy cumpliendo una edad, que en Argentina (para que no se molesten los no nacidos en Buenos Aires), los cagatintas ‘gallegos’ son harina de otro pesebre, abundan (o abundaban) los escritores ingeniosos. Y, al mismo tiempo,  transgresores. El propio Aira, no confundir a los gregarios con el jefe de fila, escribió hace la tira un manifiesto titulado: ‘La novela argentina: nada más que una idea’. Y es que, cuando conviene, también ‘dicen’ cosas, también ‘venden ideas’ o fábulas, sobre ‘lo que nos da de comer’, con moraleja anexa y todo. Ellos que tanto ‘dicen’ aborrecer las ideas, que ‘dicen’ combatir la  nauseabunda  ‘ideología’, así ‘dicho’  en general les vale, que los tiempos (‘tiempos de chatura’) no están para perder ‘la plata’ en esforzarse por distinguir, diferenciar,  pormenorizar o especificar.

Es gente esta, ciertamente ni ‘nueva’ ni ‘novedosa’ ya que predica justo lo que no practica, que se oculta pero, recuerden que son muy ingeniosos, está permanentemente a la vista, concretamente en el ‘prime-time’ de la vitrina mediática (¿Para qué si no desplazaron las posaderas del antiguo canon?). Fieles a su praxis proclaman a los cuatro vientos que no les gustan las entrevistas pero… en la globalizada ‘youtube’ aparecen, y por cierto disimulando el disgusto de maravilla, en miles de ellas y en todos los formatos. Y eso que presumen (téngase en cuenta que fingir es arte transgresor y que requiere de altas dosis de ingenio), en las mismas miles de entrevistas, de no poder aclimatarse a los ‘lugares comunes’. Es el pequeño inconveniente (‘el precio que debo pagar cada vez que…’) que conlleva la afiliación al gremio de los  escribas ingeniosos y transgresores y, encima, ‘a tiempo completo’. Por otro lado ya se sabe lo delicada que es la muy dúctil y requetemanoseada teoría del ‘iceberg’, así que imagínense la insufrible práctica en secano de un portentoso bloque de hielo, bajo los ardientes focos del plató televisivo. Debe de ser que el calor de la popularidad, que no la guita que le acompaña, les derrite, les merma aún más por increíble que les pueda parecer a los de la envidiosa  capillita de enfrente. Por eso nuestros héroes huyen despavoridos de las pegajosas masas lectoras, por eso dan pelos y señales de los bares, cafés y demás tugurios que frecuentan o de las librerías-escaparate  en las que posan para la posteridad. Tal y como lo hacía su adorado Beckett, igualito.

Y en la otra esquina del ring (o como prefiere ‘escuchar’ la clase media boba: del tablero), tenemos a los fervorosos lectores (‘entiendo el doce y medio por ciento de lo que leo’), por otro lado incapaces (¿incapacitados?) de encontrar, si es que alguno tiene motivos para buscar (¿en la irrealidad de lo real?), la forma de intervenir en la ‘cosa’ literaria (¿un saber de segunda mano, una interpretación de lo que otros interpretaron?), condenados a eternizarse en el papel de meros espectadores pasivos (‘aves de paso que permanecen siempre en el mismo lugar…’ y además sin poder valerse de su propio cerebro, ¡ay, virgensanta! ¡cuánto pensamiento inexpresado!), que escuchan pero ‘nodicen’ (¡lectores de principios, de los que nunca dan el primer paso!) y en tal caso la cosa sí que va en serio, que los galones no están de adorno (por cierto ‘Adorno, el también ingenioso transgresor, acabó de ‘rector’… ¡en la RFA!’), que ni pinchan ni cortan, que se limitan, para que quede clarito que la inoperancia no es tan, tan, tan, total, a consumir ‘libros bien escritos’, convenientemente homologados por los muy ingeniosos y transgresores poderes homologadores del Mercado y la Academia (nada que ver, ¿verdad?, con lo que ocurrió y ocurre en la Madre Patria).

