Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 30 de septiembre de 2016

“Prueba a no tener prisa”






22 de septiembre/2016

“…para mí sólo valen los diarios 
escritos contra uno mismo (Pavese, Kafka)…”
Ricardo Piglia


“En la mitología griega, el centauro es una criatura con la cabeza, los brazos y el torso de un humano y el cuerpo y las piernas de un caballo”. Conferenciando Borges sobre Joyce y a propósito de su Finnegans Wake advierte sobre las “palabras-centauro”, así las califica, que “crea” el revolucionario escritor irlandés.
(¿Una palabra-centauro sugiere necesariamente una imagen-centauro? ¿Y una idea o concepto-centauro?).

Se me ocurre que se trata de un ejercicio creativo similar al que realiza de manera tan fecunda y prolija  El Bosco, y también en parte Patinir o Brueghel, en su pintura, digamos “imágenes-centauro”, cuyo origen, o al menos precedente menos ignorado, podemos situar en la pintura mitológica griega, en sus bajorrelieves, en su cerámica, en su joyería…y, por qué no, en sus incontables escuelas filosóficas…

Borges, vía Piglia, te da sorpresas:
“Una persona que no trabaja para ganarse la vida se encuentra un poco fuera de la realidad”
-Un “poco” dice… hasta ahí llega…¡el escritor fantástico!


Plantas muy aparentes que ocultan la raíz reaccionaria…

Decía Derrida: “lo originario no existe, siempre hay un origen que precede al origen”.
¿Por ejemplo? Nunca, pienso, viene mal ofrecer ejemplos detallados… eso nos ayuda a enfocar: ¿qué sería el enfoque? Se pregunta Piglia, mirar una cosa por vez, se responde.

Bueno, dejémoslo en quizás (¿un origen sucesivo en el que cabe un antes y un después?), no nos supone ningún trauma aceptar el hecho de que no exista un exacto y concreto origen puro y temporalmente preciso,  pero ese enunciado tal que así de general y de abstracto y tan de acabamiento fatalista metafísico no puede ser, sin más y por llamarlo de alguna manera, una aceptable conclusión, colofón o desenlace de carácter ni medio definitivo… y aunque sólo fuera, digo, para arrancar y para entendernos deberíamos de medio concretar, todo lo matizado y provisional que se quiera, en algún punto o zona acotada del mapa, ¿no? ¿o no interesa superar la vulgar división entre teoría y práctica? sí, de eso hablo, de la incómoda y cansada pero muy agradecida praxis.
Aportemos algún ejemplo de lo “originario” por nuestra cuenta, que no digo de nuestra cosecha (vaya por delante que ya sabemos, por abundar en los ejemplos, que, tras muy diversas invasiones mediantes, resulta indudable que ni todos los ingleses son de origen sajón ni todos los irlandeses de origen celta, que la realidad en todas sus manifestaciones es mucho más compleja y heterogenia en sus raíces y en sus ramificaciones), que nos pueda interesar para ahondar este, creo que  interesante, asunto:

“Entre 1840 y 1845, el agudo genio de Edgar Allan Poe produjo cinco relatos en los que quedaron postulados para siempre los principios generales de la narración policíaca”.
¿Origen?
“Pero si Poe es el referente, ¿Cuáles fueron sus propias influencias? La crítica se inclina a pensar en el “Barnaby Rudge” de Dickens…”
En fin, ya salió el “que precede al origen”…


Y otra: “Ezra Pound dice: Flaubert es el precursor inmediato de Joyce. En ‘Bouvard y Pécuchet” aprendió la forma enciclopédica que estructura su Ulises”.

Y en otro orden de cosas, podríamos buscar el origen del capitalismo, y estaríamos en las mismas porque las gestaciones suelen ser largas y complejas y, como dijo aquel marxista, “lo nuevo nace de lo viejo y en lo viejo”.   


El “normal” discurrir de las cosas… que se dice sin pensar lo muy pensado que está el dichoso dicho.
(ELOTRO)




Roberto Esposito: “El lenguaje es siempre performativo. Donde seguramente esto se haga más patente es en el derecho, donde la función performativa de los términos es constitutiva. Un buen ejemplo es «el juramento» al que Jacques Derrida dedicó algunas reflexiones. Cuando uno dice «juro sobre esta Constitución», ese «juro» no es solamente una palabra, sino que crea un vínculo real y efectivo”.
Uno, como explicitaba aquel magnífico dibujo del Goya anciano, no deja de aprender. Ahora bien, eso del “vínculo real y efectivo” paréceme a mí por lo menos algo más que dudoso. No hay más que escuchar atentamente la cháchara, y por supuesto evaluar sus concretas consecuencias prácticas si fortuitamente las hubiere, que se gastan los sicofantas podemitas para comprobar lo que da de sí esa “jerga de rufianes”, que decía Benjamin. Y el caso es que el tal Esposito, filósofo italiano presuntamente no posmoderno, debería de estar más que al tanto de la existencia de este ganado, que en su Italia también abunda, y que, como tenemos más que comprobado, no hace otra cosa que balar filosóficamente predicando el contentamiento con lo dado (y eso también, “colocar” lo primerito a exnovias, novias y familiares).

