Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 19 de septiembre de 2017

19 de agosto / 2017



“El verdadero conocimiento es práctico, se consume en la práctica, no simplemente en la contemplación teórica”
(Marx)

Marx insiste en partir de lo empírico, de lo real y no de la idea, como hasta entonces se estilaba, de forma contrapuesta, en la filosofía alemana encabezada por Hegel y los ‘reduccionistas’ de su comparsa. También en el origen histórico del pensamiento dialéctico encontramos dos polos opuestos y a la vez complementarios en, por un lado  Heráclito (conceptos como cambio, oposición, movimiento, tensión, entidades oscilantes…) y por el opuesto  Platón (alusivo al pensamiento, al método, a una especie de  intelectualismo ético...)

Pero fue también Hegel quien afirmó que ‘la verdad está en el todo’, o sea, en los dos polos, en lo de arriba y en lo de abajo (remember Rabelais y su concepto de lo popular-grotesco), en la idea y en la materia. Ya en su día Sócrates dejó dicho, según escribió Platón, que para desenmascarar ‘la falsa realidad que fabrican algunos’ hacen falta los hechos, no las simples palabras (Si en la práctica acatas y no cuestionas la pertenencia a la OTAN –la infame subordinación a USA- y encima fichas ‘para ministro de defensa’ a un militar lacayo del Pentágono que fue co-responsable del criminal bombardeo de Libia…¿Qué milonga me estás contando?) ya que no bastan las frases redondas y los bellos discursos, propios de esa calaña de charlatanes con aspiraciones de medrar. Jovenzuelos cotorra (Errejón y cia.) que tienen un barniz de saber, pero en realidad solo escupen ideas desatinadas sin ningún vínculo real con lo real, no saben nada de nada. Y precisamente por eso lo que el miserable  ‘filósofo de cabecera’, José Luis Pardo,  del diario de Langley, ‘El País’, aplica a Zizek, le queda que ni pintiparado a estos cachorros podemitas, todos ellos  a sueldo del generoso filántropo G. Soros:

‘construyó una “filosofía” que es como una cinta sin fin de tuits embutidos en la metafísica de Hegel y sabiamente aderezados con consignas comunistas, chistes, escenas de películas y herméticos apotegmas lacanianos.’
(…)
Visto con los viejos estándares, siempre habrá quien diga, como Chomsky, que “no hay nada de teoría en todo este rollo”, que no supera lo que puede explicarse en cinco minutos a un niño de doce años, que no hace más que repetir unas consignas esencialmente vacías, como sugería John Gray, o que su éxito no es más sorprendente que los de Trump y todos sus ahijados populistas.’

Lo que parece una broma, aún viniendo del anticomunista venenoso que viene, y de muy poca gracia por cierto.

Pero así son las cosas, así son los hechos (hemos podido ver como se apropian y desnaturalizan los movimientos de masas tras cuarenta años de prolongación del franquismo –léase 15M o las Marchas de la Dignidad-, o la obra de Marx, de Lenin, de Gramsci…) y, por lo tanto, y tal como dejó escrito Marx, no debemos dejar el error sin refutación, en la medida y alcance de nuestras posibilidades, porque ello equivale a estimular la inmoralidad intelectual y, aunque quizá alguno se crea que me lo tomo a guasa, uno es muy consciente de que ante medios de propaganda tan poderosos no es fácil combatir calumnias y falsedades tan bien arraigadas y, en cualquier caso,  es cierto que poco tenemos que hacer salvo fracasar (nunca del todo), pero también nos consta, queda esa puntita ética, que es más de temer vivir cobardemente… ¿o no?

“Ea, hombre, responde, que tampoco te pregunto nada del otro mundo”
(Sócrates)

ELOTRO


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lunes, 18 de septiembre de 2017

18 de agosto / 2017



Samuel Pepys / Diarios 

“Había una vez un hombre llamado Samuel Pepys que amó a su esposa, al vino y a las artes.

Protegido del conde de Sandwich, participó del regreso de Carlos II a Inglaterra en 1660, restaurando a los Estuardo, a cuya casa nuestro hombre sirvió como fundador de la Marina Real y secretario del Almirantazgo, parlamentario y presidente de la Real Sociedad.

Alguna vez fue acusado de simpatías papistas y encerrado en la Torre de Londres.”