Y aquí lo dejo, el balón al pasto que con tanto 'conflicto no resuelto' se me están hinchando las pelotas…

ELOTRO


***

jueves, 25 de mayo de 2017

24 de abril / 2017

“Sensini”
Roberto Bolaño


***



“…el teatro de hoy es de dos tipos: el teatro burgués y el teatro burgués antiburgués…”

(Pier Paolo Pasolini




Kafka- “El gran ruido”

Estoy sentado en mi habitación, en el cuartel general del ruido de toda la casa. Oigo cómo se cierran todas las puertas; el ruido que hacen al cerrarse evita que oiga los pasos de los que las atraviesan, aunque todavía oigo cómo se cierra el horno en la cocina. Padre echa abajo la puerta de mi habitación y la atraviesa arrastrando su bata; en la habitación
contigua atizan las cenizas de la calefacción; Valli pregunta, gritando desde el recibidor palabra por palabra, si ya se ha limpiado el sombrero de padre; un borboteo, que me parece familiar, eleva el griterío de una voz que responde. Llaman a la puerta de la casa y hace el mismo ruido que una garganta acatarrada, se abre la puerta con el canturreo de una voz femenina y se cierra con una sacudida despiadada.
Padre se ha ido, ahora comienza el ruido suave, disperso, desesperanzado, iniciado por el canto de los dos canarios. Ya hace tiempo pensé, con los canarios se me vuelve a ocurrir, si no podría abrir un poco la puerta, arrastrarme como una serpiente hasta la habitación contigua y desde el suelo pedir a mi hermana y a su institutriz un poco de silencio.

***



El libro ‘Passangern Werk’ se proyecta como una yuxtaposición de ilustraciones y citas. Walter Benjamin anota: 
“No tengo nada que decir, solo tengo cosas para mostrar. No voy a robar nada de valor ni apropiarme de fórmulas espirituales. Pero los harapos, los desechos: no quiero hacer su inventario, sino permitirles que se les haga justicia de la única forma posible: usándolos”

***





Deja que te venda un cuento…

Escribía Castillo del Pino en el primer libro de su autobiografía (PRETÉRITO IMPERFECTO), algo así como que la realidad es un invento y la memoria una reinvención. Ya digo, algo así. Claro que siendo así la realidad sería un invento digamos de factura colectiva (y si, por ejemplo, el sucedido digamos que fue protagonizado en vivo y en directo por cuatro personas, raro será que no tengamos cuatro versiones diferentes del mismo, sean estas complementarias o incluso antagónicas), mientras que por su parte la memoria vendría a ser una reinvención exclusiva del YO. Un YO, aventuro yo, que cuando nos narra un determinado avatar, que por supuesto ya pasó, nos quiere ‘hacer creer’ su propio  relato. Pero, la cosa es sospechosa, porque ya desde Flaubert y Freud se sabe que no existe narración inocente, y que desde entonces ya no rige la presunción de inocencia del arte de contar. La inocencia cuestionada en su inocencia.

No es así mismo infrecuente constatar cómo se prescinde, pues se olvida adrede, de lo que no toleramos o de lo que no nos viene bien en ese momento.  Y es de nuevo Castilla del Pino el que expone que cada recuerdo es un YO, y nos habla específicamente del YO del momento presente (por ejemplo el que escribe al final del camino la autobiografía), advirtiendo que no es, de ningún modo, el mismo YO del pasado ni ciertamente lo será el del futuro más inmediato. Lo que tampoco quiere decir que la opinión del YO del presente, el que relata la biografía, tenga necesariamente que avalar, refutar o negar la del pasado. Pero, como ocurre comúnmente, lo que fue radical desobediencia ha devenido en sumisa observancia, y lo que fue borrachera de colores ha concluido en un gris cuerdo, juicioso.

El YO se desarrolla, se gasta, se estanca, cambia, evoluciona, incluso sufre, a lo largo de los años y las diferentes etapas de la vida, transformaciones sustanciales o severas rupturas de identidad. El YO que narra un hecho acaecido veinte años atrás (y que tiene en su mano la potestad de decidir qué ‘no puede recordar’ y qué ‘no puede olvidar’)  no es pues, exactamente, el mismo YO que vivió aquel hecho. Y conviene insistir en que nuestra memoria, más allá de las interesadas prácticas que ‘fabrican’ olvido y en cualquier caso de manera consciente o inconsciente, también es dada a imaginar, también es ilusoria.