Al “ni-ni” (ni de izquierda ni de derecha etc…) le encanta hablar por hablar, como aquel irresoluto que dijo:
“No sé que me haga: si meterme a servir o tomar criada”
¡Qué dilemas se plantean, en la ficción de verdad o en la que pita en  la barra del pub, los que pueden permitirse el lujo de aburrirse en su monótona realidad de acomodados!


En casa de psicólogo…
“No te lo quiero decir; pero madre es muerta”.

Dice Piglia que dijo el traductor Borges, que el primer libro que leyó fue El Quijote en inglés, y que cuando por fin leyó el original castellano le pareció una mala traducción.
Traductores traidores…


ELOTRO

“Prueba a no tener prisa”
(Pavese)


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martes, 27 de septiembre de 2016

Pensar es producir





21 de septiembre/2016
(El otoño ha venido pero, al menos en Madrid, el verano no se ha ido. Ni los buenos melones…)


Hacer del límite materia.
(Pavese)


Notas de lecturas: Sacristán prologa a Labriola.

El Sacristán prologuista goza con toda justicia de un gran prestigio, aunque se suele destacar sobre todos, y de camino voluntaria o involuntariamente se ensombrece al resto, su magistral prólogo al Anti-Dühring de Engels. Pues bien, traigo aquí unas notas de su “Por qué leer a Labriola”, pequeño ensayo que me parece un espléndido ejemplo de la capacidad de Sacristán  para no sólo sintetizar su muy peculiar pero precisa y creativa “lectura” del texto “clásico”  que sigue al  introito sino, al mismo tiempo, su aguda y clarividente manera de argumentar, analizar y evaluar, siempre desde el pensamiento crítico y la perspectiva histórica debida y centrada ésta en el que fue el determinante contexto histórico que le dio origen y, tras el tiempo transcurrido desde entonces, el que es asimismo el contexto social, político y cultural contemporáneo a la propia  edición (Barcelona 1968) que prologa.
Las cosas en su sitio, la abstracción teórica en su situación (espacial y temporal) concreta.
Y nuestra lectura, aquí y ahora… sólo queda internarse en el texto y… ver qué pasó y qué está pasando… sí, pero por cuenta propia.

ELOTRO





Del prólogo de Manuel Sacristán al libro de Antonio Labriola: “Socialismo y filosofía”.

En el marxismo no tiene sentido distinguir, a la manera de los escolásticos, entre materialismo dialéctico y materialismo histórico como cuerpos de doctrina, o entre economía y sociología marxistas. Pues esas divisiones sólo son válidas en cuanto se aplican a las disciplinas instrumentales (instrumentales desde el punto de vista de la noción marxista de conocimiento, que es conocimiento de lo concreto para la fundamentación de la práctica revolucionaria). Desde luego que la matemática no es física, ni economía, etc. Pero desde el punto de vista marxista ninguna de esas disciplinas es conocimiento sustantivo, sino sólo instrumental. Sustantivo es exclusivamente el conocimiento de lo concreto, el cual es un conocimiento global o totalizador que no reconoce alcance cognoscitivo material (sino sólo metódico-formal) a las divisiones académicas.

Para Marx, la fuente de conocimiento es la realidad en toda su integridad y complejidad... (no ningún tipo o especie de “Biblia” teórica preexistente, a la manera escolástica). El punto de vista marxista del pensamiento de lo concreto se sitúa frente a la función mistificadora del pensamiento especulativo abstracto, de su ideal del conocer. El marxismo es conocimiento de la complejidad real y excluye todo reductivismo a la sociología, a la economía, o a cualquier otra teorización parcial o abstracta, sólo justificable desde el punto de vista del conocimiento de la realidad plena: “Porque el verdadero problema –escribe Labriola- es éste, que no se trata de sustituir la historia por la sociología, como si la historia hubiera sido una apariencia que celara una realidad más básica; se trata de entender integralmente la historia en todas sus manifestaciones intuitivas, y de entenderla por medio de la sociología económica. No se trata ya de separar el accidente de la sustancia, la apariencia de la realidad, el fenómeno del núcleo intrínseco, o como quieran decirlo los secuaces de cualquier escolástica; sino de explicar el entrelazamiento y el complejo precisamente en cuanto que entrelazamiento y complejo”

(¡Y los posmodernos estructuralistas estaban por llegar! Recuerdo el lamento de Sacristán por el tiempo que había perdido leyendo a los “nuevos filósofos franceses”…)

El adverbio “precisamente” no es, esta vez, ortopedia, sino oportuna indicación de la diferencia entre conocimiento dialéctico y conocimiento genéricamente abstracto. (…)



Labriola deja ya en claro, con más precisión que cualquier otro escritor marxista antes que él (y que muchos a él posteriores), la novedad e independencia del marxismo como totalidad concreta, el hecho de que este pensamiento no pertenece a ninguna “especialidad”, a ningún “género literario” preexistente. También Labriola distingue, como más tarde Lenin, tres elementos constitutivos del marxismo, aunque es evidente que ninguno de los dos conoció el paso del joven Marx en que se podría fundar (algo superficialmente) esa distinción. Y hasta se podría decir que se trata de los mismos tres elementos, aunque diversamente descritos: filosofía, crítica de la economía y política proletaria, los tres aspectos indicados por Labriola, se corresponden obviamente con los tres distingos de Lenin (filosofía alemana, economía clásica británica y socialismo francés). (…)