“Era un hombre dotado de sensibilidad, desde luego, un lector y un melómano. Escribió algunas obras eruditas sobre la flota británica y un buen montón de informes burocráticos en los que a buen seguro despunta aquí y allá su genio. Sin embargo, un hombre de sus cualidades –enérgico, práctico, imaginativo– supo dar con la manera más profunda de dejar su huella sobre la tierra legando a la posteridad las páginas de un diario. Durante nueve años (de 1660 a 1669), los más jugosos de su vida y en cierto modo de su época, mientras Londres se convertía a fuerza de guerras y plagas, de incendios y revoluciones, en la más poderosa metrópoli del orbe, Pepys fue anotando en clave –mezclando el inglés, el francés, el español y el italiano tres siglos antes de Joyce– toda suerte de acontecimientos.”

“Encontramos conversaciones con el rey o anotaciones de los «regalos» ofrecidos por contratistas navales. Samuel Pepys –funcionario al servicio de la Royal Navy-hizo de la historia de su vida una obra de arte”



El carácter de Pepys resulta increíblemente moderno. Su tribulación moral y práctica cuando Elizabeth le descubre con la joven Deb es conmovedora: se debate entre la piedad hacia las dos mujeres y la piedad hacia su propia naturaleza de hombre sensual que precisa y exige la belleza, igual que un marido infiel de nuestros días. Su codicia, así como el control de sus asuntos profesionales, nada tienen que envidiar a las modernas habilidades del alto ejecutivo que se mueve hoy en torno a los círculos de poder. Sólo el nivel de su cultura y su sensibilidad artística marcan la crucial diferencia.”

“¿Para quién da cuenta de sus pasos este hombre de treinta y tantos años? Intuía que no tendría descendencia (no la tuvo: se contentó con sobrinos y sobrinas), y además casi una tercera parte de sus anotaciones no son las que un padre quisiera que leyeran sus hijos una vez muerto. Es cierto que ellas adquieren la categoría de crónica muchas veces, pero a su lado, con el mismo énfasis, está ese lenguaje críptico con el que Sam se hablaba a sí mismo. Es como si nuestro hombre quisiera vivir dos veces y la segunda –la vida escrita– tuviese más importancia que la primera. Su interés en describir sus modestos placeres y el empleo de palabras en español –como «ella» y «su cosa», «hazer» (sic)– indica que Pepys hallaba placer en el acto de escribir estas anotaciones y seguramente lo volvería a experimentar al leerlas tiempo después. Ni siquiera el peligro de que sus diarios fueran descubiertos por Elizabeth o utilizados contra él por sus enemigos detenía su mano.”

“Un estilo sobrio y a la vez lleno de alegrías, alejado del ornato engolado que lastraba la escritura de la época. Pepys escribió sus diarios en un lenguaje llano, preciso. Todos sus defectos (la cobardía política, el egoísmo, su ética relajada) resultan suavizados por el tono de inusitada y humilde sinceridad con que relata sus acciones, una sinceridad literaria que se propaga a su peripecia existencial precisamente por la brillantez y singularidad de la voz que narra.”

“Samuel Pepys dejó de escribir porque temía volverse ciego. En realidad, sus ojos le sirvieron hasta el último día. Todavía vivió veinte años más.”

“Pepys inició su bitácora el 1 de enero de 1660 usando la novedosa taquigrafía de Shelton.

“Se ejercitó en el diarismo durante nueve años hasta que un facultativo papanatas le prohibió la escritura al diagnosticarle indicios de ceguera.”

“El Diario se publicó en 1825 y recibió el aplauso crítico de Sir Walter Scott. Desde entonces es obra de culto para las letras inglesas”

“Descreído de las disputas religiosas y de las trapisondas políticas, aunque se beneficiase de ellas”

“Un diario que consigna comilonas, borracheras y anécdotas variadas, haciendo apuntes de involuntaria relevancia sobre la Historia y los individuos, desde el rey hasta el menos estimable de sus compinches tabernarios.”

“Ni narra otra cosa que la prosaica vida de un señor de lo que hoy llamaríamos la clase media.”

“Dickens, tuvo en él a un maestro en el arte de contar la vida del súbdito sin otra aspiración que la mesocracia.”

“Pepys, que se aburría con los sermones, era aficionado a las ejecuciones disfrutándolas desde la ventana de su casa.”