ELOTRO

***

miércoles, 24 de mayo de 2017

23 de abril / 2017

Juan Carlos Onetti
“Para una tumba sin nombre”

***



Una de Lev S. Vigotsky:

“(...) Resulta ser que nuestro cerebro constituye el órgano que conserva experiencias vividas y facilita su reiteración. Pero si su actividad sólo se limitara a conservar experiencias anteriores, el hombre sería un ser capaz de ajustarse a las condiciones establecidas del medio que le rodea. Cualquier cambio nuevo, inesperado, en ese medio ambiente que no se hubiese producido con anterioridad en la experiencia vivida no podría despertar en el hombre la debida reacción adaptadora. Junto a esta función mantenedora de experiencias pasadas, el cerebro posee otra función no menos importante.
Además de la actividad reproductora, es fácil advertir en la conducta del hombre otra actividad que combina y crea. Cuando imaginamos cuadros del futuro, por ejemplo, la vida humana en el socialismo, o cuando pensamos en episodios antiquísimos de la vida y la lucha del hombre prehistórico, no nos limitamos a reproducir impresiones vividas por nosotros mismos. No nos limitamos a vivificar huellas de pretéritas excitaciones llegadas a nuestro cerebro; en realidad nunca hemos visto nada de ese pasado ni de ese futuro, y sin embargo, podemos imaginarlo, podemos formarnos una idea, una imagen.
Toda actividad humana que no se limite a reproducir hechos o impresiones vividas, sino que cree nuevas imágenes, nuevas acciones, pertenece a esta segunda función creadora o combinadora. El cerebro no sólo es un órgano capaz de conservar o reproducir nuestras pasadas experiencias, sino que también es un órgano combinador, creador; capaz de reelaborar y crear con elementos de experiencias pasadas nuevas normas y planteamientos. Si la actividad del hombre se limitara a reproducir el pasado, él sería un ser vuelto exclusivamente hacia el ayer e incapaz de adaptarse al mañana diferente. Es precisamente la actividad creadora del hombre la que hace de él un ser proyectado hacia el futuro, un ser que contribuye a crear y que modifica su presente.
A esta actividad creadora del cerebro humano, basada en la combinación, la psicología la llama imaginación o fantasía, dando a estas palabras, imaginación y fantasía, un sentido distinto al que científicamente les corresponde. En su acepción vulgar, suele entenderse por imaginación o fantasía a lo irreal, a lo que no se ajusta a la realidad y que, por lo tanto, carece de un valor práctico serio. Pero, a fin de cuentas, la imaginación, como base de toda actividad creadora, se manifiesta por igual en todos los aspectos de la vida cultural haciendo posible la creación artística, científica y técnica. En este sentido, absolutamente todo lo que nos rodea y ha sido creado por la mano del hombre, todo el mundo de la cultura, a diferencia del mundo de la naturaleza, es producto de la imaginación y de la creación humana, basado en la imaginación.

Toda invención -dice Ribot- grande o pequeña, antes de realizarse en la práctica y consolidarse, estuvo unida en la imaginación como una estructura erigida en la mente mediante nuevas combinaciones o correlaciones, (...) Se ignora quién hizo la gran mayoría de las invenciones; sólo se conocen unos pocos nombres de grandes inventores. La imaginación siempre queda, por supuesto, cualquiera que sea el modo como se presente: en personalidades aisladas o en la colectividad. Para que el arado, que no era al principio más que un simple trozo de madera con la punta endurecida al fuego, se convirtiese de tan simple instrumento manual en lo que es ahora después de una larga serie de cambios descritos en obras especiales ¿quién sabe cuánta imaginación se habrá volcado en ello? De modo análogo, la débil llama de la astilla de madera resinosa, burda antorcha primitiva, nos lleva a través de larga serie de inventos hasta la iluminación por gas y por electricidad. Todos los objetos de la vida diaria, sin excluir los más simples y habituales, viene a ser algo así como la imaginación cristalizada.