El siguiente paso de la IIª Carta a Sorel es probablemente de los mejores al respecto: “Todos los  escritos de nuestros autores (Marx y Engels) tienen un fondo común, que es el materialismo histórico entendido en el tríplice aspecto de tendencia filosófica en cuanto a la visión general de la vida y del mundo, crítica de la economía que tiene modos de procedimiento reducibles a leyes sólo porque representa una determinada fase histórica, e interpretación de la política y, sobre todo, de la que se necesita y es adecuada para dirigir el movimiento obrero hacia el socialismo. Esos tres aspectos, que aquí enumero abstractamente como siempre ocurre por comodidad del análisis, eran misma cosa en la mente de los autores”. (…) “Es verdad que aquellos tres órdenes de estudio y de consideraciones componían una sola cosa en la mente de Marx y que, aparte de eso, fueron una sola cosa en su obra y su hacer. Su política fue como inherente a su crítica de la economía, que era a su vez su modo de tratar la historia”. (…)



Era además una caracterización del marxismo como pensamiento ajeno (salvo por la relación instrumental) a la actividad intelectual compartimentada, y en ruptura con una tradición milenaria en la teoría del conocimiento y de la ciencia, la tradición clasista, mistificadora y fetichista que glorifica la especulación abstracta sustantivada en conocimiento real, afirmada como supremo ejercicio de humanidad libre y contrapuesta más o menos abiertamente al servil esfuerzo de la práctica.

“…el marxismo es uno de los modos según los cuales el espíritu científico se ha liberado de la filosofía sustantiva” (…) Labriola conceptúa el marxismo como unidad de una crítica, una teoría y una práctica lo que le basta para no reducirlo nunca a teoría pura o en sentido formal”. En “Discorrendo di socialismo e di filosofía” Labriola indica una importante consecuencia de la falacia naturalista, y redondea su exposición con una humorística profecía hoy absolutamente cumplida por la escolástica de los manuales de “materialismo dialéctico”. Habla Labriola de “un grave peligro, a saber, que muchos de esos intelectuales olviden que el socialismo no tiene fundamento real sino en las presentes condiciones de la sociedad capitalista, en lo que puede querer y hacer el proletariado y el resto del pueblo dominado; el peligro, esto es, de que por obra de los intelectuales, Marx se convierta en un mito, y que mientras ellos discurren de arriba abajo y de abajo a arriba por toda la escala de la evolución, al final, se ponga a votación el filosofema: el fundamento del socialismo se encuentra en las vibraciones del éter”.

(…) Labriola entiende el principio de la práctica con una coherencia que ha faltado alguna vez a los mismos grandes clásicos del marxismo, a Engels, por ejemplo, en determinadas consideraciones epistemológicas en el Anti-Dühring. Labriola enseña explícitamente que “todo acto de pensamiento es un esfuerzo, o sea, un trabajo nuevo” y, más lapidariamente, que “pensar es producir”. Bastante pronto, por otra parte, había apuntado la inseparabilidad del principio del materialismo y el principio de la práctica (inseparabilidad postulada por Marx en las Tesis sobre Feuerbach).

Manuel Sacristán / Barcelona, 1º de mayo de 1968


“Pero se olvidan de añadir que a esas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente”.
(Marx/Engels, La ideología alemana)


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sábado, 24 de septiembre de 2016

Apuntar hacia lo “inapuntable”: gesto insensato.





18 de septiembre/2016


“Si deseamos comprender el sistema en su totalidad, debemos aceptar la pérdida de algo. Siempre pagamos un precio por el conocimiento teórico: la realidad es infinitamente rica; los conceptos son abstractos, pobres. Pero es precisamente esa ‘pobreza’ la que hace posible manejarlos, y, por lo tanto, saber. Por eso menos es en realidad más”.
(Franco Moretti)

Culturas fuente (núcleo) y culturas receptoras (periferia), receptoras claro está previo pago de préstamos (para apoquinar el  hardware y el software),  y que de esa forma  generan su propia deuda externa cultural que a su vez las mantienen cautivas… ¡y así afloran las metáforas económicas soterradas!
Perfecta imagen especular de la paralela dominación económica que ejerce el núcleo duro monopolista sobre la pobre, más bien empobrecida y sometida, periferia; estado de cosas que resulta igualmente verificable, a poco que se rasque la cosmética superficie, en el llamado campo cultural (Medios de comunicación, entretenimiento y ocio, universidades e instituciones científicas y de investigación, industrias de la edición, almacenamiento, distribución y difusión, etc.)







Hace unos días visité, la verdad es que pasaba por allí, la expo del fotógrafo José Suárez (1902-1974) en el Instituto Cervantes, traigo un breve apunte a este revoltijo (Revoltijo que trataré de llenar de caminos intransitables que se ramifican incontroladamente, de laberínticas bifurcaciones, de improbables interconexiones y de prometedores caminos sin salida perfectamente señalizados… porque, ¿para qué? ¿hacia dónde?).
Fotógrafo, como supongo muchos otros, para mí desconocido hasta ahora mismito, “traspapelado” dice un crítico, que lleva décadas mamando de la teta del establishment: Régimen-78. Lo más probable es que silenciado como tantos otros artistas “republicanos” que marcharon al exilio, fuera este forzoso o voluntario. El tal Suárez, que fue amigo de Unamuno, Bergamín o Alberti, regresó en 1959 a la España franquista y a partir de ahí dicen que cayó, más bien lo arrojarían, en el olvido. Un espléndido fotógrafo me parece este gallego de Allariz, Orense. Magníficas sus elaboradísimas fotos en blanco y negro, ya sean de los “mariñeiros” o sus series etnográficas o sus hermosas obras realizadas en Japón, de las que por cierto me ha llamado especialmente la atención un curioso (auto)retrato del propio Suárez que aparece sentado junto al cineasta Akira Kurosawa, en 1954. Afortunadamente, sus, ahora, “inolvidables” fotos están disponibles en la red. Merecen una visita.

