Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 30 de junio de 2016

Lewis Carroll escindido, bifurcado, desdoblado u “hombre maletín”.




“Si así fue, así pudo ser; si así fuera, así podría ser; pero como no es, no es. Eso es lógica.” 
(Lewis Carroll)

El escritor Lewis Carroll se llamaba en realidad Charles Lutwidge Dodgson. Hijo de un pastor protestante, fue un tipo de vida burguesa ordenada, casta. Diácono de la Iglesia de Inglaterra, era también remilgado, altivo, impoluto, aburrido como el solo en la vida profesional y familiar, zurdo, tartamudo, bello a su manera, sordo de un oído, insomne y entusiasta de los “niños”: ‘Me gustan los niños, a excepción de los niños’, dijo juguetón. Jugaba también a fotografiar niñas vestidas y desnudas.

Como ya habrán podido imaginar, Carroll estaba pulcramente escindido en un “yo” y un “otro” (como sus famosas palabras-maletín, dos o más palabras incrustadas o entretejidas en una sola). Autor de libros sobre trigonometría, álgebra o lógica, por el lado del “yo”, y de poesía o literatura de ficción fantástica por el lado del “otro”, o a la inversa.

Parece que las inhibiciones que lo “encadenaban” en su vida “real”, le provocaban, por la propia exigencia de sobrevivir, la necesidad de evadirse, una vía de escape: lo demencial, el sinsentido: “una vacación mental”. La inversión de esa realidad: el absurdo. La huida de lo “estrictamente racional”. Quizás por eso escribía cartas al revés. Quizás por eso el único territorio común del “yo” y el “otro”, fuese la lógica. Ese “yo” y ese “otro” que llegaron a interesar y en algunos casos entusiasmar a artistas dadaístas y surrealistas, así como a personajes tan variopintos como Russell, Bretón, Artaud, Deleuze, Cortázar…

Escribió sobre la relación entre lenguaje y pensamiento (la comunicación entre los seres), sometió al lenguaje ordinario, sensato, a una trastornadora metamorfosis onírica, a un zarandeo de trampas, dificultades, reglas… escritos sin embargo comprensibles para niños y ciertamente válidos para el lógico matemático.



Dijo Wittgenstein : “La filosofía (en Carroll, la lógica) es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por el lenguaje”, así mismo Carroll, hizo (con su didáctico lenguaje, “lo que dice” y “lo que muestra”) accesible la lógica a los jóvenes estudiantes proporcionándoles así una fuente de goce intelectual. Carroll nos muestra que la lógica (como cárcel del lenguaje) nos puede llevar a la locura, y que por el contrario, la transgresión de sus principios puede regalarnos una “cura de sueños”. Y su reverso “idealista”: “La ligera paloma, hendiendo con su libre vuelo el aire, cuya resistencia nota, podría imaginar que volaría mucho mejor en el espacio vacío”

Carroll nos dice que “el mundo contiene muchas cosas y que estas cosas poseen atributos, y que los atributos no pueden existir si no es en las cosas. Los atributos no andan solos.” Así pensaba un hombre, cierto que escindido, que se confesaba “primero un inglés y después un conservador”, o sea, un burgués bienpensante, de vida reprimida, sumisa y monótona: modelo de la sociedad victoriana.


(Textos y citas seleccionados del prólogo de Alfredo Deaño a “El juego de la lógica” de Lewis Carroll en Alianza Edotorial-1972)

Una muestra:






Lo que la Tortuga le dijo a Aquiles / Lewis Carroll

 Aquiles había alcanzado a la tortuga y se había sentado cómodamente sobre su caparazón.

 "¿De modo que ha llegado usted al final de nuestra carrera?" dijo la Tortuga. "¿Aún cuando consistía en una serie infinita de distancias? ¿Pensó que algún sabihondo había probado que la cuestión no podía ser realizada?"

 "Sí puede ser realizada", dijo Aquiles. "¡Ella ha sido realizada! Solivitur ambulando. Usted ve, las distancias fueron disminuyendo constantemente y asi..."

 "¿Pero si hubieran ido aumentando," interrumpió la tortuga, "entonces qué?"

 "Entonces yo no debería estar aquí", replicó modestamente Aquiles; "y a estas alturas usted hubiera dado ya varias vueltas al mundo."

 "Me aclama - aplana, quiero decir", dijo la Tortuga; "pues usted sí que es un peso pesado, ¡sin duda! Ahora bien, ¿le gustaría oir acerca de una carrera en la que la mayoría de la gente cree poder llegar con dos o tres pasos al final y que realmente consiste en un número infinito de distancias, cada una más larga que la distancia anterior?".