De ahí se desprende fácilmente que nuestra habitual representación de la creación no encuadra plenamente con el sentido científico de la palabra. Para el vulgo la creación es privativa de unos cuantos seres selectos, genios, talentos, autores de grandes obras de arte, de magnos descubrimientos científicos o de importantes perfeccionamientos tecnológicos. Reconocemos y distinguimos con facilidad la creación en la obra de Tolstoi, Edison o Darwin, pero nos inclinamos a admitir que esa creación no existe en la vida del hombre del pueblo..."


(La imaginación y el arte en la infancia / Lev S. Vigotsky)


***

martes, 23 de mayo de 2017

22 de abril / 2017

La última cinta de Krapp
Samuel Beckett
(con Harold Pinter)



***

“El tren”
Raymond Carver


***



‘Ellos’

Ni palabra de esos albañiles que caen del andamio y ya no almuerzan. Metáforas sí, y por un tubo. Debe de ser consecuencia de la oferta y la demanda esa. Esa que todo lo determina y todo lo explica. Menudo chollo tener una explicación-justificación para todo. Tremendo ahorro para las molleras supuestamente pensantes. Un catecismo además de infalible  abreviado ¡el Copón Bendito! Lo que no inventen ‘Ellos’.

Otro lugar común: ‘Que inventen ellos’. La frase hecha al alcance de todos, en boca de todos. Lo tópico como pensamiento vulgarizado, casi universal, casi perfecto. O sea, y gracias a ese casi, ideológica y funcionalmente perfecto. ¿Qué comerciante no roba ‘casi’ un gramo en el peso a un cliente?

Quiso entrar a ver las cosas de cerca y salió desencantado. Pero quizás por eso aprendió a pensar como es debido. El que les crea una sola palabra está perdido, repetía y no se cansaba de repetir. Sólo de cerca se ve el hilo, dijo, el hilo que los atraviesa, el hilo del que penden, el hilo que explica ese desorden aparente. De cerca, tampoco demasiado cerca, eso dijo, percibes con nitidez aquello a lo cual es imprescindible decir que no. Y así comprendes, alguien pasa contando con sus dedos, que es preciso aprender a resistir. Resistir, insistía.

Como en todo, dijo sin lamentarse, me hice viejo a destiempo. Con el tiempo los contratiempos. Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo. Todo lo que nos rodea es artificial, precisamente porque lleva las señas del hombre, de esa ‘cosa’ para ser exactos. No queda otra, hay que aprender a vivir sin ilusiones o, cuando menos, aparentarlo.

Un banquero falsea su balance, ¿Con que cara llorar en el teatro? Aún así no se desapasionen, porque la pasión es el único vínculo que tenemos con la representación de la verdad. Esa cuota de perversión, pagada con nuestra propia sangre, que hace más llevadera la vida… sobre todo la de ‘Ellos’. Escuchamos una música que no nos permiten tocar.

Encontrar el modo de encontrarnos. Quizás no deberíamos de desestimar las palabras huecas, digo por espaciosas. ¿Acaso no nos invitan a okuparlas? El único espacio respetable es el de los hechos, pero, ¿los hechos de antes o de después de las palabras que se supone los dan a conocer? Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre. Aunque siempre son otras las versiones que nos dan a (des)conocer. ‘Ellos’, por supuesto.

Otro busca en el fango huesos, cáscaras. Pero no hay como estar en contacto con la juventud, imprevisible, indecisa, para aprender a envejecer y hacerlo rejuveneciendo. Porque no es ‘Aún aprendo’ sino, mirando  al mismo tiempo el retrovisor de la mirada histórica, ‘Ahora sí aprendo’.

Y dejaros de firmitas y procesiones con pancartas, pero qué indignación ni qué niño muerto, hay que organizarse para la lucha, ¡Hay que armar a la peonada! Alguien limpia un fusil en su cocina. ¿Con qué valor hablar del más allá? Conozco, aseguró, el gusto invencible de la prostitución… y ya no tengo nada que perder. Razón de más para ir a por Ellos.