Vaciando que es gerundio. A fuerza de ir cambiando (sustituyendo más o menos disimuladamente) las partes del Todo, no queda ya nada del origen: sólo resta pues un objeto que no tiene (mejor conserva) otra causa que su antiguo nombre y forma. Estructuralismo: el sistema prevalece sobre el ser de los objetos” Barthes dixit.

La “Doxa” es la Opinión pública, el Espíritu mayoritario, el consenso pequeño-burgués, la Voz de lo Natural, la Violencia del Prejuicio. “Doxología” es palabra de Leibniz. Escribe Barthes.
Y tirando de ese hilo podríamos añadir que la arrogancia del actual “activista” nada tiene que envidiar la antigua, aunque aún perdure en ciertos cuchitriles nostálgicos, arrogancia del “militante”: se trata de la arrogancia “auto-consoladora” del sentido común hegemónico, que, como ya sabemos, carece de buen sentido.

Al asentimiento lo llaman elección. Doxa dominante.
(Dicho queda, aunque sea, que lo dudo, con pleonasmo incluido).

Apuntar hacia lo “inapuntable”: gesto insensato.
Doxa dominante.

El árbol, mediante su ramificación, describe el tránsito de la unidad a la diversidad. Pero ojo, las raíces y el tronco son propiedad de Soros, sea el Soros que sea.

Zygmunt Bauman: “El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú”
Se refiere Bauman a las redes sociales, a cuya comunidad no perteneces sino que más bien es ella la que “te pertenece a ti”, como ejemplifica la posibilidad que cualquiera tiene de añadir amigos o borrarlos, más allá de cualquier mediación de habilidad social para la interrelación. “A falta de reja*, culo de oveja”: Dice que el excremento de la oveja, llegado el caso, puede suplir, incluso con ventaja, la labor del arado. (*Reja: pieza de hierro que forma parte del arado y sirve para remover la tierra).


Hilo publicado en Twitter:
Esta mierda viene de lejos.
“En 1833 (los Amancio Ortega de la seda), habían vociferado amenazadoramente que ‘si se les quitaba la libertad de hacer trabajar durante diez horas diarias a niños de cualquier edad, se pararía el trabajo, y que les era imposible comprar un número suficiente de niños mayores de trece años’. Arrancando así el ansiado privilegio. Ulteriores investigaciones (oficiales) demostraron que este pretexto era pura mentira, lo cual no les impidió estar diez años hilando seda durante diez horas diarias con la sangre de unos niños tan pequeños que era preciso ponerlos de pie sobre sillas altas mientras duraba su trabajo”

(Karl Marx, ELCAPITAL)


Harto ve quien disimula, dice el viejo refrán. Los resabiados posmodernos, al igual que  sus compadres actuales los podemitas, producen, con su característica difusa cháchara un discurso doble, y doblemente asertivo, cuyo propósito emboscado en medio de tanta palabra conceptualmente inútil y tanto verbalismo vergonzante no es otro que la media verdad: la mentira duplicada.




"El hecho es que cada escritor crea sus precursores" escribió  Borges. O sea, que los escritores de ficción no sólo postulan su propia realidad sin conexión con lo real, sino y también a capricho, su propio y determinante pasado, su particular historicismo al margen de la historia que padece el común de los mortales. Como “Dios”, claro, y en otra dimensión, lejos del cieno social. Aunque se me ocurre otra lectura, no sé si a contrapelo: “El hecho es que cada comedia crea su precursora tragedia”.

Ahora que el capitalismo monopolista global vuelve a imponer, vía legislativa o vía “lo tomas o lo dejas que tengo millones de parados esperando” el aumento de la jornada laboral hasta cifras, 10-12 horas, propias del siglo XIX, sin contar la generalizada imposición de trabajar horas extraordinarias no remuneradas, puede ser conveniente la lectura de algunas citas de autores de aquellos viejos tiempos:
“En esto estriba la razón de ser del comunismo científico, que no confía en el triunfo de una bondad que los ideólogos del socialismo iban a buscar en misteriosos pliegues de los corazones de todos los muertos para proclamarla justicia eterna; sino que confía en el incremento de los medios materiales que permitirán que crezcan para todos los hombres las condiciones del ocio indispensables para la libertad”.
(Antonio Labriola citado por Manuel Sacristán en el prólogo a la obra de aquel, que también tradujo, “Socialismo y filosofía”)





Y también:
“El Capital”, Karl Marx
CAPITULO VIII
LA JORNADA LABORAL

"Cuando sorprendemos a los obreros trabajando durante las horas de comida o en otros momentos prohibidos por la ley, se aduce a veces que aquéllos se resisten firmemente a abandonar la fábrica y que hay que recurrir a la coacción para que interrumpan su trabajo" (limpieza de las máquinas, etc.), "en particular los sábados de tarde. Pero si la mano de obra permanece en la fábrica luego de la detención de las máquinas, ello ocurre únicamente porque no se les concedió un plazo para ejecutar esas tareas entre las 6 de la mañana y las 6 de la tarde, en las horas de trabajo establecidas legalmente"