“España parece un claustro; nada se mueve”
(Samuel Pepys, 1633-1703)

Del señor Pepys se dice que llevó una vida: ‘zigzagueante de la taberna al sermón y del Almirantazgo al lupanar’. Pepys, hablando de las obras de Shakespeare decía aburrirse con ‘La Noche de los Reyes’, encontraba el ‘Sueño de una noche de verano’ insípido y ridículo y juzgaba la ‘Tempestad’ con indisimulada severidad, y lo hacía sinceramente, sin la menor hipocresía, procurando huir de las opiniones, ya en su época aunque sobre todo un siglo después, demasiado estereotipadas y, en contraposición, tratando de aportar una visión más crítica y exacta. Unas muestras de sus diarios:

“Octubre 13 de 1660. A lo de Milord esta mañana, pero como aún no se había despertado, me fui a Charing Cross, a ver ahorcar, arrastrar y descuartizar al mayor general Harrison, lo que se hizo. El mayor general mostraba el mejor humor que pueda tener un hombre en esas circunstancias. Lo cortaron en pedazos y su corazón y su cabeza fueron exhibidos. El pueblo dio grandes gritos de júbilo.”

“La comida fue muy buena, pero el pastel de venado era evidentemente de buey, lo que demuestra sin duda una falta de honestidad.”

“Nos vimos obligados a comer con mi padre porque no tenemos carbón y en nuestra casa hace un frío de los mil demonios”

“Los ladridos del perro del vecino me han molestado toda la noche al punto de no poder dormir más que una o dos horas, y me he levantado tarde.”



“Diciembre 31. En la oficina toda la mañana. Luego al teatro a ver representar Enrique IV [de Shakespeare] que no me ha agrado nada, sin duda porque yo esperaba algo extraordinario. Luego a lo de Mi lord, que jugaba a las cartas con personas de calidad.”

“Mi criado ha traído de casa de Milord un gato que la gobernanta le ha dado porque estamos infestados de ratones”

“Julio 8-13. Toda la semana, ocupado en examinar los papeles y las ropas de mi tío (su viuda está de un humor muy desagradable). Fastidiados, descubrimos que su fortuna no corresponde a lo que calculábamos y a lo que todo el mundo cree. ”

Noviembre 23. Me visitó esta tarde Sir G. Carteret. Fantásticas las argucias que tramamos para que los gastos de esta guerra parezcan más cuantiosos, y obtener así más dinero. ”


(…)


domingo, 17 de septiembre de 2017

17 de agosto / 2017





Ella no quería, pero la están obligando a quitarse la careta…
¡y menudo careto!

El mismo día, 17/09/17 en ‘El País’, el diario dependiente de Langley:

“¿Qué más tiene que pasar en Venezuela para que esos fieles devotos se caigan del caballo? ¿Que descuarticen bebés?”
(Rosa Montero)

Y no se lo pierdan, ‘Rosita la sabandija’ también firma esto, no sola sino 'en compañía de otros':

“Rechazamos el 1 de octubre como una estafa antidemocrática. Y llamamos a no participar en esta convocatoria, que es lo opuesto a un ejercicio de libre decisión del pueblo de Cataluña”. Es la alerta que lanza un manuscrito suscrito por casi un millar de firmantes, la mayor parte intelectuales y artistas que se definen de izquierdas, que se publica hoy en EL PAÍS (Langley) contra el referéndum ilegal de independencia en Cataluña.
Los firmantes se definen como personas que rechazan las políticas de Mariano Rajoy. De los profesionales destacados, 37 son catalanes, como la directora de cine Isabel Coixet; las actrices Mónica Randall, Julieta Serrano y Rosa María Sardá; el escritor Félix Ovejero o la catedrática Victoria Camps.
Del resto de España, lo suscriben también los escritores Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Rosa Montero, Juan José Millás y Manuel Rico; el diseñador Javier Mariscal, el director de cine Fernando Colomo; el economista Juan Torres; el músico Miguel Ríos, y quien fue fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, entre otros.

Tomen nota de la crème de la crème,
(¡todos a sueldo de Langley!)
del Régimen PPSOE.

(No, si ya, si sólo es para los que todavía no se han caído del guindo. Los más adictos ya sabemos que sabían de las plumas mercenarias más destacadas y mejor solapadas. Por cierto, al Vila-Matas a lo mejó no le han salido los números... porque en caso contrario no me explico yo que se quede fuera del foco mediático-crematístico...)


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sábado, 16 de septiembre de 2017

16 de agosto / 2017


Historia de la literatura fascista española
(A Cela lo que es de Cela)
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(Notas) Franco Moretti sobre la historia y teoría de la novela.