ELOTRO


***

lunes, 22 de mayo de 2017

21 de abril / 2017

“Pierre Menard, autor del Quijote”
Jorge Luis Borges


***



"¿Qué es la literatura?" Jean-Paul Sartre

“Un joven imbécil escribe: «Si usted quiere comprometerse, ¿a qué espera para inscribirse en el Partido Comunista?» Un gran escritor, que se comprometió muchas veces y rompió sus compromisos todavía con más frecuencia, pero que lo ha olvidado, me dice: «Los peores artistas son los más comprometidos: ahí tiene a los pintores soviéticos». Un viejo crítico se lamenta dulcemente: «Quiere usted asesinar a la literatura; el desprecio de las Bellas Letras se exhibe con insolencia en su revista». Un pobre de espíritu me llama intelectualoide, lo que es sin duda para él el peor de los insultos; un autor que se arrastró penosamente de una guerra a otra y cuyo nombre despierta a veces lánguidos recuerdos entre los viejos, me reprocha que no me preocupe de la inmortalidad: sabe, a Dios gracias, de mucha gente bien que pone en ella su mayor esperanza. A los ojos de un buen foliculario norteamericano, mi laguna está en que no he leído nunca a Bergson ni a Freud; en cuanto a Flaubert, que no se comprometió, parece que me obsede como un remordimiento. Los maliciosos guiñan el ojo: «¿Y la poesía? ¿Y la pintura? ¿Y la música? ¿También quiere usted comprometerlas?» Y los espíritus marciales preguntan: «¿De qué se trata? ¿De literatura comprometida? Pues bien, es el antiguo realismo socialista, a no ser que estemos ante una renovación del populismo, mucho más agresivo».

¡Cuántas tonterías! Es que se lee mucho más de prisa, mal, y que se juzga antes de haber comprendido. Por tanto, comencemos de nuevo. Esto no es divertido para nadie, ni para ustedes, ni para mí. Pero hay que dar en el clavo. Y como los críticos me condenan en nombre de la literatura, sin decir jamás qué entienden por eso, la mejor respuesta que cabe darles es examinar el arte de escribir, sin prejuicios. ¿Qué es escribir? ¿Por qué se escribe? ¿Para quién? En realidad, parece que nadie ha formulado nunca estas preguntas.”

***



Sublimando y enlodando que es gerundio…

Escribió el argentino, no nacido en Buenos Aires, Antonio Di Benedetto, que “inventamos historias que nos enlodan o nos subliman”. Y ciertamente la cosa suele ser así, lo podemos apreciar en los periódicos, en las novelas, en los libros de historia, en las esquelas, en los prospectos de las medicinas, en los manuales de uso, en los catecismos o en las biografías… a mayor gloria estas del biógrafo, según se desprende del comentario de un tal Rendueles que figura en la faldilla publicitaria de cierto libro.  En fin. El caso es que acabo de zamparme tres mamotretos más o menos estrictamente biográficos sobre Carlos Marx y su obra. Y en todos ellos el lodo y la sublimación pueden ser, por decirlo así, claramente palpados o visualizados. Claro que de una a otra obra varía la dosis y el porcentaje de cada uno de esos pringosos y fétidos elementos. Y también difieren entre sí en  la cantidad y la calidad de la ‘invención’. Así mismo he podido comprobar, una vez más, que a ciertas lecturas conviene ir sabiendo, al menos, un poquito de algo. En el caso de Marx ese algo, ciertas nociones, como mínimo  debería de abarcar una parte de su vasta obra.

Creo, y en mi caso particular así ha sido, que de ese modo, posicionado en esa parcela relativamente ‘conocida’, se puede conseguir algo del necesario distanciamiento y la mínima autonomía crítica con respecto al ‘paso de desfile’ en la lectura marcado por el biógrafo en cuestión. Lo que en su caso puede posibilitar una especie de diálogo, para entendernos, entre el que habla (autor-autoridad que emite) y el que escucha (subordinado que recepciona), en cierto modo estableciendo así al menos una teórica, y parcial, igualdad de condiciones. ¿Con qué objeto? Pues entre otros para distinguir y situar en el mapa el lodo de la sublimación o la sublimación que enloda o el lodo que sublima.