“Para demostrar con qué fanatismo se defienden los obreros, según las declaraciones judiciales de los fabricantes, contra todo lo que signifique interrupción del trabajo fabril. lo indica el siguiente caso curioso: en los primeros días de junio de 1836, los magistrates de Dewsbury (Yorkshire) recibieron varias denuncias acusando a los propietarios de 8 grandes fábricas situadas en las cercanías de Batley de haber infringido la ley fabril. A una parte de estos caballeros se les acusaba de haber hecho trabajar a 5 muchachos de entre 12 y 15 años desde las 6 de la mañana del viernes basta las 4 de la tarde del sábado, sin más interrupciones que las estrictamente necesarias para comer y una hora de sueño. Y adviértase que estos muchachos ejecutaban este trabajo ininterrumpido de 30 horas en el "shoddy hole", corno llaman al infierno en que se desgarran los trapos de lana y en que hasta los obreros adultos, hundidos en un mar de polvo, desperdicios, etc., se ven obligados a trabajar con una venda sobre la boca para proteger sus pulmones. Pues bien, los señores acusados aseguraban bajo juramento –téngase en cuenta que se trataba de cuáqueros, obligados por sus escrupulosas convicciones religiosas a declarar bajo juramento– que, magnánima y piadosamente, habían brindado a aquellos pobres chicos cuatro horas de sueño, sin lograr vencer su testarudez.
Los tribunales condenaron a los señores cuáqueros a 20 libras de multa. Dryden presentía a estos caballeros cuando decía:

Un zorro, cargado de hipocresía,

temeroso de jurar, pero capaz de mentir como el demonio mismo,

que miraba corno la cuaresma, de piadoso reojo,

y jamás se atrevía a pecar antes de haber orado.”

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ELOTRO


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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Borges: Entre la cita y el plagio





17 de septiembre/2016


“Voy a escribir lo que leo”
(J. L. Borges)

Entre la cita y el plagio. Borges citaba mucho sin comillas, como recomendaba Benjamin. Fue un gran lector, caótico, fragmentario, disperso, y un gran traductor, muy “creativo” en ambos casos. Presumía de mejorar, de enrriquecer, de optimizar los textos que traducía, un ejemplo: “Las palmeras salvajes” de Faulkner. Añadía, o injertaba, y suprimía palabras, frases, párrafos sin que le temblara la mano. Sobre todo eliminar, era lo suyo, resumir, condensar, abreviar. “Años de análisis para un día de síntesis”, dice Franco Moretti que dijo Marc Bloch. Pero nada que ver.
De tal modo que sus traducciones, algunas de ellas realmente hechas, aunque nunca firmadas, por su madre, acaban en pastiches y, en parte, en palimpsestos… Borges, en su obra original –llenas de frases y citas copiadas o astutamente plagiadas de sus lecturas-, nunca escribió un relato que superara las diez páginas. Por eso en la obra ajena veía mucha paja, mucho relleno, mucho lastre, mucho sobrante... que pedía a gritos ser extirpado. Y por eso amaba los cuentos cortos y despreciaba las novelas, incluso las de su admirado Kafka. Y apostilla Piglia: “Borges ni se justifica, ni se explica, ni se queja, como orgulloso intelectual de derechas que es”. ¡Joder con el dubitativo escritor argentino!
¿Muestra de que el mezquino nacionalismo burgués sigue gozando   de excelente salud?
En fin, quizá encaje aquí esta magnífica cita de Marx Y Engels aportada por Franco Moretti: “La parcialidad y la intolerancia nacionales resultan cada vez más imposibles, y a partir de las muchas literaturas nacionales y locales está surgiendo una literatura mundial”.
Recuerdo otra afirmación de Piglia que me sorprendió, adjudicaba a Borges la invención de encontrar o, en su caso introducir, la ficción en la realidad, y cita como ejemplo supremo su “lindísimo”: «Pierre Menard, autor del Quijote», afirmando al mismo tiempo que sin ese “descubrimiento” el propio Onetti no hubiese escrito -la ficción-realidad-ficción de Santa María-, su “Vida breve”.
En fin, dudo mucho que Piglia haya olvidado la segunda parte del Quijote… la “aportación” de Cervantes sobre el proceso-interrelación: ficción-realidad-ficción… pero a veces, pienso, incluso las mentes más lúcidas, sufren lapsus de oscuridad… ¡y libres de dudas!
O quizá sólo se trate de una broma autocrítica, provocadora a lo borgiano.

Escribe Piglia que de tanto leer se le secaban los ojos hasta el dolor, y nos informa de que él en la realidad era muy poco llorón. Un especialista le prescribió lágrimas artificiales, o sea, de ficción. Escribo esto y me las administro: la ficción que crea realidad que relata la ficción. El diario y sus incursionas intervencionistas,  bajo la falsa bandera del recordatorio.

Ya con mis ojos relajados y lacrimosos, abandono el diario, digo la pantalla, y me dispongo a escribir la lista de la compra… tranqui, en papel aparte.