«Quien deja la senda peligrosa por la segura –dice Galessin, uno de los caballeros de la Mesa Redonda no es un caballero, es un mercader»

-A menudo se califica ‘La historia de la piedra’ como ‘Los Buddenbrook’ chinos, y ciertamente ambos son relatos sobre la decadencia de una gran familia, pero ‘Los Buddenbrook’ cubre medio siglo en quinientas páginas, y ‘La historia de la piedra’ abarca una docena de años en mil páginas: y no es sólo cuestión de ritmo (aunque obviamente también lo sea), sino de jerarquía entre la sincronía y la diacronía: ‘La historia de la piedra’ tiene un dominante «horizontal», en el que lo que realmente importa no es lo que hay «por delante» de un acontecimiento dado, como en la prosa «prospectiva» europea, sino lo que hay «al lado»: todas las vibraciones que se extienden por este inmenso sistema narrativo, y todas las contravibraciones para intentar mantenerlo estable. Antes señalé que la ruptura de la simetría permitía a la prosa europea intensificar la irreversibilidad; la irreversibilidad está presente también en las novelas chinas, por supuesto, pero, en lugar de intensificarla, a menudo intentan contenerla y, por lo tanto, la simetría recobra su importancia: los capítulos se anuncian por dúos que claramente los dividen en dos mitades; muchos pasajes importantes se expresan en la maravillosamente denominada «prosa paralela» («cada tarde dedicada a la búsqueda del placer; cada mañana una ocasión para el coqueteo iluso»); en toda la arquitectura de la novela hay bloques de diez, veinte, incluso cincuenta capítulos que se reflejan entre sí a lo largo de cientos de páginas... Es realmente una tradición alternativa.
Alternativa pero comparable: hasta el siglo XVIII, se podía decir que la novela china era mayor en cantidad y en calidad que cualquiera de las europeas, con la posible excepción de Francia. «Los chinos tienen miles de novelas, y ya las tenían cuando nuestros antepasados vivían en los bosques», comentaba Goethe a Eckermann en 1827, el día que acuñó el concepto de Weltliteratur (mientras leía una novela china).
Pero las cifras son incorrectas: en 1827 había miles de novelas en Francia, o en Reino Unido, o de hecho en Alemania, pero no en China.

-¿Qué significó el nacimiento de una sociedad de consumo para la novela europea? Más novelas y menos atención. Las novelas baratas, no James, daban el tono al nuevo modo de lectura.



-Como espero que quede claro, mi atención al consumo, la moda y la distracción no pretende eliminar el capitalismo de la historia literaria, sino especificar qué aspectos tienen una función causal más directa en el despegue de la novela. Incuestionablemente, la expansión capitalista como tal creó algunos de los prerrequisitos generales clave: una población mayor y más alfabetizada, más renta disponible para gastar y más tiempo libre (para algunos).

-«Cuando lee el primer capítulo, el buen lector tiene ya la vista puesta en el último», dice un comentario al Jin Ping Mei (que tiene dos mil páginas); «cuando lee el último capítulo, ya está recordando el primero».

-Así es la lectura intensiva: la única lectura verdadera es la relectura, o incluso «una serie de relecturas», como algunos comentaristas parecen asumir. «Si no pones la pluma en acción, no puede realmente considerarse lectura», dijo en una ocasión Mao. Estudio, no el consumo de un volumen al día.

-¿Qué hace la aventura en el mundo moderno? Margaret Cohen, de quien he aprendido mucho a este respecto, lo considera un tropo de la expansión: capitalismo a la ofensiva, planetario, cruzando los océanos. Pienso que tiene razón, y sólo añadiría que la razón por la que la aventura funciona tan bien dentro de este contexto es que es muy buena imaginando la guerra. Enamorada de la fuerza física, que moraliza a modo de rescate de los débiles frente a todo tipo de malos tratos, la aventura es la perfecta mezcla de poder y derecho para acompañar a las expansiones capitalistas.


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viernes, 15 de septiembre de 2017

15 de agosto / 2017


Ángeles Maestro en el mitin de Bonavista, en Tarragona:
"DESDE POSICIONES REVOLUCIONARIAS HAY QUE DEFENDER EL DERECHO A LA AUTODERMINACIÓN"



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“Catalanas y catalanes, desconfiad de los regalos…”

Iñaki Gil de San Vicente



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Hobsbawm sobre Bourdieu (Notas)


-Todo investigador que trate de entender el mundo social lo hace sobre la base de lo que Bourdieu llama «presuposiciones objetivistas», las únicas que nos permiten juzgar la veracidad de nuestras observaciones, legitimar nuestra metodología y justificar nuestras generalizaciones.

- “este tipo de autoanálisis juega un papel en las condiciones de desarrollo de mi pensamiento. Si puedo decir lo que digo hoy, es sin duda porque nunca he dejado de emplear la sociología contra mis propios determinantes y limitaciones sociales; y porque la he utilizado, por encima de todo, para transformar los ánimos, simpatías y antipatías intelectuales que tan importantes son, a mi modo de ver, a la hora de tomar decisiones intelectuales”.