 "¡Me encantaría, de veras!" dijo el guerrero griego mientras sacaba de su casco (pocos guerreros griegos poseían bolsillos en aquellos días) una enorme libreta de apuntes y un lápiz. "¡Empiece, y hable lentamente, por favor! ¡La taquigrafia aún no ha sido inventada!"

 "¡El hermoso Primer Teorema de Euclides!", murmuró como en sueños la tortuga. "¿Admira usted a Euclides?"

 "¡Apasionadamente! ¡Al menos, tanto como uno puede admirar un tratado que no será publicado hasta dentro de algunos siglos más!"

 "Bien, en ese caso tomemos solo una pequeña parte del argumento de ese Primer Teorema: sólo dos pasos y la conclusión extraída de ellos. Tenga la bondad de registrarlos en su libreta. Y, a fin de referirnos a ellos convenientemente, llamémoslos A, B y Z.

 (A) Dos cosas que son iguales a una tercera son iguales entre sí.

(B) Los dos lados de este triángulo son iguales a un tercero.

(Z) Los dos lados de este triángulo son iguales entre sí.

 Los lectores de Euclides admitirán, supongo, que Z se sigue lógicamente de A y B, de modo que quien acepte A y B como verdaderas debe aceptar Z como verdadera, ¿no?"

 "¡Sin duda! Hasta el más joven de los alumnos de una Escuela Superior -tan pronto como se inventen las Escuelas Superiores, cosa que no sucederá hasta dentro de dos mil años- admitirán eso."

 "Y si algún lector no ha aceptado A y B como verdaderas, supongo que aún podría aceptar la secuencia como valida."

 "Sin duda que podría existir un lector así. El podría decir 'Acepto como verdadera la Proposición Hipotética de que si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera, pero no acepto A y B como verdaderas'. Un lector así procedería sabiamente abandonando a Euclides y dedicándose al fútbol."

 "¿Y no podría haber también algún lector que pudiera decir 'Acepto A y B como verdaderas, pero no acepto la Hipotética'?"

 "Ciertamente podría haberlo. El, también, mejor se hubiera dedicado al fútbol."

 "¿Y ninguno de estos lectores", continuó la Tortuga, "tiene hasta ahora alguna necesidad lógica de aceptar Z como verdadera?"

 "Así es", asintió Aquiles.

 "Ahora bien, quiero que Ud. me considere a mí como un lector del segundo tipo y que me fuerce, lógicamente, a aceptar Z como verdadera."

 "Una Tortuga jugando al fútbol sería..." comenzó Aquiles.

 "... Una anomalía, por supuesto", interrumpió airadamente la Tortuga. "¡No se desvíe del tema, Primero Z y después el fútbol!"

 "¿Debo forzarlo a aceptar Z, o no?" preguntó Aquiles pensativamente. "Y su posición actual es que acepta A y B pero NO acepta la Hipotética..."

 "Llamémosla C", dijo la tortuga; "pero no acepta que:

 (C) Si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera."

 "Esa es mi posición actual", dijo la Tortuga.

 "Entonces debo pedirle que acepte C."

 "Lo hará así", dijo la Tortuga, "tan pronto como lo haya registrado en su libreta de Apuntes. ¿Qué más tiene anotado?"

 "¡Sólo unos pocos apuntes" dijo Aquiles agitando nerviosamente las hojas; "unos pocos apuntes de las batallas en las que me he distinguido!"

 "¡Veo que hay un montón de hojas en blanco!" observó jovialmente la Tortuga. "¡Las necesitaremos todas!" (Aquiles se estremeció) "Ahora escriba mientras dicto:

 (A) Dos cosas que son iguales a una tercera son iguales entre sí.

 (B) Los dos lados de este triángulo son iguales a un tercero.

 (C) Si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera.

 (Z) Los dos lados de este triángulo son iguales entre sí."

 "Debería llamarla D, no Z", dijo Aquiles. "Viene después de las otras tres. Si acepta A y B y C, debe aceptar Z."

 "¿Y por qué debo?"

 "Porque se desprende lógicamente de ellas. Si A y B y C son verdaderas, Z debe ser verdadera. No puede discutir eso, me imagino."

 "Si A y B y C son verdaderas, Z debe ser verdadera", repitió pensativamente la Tortuga. "¿Esa es otra Hipótesis, o no? Y, si no reconociera su veracidad, ¿podría aceptar A y B y C, y todavía no aceptar Z, o no?"