Leo el reverso negro de mi mismo, lo que uno tiene de irreductible.

Leído por ahí: “Como Arquímedes, pero al revés, creen haber descubierto el punto de apoyo, no para levantar el mundo, sino para dejarlo quieto”. ¿Dejar quieto el mundo? ¿Aniquilarlo? …y ni aún así. Que se mueran sin saberlo.

Ni indefinición textual ni redactar en términos equívocos, no colaborar a la reificación generalizada.

Según Franco Moretti, “hay más de cincuenta mil novelas británicas del siglo XIX que nadie ha leído y nadie leerá jamás”. Dato que ilumina la dimensión de nuestra ignorancia (sumen la alemana, la francesa, la italiana, la española… o la india, china, japonesa, turca…), y la de los sabios institucionalizados, que operan en sus análisis e investigaciones, sobre menos del uno por ciento de la literatura realmente existente y, aún así,  dictan “sus” sacrosantos cánones de obligado -¡qué remedio!- seguimiento. Circunstancia esta, la del auténtico desconocimiento que realmente se tiene del conjunto sustancial de lo real, que podemos trasladar, respetando por supuesto los detalles peculiares de cada materia, a todos los ámbitos del saber supuestamente científico, en verdad de la ignorancia, “convencionalmente” vigente en nuestra supuestamente “avanzada” sociedad. Da miedo pensar cuánta “ficción” fundamenta y sostiene el discurso real, el que padecemos todos los días a todas las horas, de la “ciencia” económica, la política, la sociología, la cultura… y, sobre todo, su impepinable implementación, claro. Menudo mérito el de Borges, según Piglia, digo el de encontrar la ficción en la realidad, lo realmente heroico sería lo contrario, ¿no les parece? Pero el cieguito facha, tan fan agradecido de Videla y Pinochet, era “hombre de orden”.

Si el ideal palidece ante la realidad, ¡quiten de mi vista a esa canalla! (Según exclamó Franco –‘Paca la culona’- en su visita a las obras de Cuelgamuros ante la presencia de los presos-políticos-esclavos republicanos que allí penaban).

“Problema: ¿Lo eliges porque tienes gustos ya formados o es eso lo que te forma el gusto? La respuesta acostumbrada –que nacen a la vez- no me parece gran cosa”.
Cita tomada del diario de Cesare Pavese.


ELOTRO



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domingo, 18 de septiembre de 2016

Caro diario: el otro Moretti




Enésimo intento de escribir un diario.

“La vida contada por el mismo que la vive, ya es un chiste”
(Renzi-Piglia)

Empezamos…


14 de septiembre/2016

“Mi misión: decirlo con más sencillez de cómo lo comprendo”
(Schömberg, “Moisés y Aaron”)

Hoy día de recreo. Leo en La Central de Callao, en ese cuartito de lectura tan bien iluminado, silencioso y acogedor que, por cierto, hoy estaba atestado de público lector, las primeras y muy jugosas cincuenta páginas del segundo tomo de los diarios de Piglia (Los diarios de Emilio Renzi). Luego, directamente espoleado por la lectura, he comprado en Espasa-Calpe un libro de un autor precisamente recomendado por Piglia, un tal  Franco Moretti, el hermano del cineasta Nanni Moretti dice Piglia en un video de youtube, pero apostilla que para él el listo es Franco Moretti… que accidentalmente tiene un famoso hermano director de cine… el título del libro es: “El burgués. Entre la historia y la literatura”.



Ya en casa, descubro en Internet varios artículos, pdf en castellano, de Franco en la New Left Review, les recomiendo visitar esta  interesante web. Ya veremos lo que da de sí el sabio italiano (Recordar que Piglia es un argentino que desciende de inmigrantes italianos), aunque Piglia, que parece que lo ha leído todo y además se acuerda de casi todo lo que efectivamente ha leído (y de camino nos muestra además la “enormidad de lo no leído,  incluso dentro de la fracción canónica” que dice su recomendado Moretti), no me suele defraudar con sus por otra parte numerosísimos consejos y sugerencias de lectura.




15 de septiembre/2016

Escribe Piglia que un diario es una máquina registradora (habla de una analogía con la cámara fotográfica, y cita “Blow-up” la película de Antonioni sobre un cuento de Cortázar) de acontecimientos, de personas, y de gestos… y espero por mi parte que también de conjeturas y de análisis y, a poder ser, de síntesis, eso espero, repito. Vivir para ver, sería la consigna, añade Piglia.
En cualquier caso, este diario es una empresa intelectual modesta, principalmente para consumo propio…y si además puede llegar a interesar a otros…