La auto-biografía reflexiva constituía una parte necesaria del pensamiento y de los escritos de Bourdieu, que no eran un corpus cerrado, sino más bien un diálogo incesante –en ocasiones repetitivo, pero siempre en desarrollo interminable– con su tiempo. Para él, la historia era precisamente lo que nos permitía superar esos obstáculos.

“Al descubrir su historicidad la razón gana los medios para escapar de la historia […]. Hay una historia de la razón, lo cual no quiere decir que la razón pueda reducirse a su historia, pero hay condiciones históricas para la emergencia social de la comunicación que hacen posible la producción de la verdad”.

“Me propongo mostrar que lo que llamamos lo social es historia de principio a fin. La historia está registrada en las cosas, las instituciones –máquinas, instrumentos, leyes, teorías científicas–, pero también en los cuerpos. Toda mi tarea es un intento por descubrir la historia allí donde ésta se ha escondido mejor, a saber, en las mentes de la gente y en los pliegues de sus cuerpos. El inconsciente es historia. Eso es cierto, por ejemplo, de las categorías del pensamiento y de la percepción que espontáneamente aplicamos al mundo social”


Si bien el modelo bourdieuano de los «campos de lucha», junto con sus métodos, es aplicable a cualquier situación, se concibió para otras cuestiones históricas. Su pertinencia, por lo tanto, es limitada. No fue diseñado para explicar ninguna de las dos experiencias centrales de la historia humana: la revolución neolítica, que vio cómo los cazadores-recolectores se volvieron agricultores, y la revolución industrial, que continúa transformando el planeta.

“Hablar de 'habitus' es asumir que el individuo –incluso el personal, el subjetivo– es social, colectivo. El 'habitus' es una subjetividad socializada”

El 'habitus', por lo tanto, ocupa el espacio que hay entre las estructuras y las actividades humanas, entre la acción consciente y la determinación histórica; en términos marxistas, es lo que une la base a la superestructura.

Ofrece una respuesta concreta a la pregunta: qué es lo que sucede realmente cuando –según la frase de Marx– «los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a voluntad; no la hacen en circunstancias que hayan elegido ellos mismos, sino bajo circunstancias dadas y heredadas, que han de confrontar directamente».


Lo que sí expone muy bien, por otro lado, es que en una sociedad que sufre constantes mutaciones a un ritmo acelerado, la mayoría de los seres humanos a principios del siglo XXI se hallan en la misma posición que los cabileños en la década de 1950. Todos nosotros hemos sido arrojados a un mundo en el que el trabajo y las relaciones humanas han dejado de ser la «simple ocupación» que se ajusta a «la división tradicional de tareas o al intercambio tradicional de servicios». Tanto los hombres como las mujeres deben adaptarse y resistirse a la pulverización del mundo social de relaciones personales y generales en el que fueron educados. Se trata precisamente del tipo de sociedad dedicada a «perseguir la felicidad» –inseparable, en un mercado capitalista, de la compra de bienes y servicios– por parte de seres humanos concebidos en tanto que individuos, lo cual genera inevitablemente «el peso del mundo» que Bourdieu analizó en la década de 1990-2000.

¿Por qué sucede que aquellos que son –y saben que son– explotados y tratados como inferiores, aceptan tan a menudo su situación? Este problema lleva preocupando desde hace mucho a aquellos que quieren cambiar la sociedad para mejor y, especialmente, a aquellos cuyo compromiso político con la causa de un mundo mejor les lleva a las ciencias sociales. Tal y como se puede comprobar en el soberbio capítulo sobre los «modos de dominación» en ‘Le sens pratique’, el tema ocupa un lugar central en la obra de Bourdieu y en este caso su enfoque puede parecer superior al de Gramsci, que también abordó la cuestión a través de su concepto de «hegemonía».

La «violencia» no hace nada por iluminar los procesos de fetichización en virtud de los cuales las mercancías teorizadas por Marx ocultan las relaciones sociales subyacentes a ellas y a través de los cuales las relaciones de poder y dependencia ya no se establecen directamente entre personas, sino, de forma objetiva, entre instituciones».

Pero pocos pensadores han llevado a cabo este tipo de análisis con semejante brío y nadie vio tan claramente como él que, en las sociedades contemporáneas, las instituciones académicas se han ido convirtiendo paulatinamente en los principales lugares de fabricación y definición de la dominación social.