Y sí, ejemplo perfecto de invención que enloda y sublima, es el modo catecismo, cualquier catecismo. El catecismo, la forma catecismo, pregunta y responde. Bueno, ambas cosas las hace (adoctrina) por ti. A las preguntas adecuadas responde con las respuestas apropiadas. En el modo catecismo, el estilo, la forma y el contenido resultan ser un todo uno. Cada pregunta enloda lo malo y sublima el bien. Cada respuesta sublima lo bueno y enloda el mal. Lo malo resulta ser un todo uno. El bien es un todo uno. En el catecismo la virtud fundamental del estilo, de la forma y del contenido juntos y por separado es la claridad. Claridad tan inamovible en su formulación como incuestionable en su estructura. La doctrina que emite el catecismo no debe en ningún caso generar dudas, ni dar pie o abrir resquicio a cuestionamientos de ninguna naturaleza, la doctrina viene de lo alto, es un todo sólido, acabado (la cotidiana lucha del bien contra el mal está de antemano ganada en el juicio final), fijo, universal y eterno.

Pues resulta, según leo, que a la pareja, ya por entonces de hecho, Marx y Engels, los camaradas de la Liga Comunista les hicieron el encargo de redactar un pnfleto con el programa político. Aunque parece ser que un tiempo antes Engels ya había escrito una propuesta con ese mismo  objetivo. El caso es que tras la petición ‘oficial’ y, cada uno de por su lado, se pusieron ambos manos a la obra. Engels, que siempre fue un escriba rápido y eficiente realizó su parte en breve plazo e inmediatamente se la presentó a Marx. Pero ‘El General’, apodo de Engels, se encontró con que ‘El Moro’, que así apodó para los restos a su amigo, ni tan siquiera había comenzado a escribir  su parte. Aunque sí parece que el colega tenía el asunto bien pensado, ampliamente reflexionado, y rigurosamente razonado. Y Marx fue directo al grano de la propuesta de Engels: el contenido le parecía correcto aunque manifiestamente mejorable, pero sobre la forma ‘tradicional’ de catecismo elegida, basada en una sucesión de preguntas y respuestas, opinaba que era inconveniente, inadecuada e inexacta. En pocas palabras, Marx propuso a Engels revolucionar, con un enfoque materialista y dialéctico, el estilo, la forma y el contenido de lo que hasta entonces habían sido los panfletos políticos. La revolución proletaria, acordaron, no necesitaba ni se merecía menos. A Engels le bastaron los argumentos de su camarada y le urgió a que, en esa dirección, materializara cuanto antes el panfleto. De por medio hubo sin embargo un amenazante ultimátum de la Liga al remolón Dr. Marx. Y así fue, lodo más sublimación menos (procurar no posicionarse sin leerlo), cómo nació, con ‘duende’ o ‘fantasma’ recorriendo Europa,  el famoso Manifiesto Comunista.

Y, por cierto, sobre la ‘invención’ me acabo de acordar, y no estoy muy seguro de si viene aquí a cuento o no, aquello que puso Beckett en boca de Molloy:

“Decir es inventar. Sea falso o cierto. No inventamos nada, creemos inventar, evadirnos, cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados la vida sin lágrimas, tal como la lloramos. Y a la mierda.”

En fin, la picha un lío.

ELOTRO


***

domingo, 21 de mayo de 2017

20 de abril / 2017


El silencio de Heidegger.
Viento de Bergen Belsen


***





“MANIFIESTO”
PIER PAOLO PASOLINI



***
Miscelánea


Nuestra causa va mal. / Bertolt Brecht

La oscuridad aumenta. Las fuerzas disminuyen.
Ahora, después de haber trabajado durante tanto tiempo nos hallamos en una situación peor que al comienzo.
Sin embargo, el enemigo sigue ahí, más fuerte que nunca.
Sus fuerzas parecen acrecentadas y presenta un aspecto
invencible.
No se puede negar que hemos cometido errores.
Nuestro número se reduce. Nuestras palabras de orden
se encuentran en desorden. El enemigo
distorsiona muchas de nuestras palabras hasta hacerlas
irreconocibles.
Aquello que dijimos, ahora parece falso: ¿Mucho o poco, con qué contamos ya? ¿Somos lo que ha quedado, marginados de la corriente de la vida?
¿Marcharemos hacia atrás, sin nadie que nos comprenda y sin comprender a los demás?
¿No hemos tenido suerte?