Dice César Aira que, basado en su propia experiencia, Cortázar es un autor para adolescentes… que no da para más. Y lo mejor es cómo lo dice (ver en youtube), con esa apariencia, físico más atavíos, tan modesta, tan inofensiva y tan pulcra, con esas manos de delgados y finos dedos entrelazados sobre la barriguita, con esa vocecita monjil, con esa almibarada carita de curita bondadoso y, a su pesar, sabihondo. Aira es más falso aún, y desde luego menos diestro en la representación, que su maestro Borges, el cieguito facha. Aquí una muestra de la “maniera” Aira:
Soy un escéptico que va caminando al nihilismo. Pero puede que yo busque en la literatura un contraste. Tengo una vida familiar tan apagada, tan pequeñoburguesa que vuelo por el lado de la imaginación. Además, creo que la literatura hay que hacerla divertida. Nunca entendí a los escritores profesionalmente pesimistas a lo Thomas Bernhard. ¿Para qué?”
Que va caminando dice, y no se ha movido del sitio desde que tiene uso de razón. Me parece a mí. Por otra parte su argumentación, no él tan pulcrísimo como la abuelita de Paul McCartney,  huele malamente a “segunda mano”. Quizás sea involuntario, ya que según nos cuenta, escribe una paginita, así lo dice en diminutivo, cada día, y dedica diez horas a leer también cada 24 horas.
Y a propósito de razón:
“En nuestra época, razonadora a ultranza, no hace falta ser muy listo para encontrar una buena razón para todo, incluso para lo que hay de peor y de más perverso. Todo lo que se ha corrompido y depravado en el mundo, se ha corrompido y depravado por buenas razones”.
(Hegel citado por Marx en EL CAPITAL)




Para leer conjuntamente El Capital de Marx, en concreto su teoría del fetichismo, refiere Piglia que, allá por 1968, solía quedar algunas tardes con un colega escritor en un céntrico café de aquel Buenos Aires…

Afirma Piglia que los periodistas-estrella son el punto más bajo al que ha llegado la inteligencia humana”.
Suscribo. Cuando se ha padecido a gente como Gabilondo durante tantos años, me parece que la cosa es más que comprensible…

Un invitado a la clase de Piglia sobre Borges, disponible en youtube, subraya los constantes balbuceos de este en entrevistas y conferencias, su lenta oralidad frenada por la duda, en contraste, dice, con la de los escritores españoles, vertiginosa y siempre impulsada por la certeza. Piglia, viejo zorro, le ríe la gracia… por cierto: ¡expresada sin titubeos ni sombra de duda! Aplausos de la grada.

Mujer y madre: Piglia destaca la intensa relación de Borges con su madre (algunas traducciones firmadas por Jorge Luis fueron realizadas por su mamá)… y la de Puig con la suya… lo que me trae a la memoria a Proust y su queridísima mamá y a Barthes con la suya… y a Sófocles, y a Freud, claro.




Cuenta Barthes: “En las familias de mis abuelos maternos y paternos el discurso pertenecía a las mujeres. ¿Matriarcado? En China, hace mucho tiempo, a toda la comunidad la enterraban alrededor de la abuela.
“Era una mujer de una intensidad inolvidable”, escribió Piglia en su diario sobre una de sus amantes de los años sesenta. Qué suerte coño…

Barthes muere atropellado mientras iba escribiendo por la calle, costumbre que, según el mismo cuenta, había copiado a Gide.
Y listo era un rato largo... qué cosas!
Claro que también era fan de Julio Iglesias... según contó Vázquez Montalbán... los reflujos de la grandeza no perdonan a nadie...
Y abundando, Roland Barthes, 1915-1980, ya hablaba del fenómeno "ni-ni", para que luego digan de las novedades que nos han traído los preparaos estos de los gabinetes universitarios…



Creo que no me precipito demasiado si digo que Franco Moretti me parece un espléndido ensayista… y no sólo porque en el primer artículo que leo de él en el segundo párrafo ya cite a Marx y Engels… ¿o sí?

ELOTRO


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jueves, 15 de septiembre de 2016

La, por lo visto, ineludible “hamburguesación” del intelectual asimilado…







“La madurez me había vuelto gordo y perezoso y seguía viviendo de unas reservas de experiencia pasada que se me estaban agotando. Me sonaba en los oídos una frase de Graham Greene, algo así como que si quieres hablar del dolor humano tienes que compartirlo”.

(John le Carré)

Esta reflexión de John le Carré me recuerda la afortunada sentencia de Eduardo Galeano: “A cierta edad la mayoría de los intelectuales se “hamburguesan”. De ahí la gordura, de ahí la pereza, sobre todo mental. Y de ahí la plena aceptación, por parte de los afortunados en el reparto, del “mercado”, de sus reglas, de sus líneas rojas y de sus tabúes, de sus sacrosantos principios, y, sobre todo: de sus objetivos finales: el lucro a costa de lo que sea. O sea, de quien sea.


Y sigo leyendo: “El pasaje más emotivo de su relación (la de John le Carré) con el cine es la visita que recibió en 1965, cuando asistía a su primera feria (del libro) de Frankfurt. Alguien le llamó de recepción para decirle que Fritz Lang le estaba esperando en el vestíbulo. Tardó bastante en entender que quien estaba abajo no era alguien que se llamaba como el director de Metrópolis sino que era, efectivamente, el gran realizador alemán.

Quería adaptar Asesinato de calidad —“Escuche, yo conozco a esa gente. Son amigos míos. Podríamos dejar que financien la película”—, pero durante la conversación se dio cuenta de que el maestro estaba prácticamente ciego. Sin embargo, no fue eso lo que impidió que el proyecto llegase a puerto. “Nunca volví a tener noticias de Fritz Lang. Mi agente cinematográfico me dijo que nunca las tendría. No mencionó la incipiente ceguera del director, pero la sentencia de muerte que pronunció fue igual de demoledora: Fritz Lang ya no tenía valor de mercado”.