“El objeto de las ciencias sociales –escribió en Le sens pratique– es una realidad que comprende todas las luchas, individuales y colectivas, que pretenden conservar o transformar la realidad y, en particular, aquellas cuya meta es imponer la definición legítima de realidad, y cuya eficacia específicamente simbólica puede ayudar a conservar o a subvertir el orden establecido, es decir, la realidad”

Hace cuatro años se le concedió el Premio Ernst Bloch, en memoria del filósofo utópico alemán que formuló el «principio de esperanza»: el hombre vive porque tiene fe en un futuro mejor. Que yo sepa, Bourdieu, que no era en ningún sentido un utópico, nunca escribió sobre Bloch, pero sabía perfectamente por qué lo habían elegido para el premio. El principio de esperanza es un aspecto indestructible, indispensable, de la existencia humana. Y Bourdieu mantuvo la fe en él, porque quería transformar el mundo para mejor. No creía que bastara con que los filósofos lo interpretaran.


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jueves, 14 de septiembre de 2017

14 de agosto / 2017


“Corea del Norte en el gran juego nuclear”
Manlio Dinucci


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“No estoy ni de un lado ni del otro, estoy en medio, soy el tabique”
(Beckett)

En fin, allá penas. Las relaciones (las que sean) que establecemos o en las que caemos no tienen un único sentido, y menos un sentido o significado final. Los malentendidos, los humanos y los inhumanos también, nos persiguen. Disipas algunos  mientras a tu alrededor brotan incontroladamente otros muchos, y claro, no das abasto.

El malentendido, te dices por fin, no fue la causa de nada sino el origen (consustancial) de todo. El malentendido que engulles y reproduces, activo y pasivo en su proceso, las más de las veces lo justificas en que la propia realidad es, se te aparece: heterogénea, fluctuante, volátil, imprecisa, esquiva, traicionera… y claro, así no hay manera de conocer, de aprehender. ¿Más vale malentendido en mano? De ahí a echar de menos el orden domesticado y esterilizante de la tradición… toda una progresión malentendida: ‘un paso adelante, dos pasos atrás’.


“El fascismo es el arte de impedir que la gente se ocupe de lo que le interesa”
(Valéry)

Los ‘malentendidos’ de Juan Goytisolo. Recuerdo ahora el ‘malentendido’ que llevó a Juan Goytisolo, (según nos cuenta en su obra ‘En los reinos de taifa’), allá por los años cincuenta del siglo pasado, a solicitar audiencia a Sartre en nombre de un joven, aunque ya muy hiperinflado de narcisismo y egocentrismo, Camilo J. Cela que por entonces se encontraba en plena campaña de promoción en Francia de su obra ‘La colmena’. Una vez concedida la cita, Cela confió a Goytisolo que se proponía pedir a Sartre una firmita en una preciada botella de coñac que poseía y que ya había sido anteriormente rubricada entre otros figurones de la cultura por el ‘gran’ Hemingway. También había considerado imprescindible contratar un fotógrafo para inmortalizar el histórico encuentro (“Quien aspira a convertirse en personaje sacrifica su verdad más íntima a una imagen, al perfil exterior”). Goytisolo consiguió al fin convencer al censor franquista (¿perfectamente camuflado en el malentendido antifranquista?) de que la ‘entrevista’ tuviese lugar sin la dichosa botella de coñá ni el ridículo fotógrafo publicitario. Aunque la conversación entre Sartre y Cela que tradujo como mejor pudo, pulió e improvisó, ya que Cela no entendía ni papa de francés, fue más bien un ‘malentendido’ diálogo de besugos al que, tras unos prolegómenos delirantes, un perplejo y disgustado Sartre puso fin antes de la hora convenida con su inquietante e inquisitiva mirada tuerta inmisericordemente clavada en el ya desolado y accidental traductor. Goytisolo nos confiesa haber malentendido a Cela (“esa forma indirecta de loa que adopta la cara falaz del insulto”), a Sartre y sobre todo su propio papel de conseguidor privilegiado que interpretaba gracias a las ‘gracias’ de la que por entonces era su pareja sentimental (Monique Lange), chica de muy buena familia y además muy bien enchufada en la cúpula de la industria editorial francesa (“Careciendo, como carezco, de cristiana propensión al sacrificio, me rodeaba de pretiles y muros de defensa”). Malentendido amoroso-político-social del que Goytisolo tardó en ‘enterarse’ y, cuando le pareció más conveniente, huyó. Aunque no del todo, enterarse y huir, en las dos vertientes, como hemos podido comprobar, con su alimenticia relación de dependencia con  ‘El País’ de Langley y el sonrojante abrazo ‘Real’ al  ‘enmierdado’ premio Cervantes, todo ello en los últimos años de su vida (“A partir de cierta edad, el individuo aprende a despojarse de lo que es secundario o accidental para circunscribirse a aquellas zonas de experiencia que le proporcionan mayor placer y emoción: escritura, sexo y amor configurarán en adelante tu territorio más profundo y auténtico: lo demás es un pobre sucedáneo de ellos”). O todo es malentendido mío, que también malentiendo lo mío.