Tú preguntas estas cosas. No esperes ninguna respuesta
salvo la tuya.

B.B.

***


“Leo mejor que escribo”
( Antonio Di Benedetto)

“Las tres principales novelas de Antonio Di Benedetto, Zama, El silenciero y Los suicidas, en razón de la unidad estilística y temática que las rige, forman una especie de trilogía y digámoslo desde ya, para que quede claro de una vez por todas, constituyen uno de los momentos culminantes de la narrativa en lengua castellana de nuestro siglo. En la literatura argentina, Di Benedetto es uno de los pocos escritores que ha sabido elaborar un estilo propio, fundado en la exactitud y en la economía y que a pesar de su laconismo y de su aparente pobreza, se modula en muchos matices, coloquiales o reflexivos, descriptivos o líricos, y es de una eficacia sorprendente. De sus construcciones novelísticas, el capricho está desterrado. Su arte sutil va descartando con mano segura las escorias retóricas para concentrarse en lo esencial. Del abandono cósmico de Zama al inventario metódico de las circunstancias y de las razones que pueden legitimar el suicidio, el hombre de Di Benedetto vive acorralado por el ruido destructor del mundo.”
(…)

"Zama es, por ciertos aspectos de su concepción narrativa, comparable a las obras mayores de la narrativa existencialista, como La nausea y El extranjero. Yo creo, sin embargo, que por las circunstancias en que fue escrita y la situación peculiar de la persona que la escribió, Zama es en muchos sentidos superior a esos libros."

( Juan José Saer )


Samuel Beckett replicó al pedírsele que eligiera el color de su lápida:
«Cualquiera, siempre que sea gris»

Harold Pinter sobre Beckett:

El muy beckettiano dramaturgo británico Harold Pinter proclamó sobre él: «Cuanto más lejos va, tanto mejor me siento. [...] Es el escritor más valiente e implacable de la actualidad, y cuanto más se restriega la nariz en la basura, tanto más se lo agradezco. Ni me toma el pelo, ni me pasea por jardines, ni me hace guiños de inteligencia, ni me da un remedio, o una senda, o una revelación, o un cacharro lleno de migajas de pan; no intenta venderme nada que yo no quiera comprar; le importa tres pitos si quiero o no quiero comprar algo; no se lleva la mano al corazón. Pues bien, voy a comprarle su mercancía con todos los cachivaches, porque no deja pasar un guijarro sin darle la vuelta ni una lombriz sin fijarse en ella. Lo que produce es hermoso. Su obra es hermosa».

Lukács sobre Beckett:

El filósofo marxista comentó sobre la novela ‘Molloy’:
«La innovación de Joyce, es decir, el mundo concebido como flujo, como principio desordenado y perdido de la conciencia, empieza ya en Faulkner a adquirir ese carácter de pesadilla soñada por un idiota. Beckett compone a base de una reduplicación y repetición de esa concepción del mundo: en primer lugar, el rebajamiento patológico más profundo del hombre en el vegetar de un idiota; luego, cuando va a recibir ayuda -por parte de un poder superior que siempre es desconocido-, el auxiliar cae en el mismo estado de idiotez».

Harold Bloom sobre Beckett:

Beckett, sigue Bloom, explicaba el porqué de que  Irlanda produjera tantos importantes escritores modernos:
«A un país tan sodomizado por los ingleses y los curas no le quedaba otro remedio que cantar».

Samuel Beckett:
“El infierno debe ser como recordar los buenos momentos cuando deseábamos estar muertos.”