Repitamos en voz alta: “Fritz Lang ya no tenía valor de mercado”. Bueno, aquí topamos de nuevo con el omnipresente y omnipotente mercado, y con la absoluta mercantilización de las personas y de lo que producen, del fruto de su trabajo manual y mental, y de las correspondientes relaciones de producción, propiedad, el consumo y de la compra y la venta.




Aprovechando el interesante comentario del gran escritor que ejerció durante años como espía del llamado bloque occidental, digamos capitalista, salta a la vista que lo más "cinematográfico" del asunto es que la gentuza que de facto despacha, otorga o deshecha, los certificados de "VALOR" en ese mercado único, sólo tienen (entienden) de cine, el capital. ¡Un capital acumulado por la explotación de la fuerza de trabajo asalariado, y que en una buena parte procede, al fin y al cabo dicho capital no es más que  trabajo consolidado, de la mismísima explotación de la fuerza de trabajo y del genial talento de, entre otros, Lang!
Creo que viene a cuento aquí el pequeño poema de Brecht, que tanto citaba Lang, y que lleva por título: Hollywood

Cada mañana, para ganarme el pan,
voy al mercado donde se compran mentiras.
Lleno de esperanza
me pongo en la cola de los vendedores.

Y abundando, a los maledicentes que le reprochaban haberse afincado en la zona comunista de Alemania, RDA, Brecht les respondió: "No tengo mis opiniones porque estoy aquí, sino que estoy aquí porque tengo mis opiniones". Respuesta y bofetón en toda la boquita de los intelectuales sumisamente acomodados al mercado, occidental, capitalista, anticomunista.

Y llegados aquí les recomiendo una atenta lectura, lo digo para que la gocen en toda su plenitud, de la teoría del valor de Marx: “El capitalista quiere producir no sólo una cosa útil, sino también un valor; y no sólo un valor, sino además una plusvalía”.

Por supuesto que sólo en el caso de que tengan curiosidad por conocer, y cómo funciona, el mundo, ¿el mejor de los mundos posibles?, en el que “realmente” viven, claro está. Esa no por menos científica,  hermosa tesis sobre el valor, más allá del esquema didáctico que hablaba de valor de uso y valor de cambio, nos revela cómo y por qué el trabajo humano y la naturaleza, el ecosistema planetario, son las dos grandes fuentes de creación de la riqueza. De donde se deduce un oscuro, y sagriento, origen a la acumulación de riquezas, el capital no es más que trabajo consolidado, y a su pretendida legitimación vía sacrosanta propiedad privada. No se asusten los burgusitos propietarios de casa y coche y demás chucherías, estamos hablando de medios de producción y por lo tanto de medios de explotación del trabajo ajeno.

“El capital no ha inventado el trabajo excedente (el plustrabajo no remunerado) destinado a producir los medios de vida del poseedor de los medios de producción. Da lo mismo que este propietario sea ateniense, teócrata etrusco, ciudadano romano, barón normando, esclavista americano, boyardo valaco, terrateniente o capitalista moderno”.
(Karl Marx)

Con el socialismo: “suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores serán expropiados” (Marx)
¡¡Exprópiese!!

Comprenderán por qué se impone la expropiación de los medios de producción. El día después… sin más tardar…





¿Dialéctica? "Hay que continuar, yo no puedo continuar, yo continuaré". Últimas palabras de Samuel Beckett en El innombrable. Buen ejemplo de pensamiento dialéctico. Los dos polos de la contradicción, la unidad de los contrarios, y su concreta postulación de superación. A la extrema sintetización de la realidad, de su complejidad, que ejecuta Beckett, la han querido petrificar bajo la etiqueta de “absurdo”. Vano intento. La sintetización de Beckett es la antítesis de la reificadora estetización del posmodernismo: fuera el envoltorio, sólo interesa la estricta esencia. Si eso es absurdo. Recordemos los fragmentos “dialécticos” de Heráclito:
-"Este mundo [...] siempre fue, es y será fuego eternamente vivo." (fragmento 30)
-"Este orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas."
(fragmento 51).
-"Nada es permanente a excepción del cambio."

Qué absurdos suenan los pensamientos dialécticos, ¿verdad?

“Un hombre listo llegó a pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar por la “idea de la gravedad”

“Rebelémonos contra esa tiranía de los pensamientos”
Marx/ Engels en “La ideología alemana”



Ahí quería yo llegar, a la tiranía de los pensamientos… sobre todo cuando, como ocurre en la mayoría de los casos, son pensamientos que nos han sido inoculados de manera subrepticia o inculcados de forma tramposa, fraudulenta. Lean con atención los miles de mensajes, o masajes, publicitarios, tanto aquellos que nos impactan de forma directa, en formato declarado de “anuncio propagandístico””, como aquellos otros que ingerimos inadvertidamente camuflados o entreverados en “productos” que se suponen, a priori, libres de doctrinas ideológicas o políticas. Será por eso que, esos mismos intoxicadores doctrinarios que estiban sus dogmas en todo “producto cultural”, consideran la extrema reducción a lo esencial practicada por Beckett, como un desperdicio de vehículo intoxicador, un absurdo. Un absurdo ciertamente muy peligroso para sus intereses, y para la hegemonía ideológica y cultural que los fomenta.

Y para terminar, un buen, y corto, consejo:

Libérame del habla demasiado larga.
Maurice Blanchot. 

ELOTRO


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