ELOTRO


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miércoles, 13 de septiembre de 2017

13 de agosto / 2017





Cesare Pavese:
"El punto de conexión de tu oficio con la vida es la necesidad de expresión del primero y la necesidad de contacto con el prójimo de la segunda". (…)
"Es hermoso escribir porque este acto contiene dos alegrías, hablar consigo mismo y hablar a una multitud. Si consiguieses escribir sin una sola tachadura, sin un retroceso, sin un retoque, ¿le cogerías todavía gusto? Lo bonito es pulirte y prepararte con toda calma para ser un cristal" (…)

“Son más las cosas de las que no escribimos que aquellas de las que escribimos. Igual que la masa de los hombres se mueve en el círculo de sus preocupaciones y vive ‘sanamente’ los más diferentes problemas, así tú, ‘enfermo’ de literatura, no tratas por escrito más que cuestiones literarias y para todo el resto te mueves entre tus preocupaciones y viviéndolas ‘sanamente’ y en conciencia. He aquí cómo se puede acabar con la estúpida polémica contra los literatos y sostener que también ellos son hombres. Por lo menos, tanto como los analfabetos o los que no escriben.”

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Muñoz-McEwan: el dinero de los criminales sionistas no huele y toda esa mierda…
…y en cualquier caso, a nosotros que PODEMOS, nos vale (Rendueles).

“En 2011 me asombró la facilidad con la que unos de los escritores británicos más aclamados, Ian McEwan, un hombre bruñido por los destellos de la ilustración burguesa, aceptó el Premio Jerusalén de literatura en el Estado de apartheid.
¿Habría ido McEwan a Sun City en la Sudáfrica del apartheid? Ahí también concedían premios, con todos los gastos pagados. McEwan justificó su acción con palabras ambiguas acerca de la independencia de la “sociedad civil”.
(John Pilger)

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Robert Walser. Un fragmento de la carta que el paseante escribió a Frau Bandi:

“A veces me veo a mí mismo como una figura onírica, como un personaje quimérico. No vivo, y, sin embargo, estoy vivo… El buen sol brilla dentro de mi cuarto, sobre la mesa, sobre el papel de escribir, en la punta de mi nariz y de la pluma con que escribo estas necias palabras. ¿Verdad que también comparte la opinión de que el mundo es fabulosamente bello?… Yo mismo me considero más un tipo bueno, tonto y honesto, que malo, listo y ambiguo, más ingenuo que taimado, más recto que torcido y, por desgracia, más insignificante que importante o connotado.”


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martes, 12 de septiembre de 2017

12 de agosto / 2017


“El nuevo cuartel general de la inteligencia de la OTAN”
Manlio Dinucci



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Veo, veo… y creo, creo… lo que echan por la tele…

Lo que se muestra no es comparable a lo que se oculta. Subliman las ‘imágenes’ de la representación (su función decorativa), y es así como éstas se nos ‘muestran’ acogedoras y protectoras. ¡La chispa de la vida!

La naturaleza me obliga –escribió Poussin- a buscar y a amar cosas que estén bien ordenadas, huyendo de la confusión, que me es tan contraria y adversa como lo es el día a la noche más oscura. O sea, que el gran pintor se afanaba en una exigente tarea de selección, y posterior abstracción de lo que el consideraba esencial. Una forma de ‘sublimación’ que el artista consideraba, y así lo declaraba, ‘honesta’. El arte, podemos deducir de su texto, es un asunto muy serio para dejarlo en manos de los mecenas (de antes y de ahora), que principalmente reclaman representaciones e imágenes de ‘lo real’ convenientemente banalizadas y eficazmente escapistas. Otra forma concreta, en definitiva, de sublimación ‘obligada por interesada’.

Decía Marx que somos más responsables de la cultura que reproducimos que de la que, previamente, engullimos. En cierta manera estamos ‘obligados’, sea mediante coerción o persuasión, a consumir, pero sin embargo a la hora de  ‘digerir’ podemos hacerlo, al menos en parte, por cuenta propia (‘Tanto la voluptuosidad como la beatitud tienen un trayecto fisiológico que va desde el ano por los intestinos hasta el corazón y el cerebro). O sea que, en cierta medida,  podemos tratar, seleccionar, abstraer, desechar y disponer el fruto resultante según nuestro, es un decir, personal gusto y criterio.