“Si pesimismo es un juicio en el sentido de que el mal sobrepasa al bien, no se me puede acusar de pesimista, ya que no tengo ni deseos ni competencia para juzgar. Simplemente he encontrado más de lo uno que de lo otro.”

Carta a Tom Bishop, 1978

***

El director teatral  Peter Brook:

«Las piezas de Beckett tienen algunas de las características de los carros blindados y de los tontos: aunque se dispare contra ellos y se les tiren tartas de crema siguen su camino impertérritos. Aparte de otras ventajas sorprendentes, son inmunes contra los críticos. Beckett siempre molesta a la gente por su honestidad. Fabrica objetos. Nos los presenta. Lo que presenta es terrible. Por ser terrible, también es cómico. Demuestra que no hay escapatoria, y esto produce desasosiego, porque, efectivamente, no hay escapatoria. [...] Nuestra ansia constante de optimismo es nuestra peor excusa»

“Pocas palabras, muchísima desconfianza”
(Antonio Di Benedetto)



***

sábado, 20 de mayo de 2017

19 de abril / 2017

Georges Simenon
“La nieve estaba sucia”


***



“En realidad, las cosas nunca están tan claras, o efectivamente siempre lo están”
(Franz Kafka)


Y hablando del placer edípico de conocer el origen…

“La doctrina de que la gran masa del pueblo ‘no tiene patria’, pues ‘sin propiedad no puede tener patria, sin patria todos están contra ella y ella misma tiene que estar armada contra todos” fue enunciada ya por el revolucionario burgués Brissot (1754-1793) en sus ‘Observations d’un républicain sur les différents systémes d’administration provincials’

Valga la disculpa del próximo aniversario del nacimiento de Murillo para conocer…

“La peste de 1649 acabó con la mitad de la población de Sevilla, que pasó de 120.000 a 60.000 personas.”




“En su Estética, Hegel habla de Murillo como del primer artista moderno por sus cuadros de los niños mendigos, a los que dice que el artista aporta dignidad al pintarlos tan despreocu­pados como los dioses del Olimpo.”





La lección de Barthes…

El lector como contra-héroe. Leer con placer lo que ha sido escrito con placer (y ha creado un espacio de gozo). Lector: el autor debe probarme que me desea. Contra la reducción de la literatura a simple entretenimiento. Sólo el ocio es social, el placer es por naturaleza asocial. Escritor: loco no puedo, sano no querría, sólo soy siendo neurótico. La neurosis es un mal menor, pero ese mal menor es el único que permite escribir (y leer). Pasajes aburridos y pasajes quemantes. Saltando páginas impunemente. Nadie nos ve. Los eruditos árabes llamaban al texto ‘cuerpo cierto’. Una introducción que no introduce a nada. Sade: mensajes pornográficos que se moldean en frases tan puras que se las tomaría por ejemplos gramaticales. Texto que no cae nunca bajo la buena conciencia (y la mala fe) de la parodia. La risa castradora de lo ‘cómico que hace reír'. La cultura como límite: respetan los límites de la prudencia, del conformismo. No buscan en los intersticios. Todo Nicolás de Staël está en dos cetrímetros de Cézanne. En el arte contemporáneo no hay ninguna duración contemplativa o deleitable. Significado: precario, revocable, reversible. Ironía socrática, obligar al otro al supremo oprobio: contradecirse. Todo relato, todo develamiento de la verdad. Ocultar o edulcorar el conflicto. El conflicto siempre está codificado, la agresión es el más gastado de los lenguajes. Cuando rechazo la violencia rechazo el código que la impone. ‘Función’ social y ‘funcionamiento’ estructural. La derecha arroja a la izquierda todo lo que es abstracto, incómodo, político, y se guarda el placer para sí. En la izquierda todo ‘residuo de hedonismo’ aparece como sospechoso y desdeñable (más allá de los cigarros de Marx y Brecht). El viejo mito reaccionario del corazón contra la cabeza: la vida (cálida) contra la abstracción (fría)…

Ni contigo ni sin ti
tienen mis males remedio;
contigo, porque me matas
y sin ti, porque me muero.

(Copla popular)

ELOTRO



***