Acaso no resulta curioso que, cuando el amo pregunta, siempre sepamos (ya engullido, ya digerido) lo que quiere oír como respuesta: ‘A mandar, que para eso estamos’, digo en cualquiera de sus miles de versiones, no se me pongan gallitos. No tienen más que comprobar (¡en las propias carnes!) cómo la pretensión de todo grupo dominante (desde USA hasta el patrón del taller. La ‘hegemonía es una combinación ‘variable’ en sus proporciones de coacción y consentimiento) fundamentada en ‘representar’ (desde el puesto de ordeno y mando) el interés universal, a pesar de su más que evidente naturaleza fraudulenta, acaba siendo mayoritariamente ‘asimilada y consentida’ con más o menos entusiasmo por la ‘subordinada’ servidumbre (manual e intelectual).

Y sin consentir, para muestra ahí van tres titulares publicados hoy, 24 de agosto de 2017, en eldiario.es, el periódico del titiritero, magnate y filántropo bonachón: George Soros:

 “AccuWeather vende y accede a tus datos del iPhone incluso si te niegas”

“Qué es lo que tiene que ver Burger King con la deforestación descontrolada en Brasil y Bolivia”

“Las agresiones a médicos alcanzan el máximo de los últimos años con un sistema de salud saturado”

Si tienen la suerte de dar con las ‘asociaciones’ que se ocultan tras la apariencia heroica de la ignominiosa realidad, esto queda zanjado.


ELOTRO

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lunes, 11 de septiembre de 2017

11 de agosto / 2017


El asesino del canal (Maigret)

Georges Simenon


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El V Centenario del día que descubrimos la mina de esclavos…

“-nos prometió que nos daría indios, en vacando… y que habíamos de ir de guerra y cargar los navíos de indios de aquellas islas, para pagar con indios el barco, para servirse de ellos por esclavos…”
(Bernal Díaz del Castillo)

Y dejando estas razones aparte… reconozcamos sencillamente que todo eso aún rezuma.

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Karl Ove Knausgard:

El Ulises de Joyce: “vital para enseñarme que se puede escribir sobre cualquier cosa; lo veo como un manual de escritura” 

“El escritor definitivamente se hace, no nace; yo quería serlo a toda costa y no lo conseguía: leía mucho, intentaba absorber las experiencias vitales de los autores, pero luego, al plasmarlo, al escribir, salía algo como ajeno, alejado de mí; lo del papel no me representaba… La clave está en desaparecer uno mismo y luego que lo que has escrito vuelva a ti; en ese punto uno se hace escritor”.

“Ha aflojado, pero en los diarios llegaba a salir si me había cortado el pelo o comprado una casa; fue un auténtico shock en mi sistema vital, pero cuando abres las puertas de ti mismo así también lo haces de las de tu vida privada, y entonces la frontera es compleja. Si defiendes escribir sin límite alguno es difícil situar el umbral; pero no leo casi nada sobre mí, es como si hablaran mal de un personaje de cómic”

“Las cosas están en tu cabeza y al escribir las vas recuperado; escribir no deja de ser un viaje interior a tu mente y a tu cabeza: todo libro es más sobre recuerdos de hechos que sobre hechos en sí…”.

“La lucha por conseguir ese objetivo de escribir a la vez que vivir la vida cotidiana; mi problema es que la vida, a mi alrededor, se desvanece; no estoy donde estoy; con un libro yo intento fijar la plena consciencia del aquí y ahora… Acabo de terminar uno sobre cosas que tenía en un radio de no más de 10 metros de mí, como un cepillo de dientes; todo objeto tiene capas y capas de sentido; eso es escribir: decidir dónde mirar”

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“¿No es culpa del uno si no puedo ser el otro?”
(Beckett)

Beckett dedicó el verano de 1930 ‘a leer dos veces los 16 volúmenes de esta obra (En busca del tiempo perdido) en la abominable edición de la Nouvelle Révue Francaise y se quedó fascinado por el lenguaje y estilo proustianos.’
Joyce recomendó a Beckett que escribiera lo que ‘le dictara su sangre, no su intelecto’.

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“Hemos protagonizado nuestra vida o somos actores secundarios”
(Dickens)

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“Ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la enfermedad…”
(Burroughs)

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“¡Aprende a necesitar lo que te ofrezcan! Hay que razonar ‘según la parte mejor de nosotros mismos’ (la parte conformista)”
(Günther Anders)


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