 "Podría", admitió el cándido héroe, "aunque tal obstinación sería ciertamente fenomenal. Sin embargo, el evento es posible. De modo que debo pedirle que admita una Hipótesis más."

 "Muy bien, estoy ansioso por admitirla, tan pronto como la haya anotado. La llamaremos 'D'. Si A y B y C son verdaderas, Z debe ser verdadera. ¿Lo ha registrado en su libreta de apuntes?"

 "¡Lo he hecho!" exclamó gozosamente Aquiles, mientras guardaba el lápiz en su estuche. "¡Y por fin hemos llegado al final de esta carrera ideal! Ahora que ha aceptado A y B y C y D, por supuesto acepta Z."

 "¿La acepto?" dijo la Tortuga inocentemente. "Dejémoslo completamente claro. Acepto A y B y C y D. Suponga que todavía me niego a aceptar Z."

 "¡Entonces la Lógica le agarraría del cuello y le forzaría a hacerlo!", replicó triunfalmente Aquiles. "La Lógica le diría, '¡No se puede librar. Ahora que ha aceptado A y B y C y D, debe aceptar Z!' De modo que no tiene alternativa, Ud. ve."

 "Cualquier cosa que la Lógica tenga a bien decirme merece ser anotada", dijo la Tortuga, "de modo que regístrela en su libro, por favor. La llamaremos
 'E' Si A y B y C y D son verdaderas, Z debe ser verdadera. Hasta que haya admitido eso, por supuesto no necesito admitir Z. De modo que es un paso completamente necesario, ¿ve Ud.?"

 "Ya veo", dijo Aquiles; y había un toque de tristeza en su tono de voz.

 Aquí el narrador, que tenía urgentes negocios en el Banco, se vio obligado a dejar a la simpática pareja y no pasó por el lugar nuevamente hasta algunos meses después. Cuando lo hizo, Aquiles estaba aún sentado sobre el caparazón de la muy tolerante Tortuga y seguía escribiendo en su libreta de apuntes que parecía estar casi llena.

La Tortuga estaba diciendo, "¿ha anotado el último paso? Si no he perdido la cuenta, ese es el mil uno. Quedan varios millones más todavía. Y le importaría, como un favor personal, considerando el rompecabezas que este coloquio nuestro proveería los Lógicos del siglo XIX. ¿le importaría adoptar un retruécano que mi prima la Tortugacuática Artificial hará entonces y permitirse ser renombrado 'Aquiles el Sutiles'?"

 "¡Como guste!", replicó el cansado guerrero con un triste tono de desesperanza en su voz, mientras sepultaba la cara entre sus manos. "Siempre que usted, por su parte, adopte un retruécano que la Tortugacuática Artificial nunca hizo y se permita renombrarse 'Tortuga Tortura".


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jueves, 23 de junio de 2016

"Fargo" revisitada





“Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo.” (Fernando Pessoa)
“Ser comunista es mi manera de luchar contra el capitalismo”
(ELOTRO)

Hace ya unos días que he vuelto a ver la peli de los hermanos Cohen, “Fargo”, y aún siguen sus imágenes dando vueltas por mi mollera, tropezando y cruzándose con mis pensamientos, con mis lecturas o mis momentos en blanco (Como la nieve de Dakota-Minnesota que cubre toda la cinta, de principio a fin).




En mi cuenta de Twitter he dicho que la he encontrado mucho más “anticapitalista” de lo que la recordaba, digo la peli, no la nieve. Bueno, ya se pueden imaginar que esta es la conclusión de mi contralectura, cosas que hago sin ánimo de lucro. Es como subrayar libros en primera lectura. Cuando vuelves sobre ellos (“La transformación que opera el tiempo no deja nada intacto, abarca siempre la totalidad”, escribió Brecht) al menos a mí me pasa en muchas ocasiones, y relees lo que en su momento habías considerado digno de recalcar, destacar… resulta que no te explicas que viste o creíste ver en esa frase cocreta, en fin, que, pasado el tiempo, no te entiendes ni a ti mismo (aquí podríamos abundar en ese asuntillo que siempre me persigue, que nunca me abandona: el “yo”, o el “otro”, que subrayó; el “otro” que en distinto  espacio temporal del proceso, relee la huella marcada por  aquel “yo” o aquel “otro”, y, claro, sus muy complejas y contradictorias relaciones. Lo dejaremos para otro día. Quedo: “En el desamparo de mi idea fija”, que escribió Peter Handke).

La huella de aquel “yo” que subrayó permanece sobre el papel, a diferencia de lo que ocurre con las huellas, de las pisadas, los neumáticos, los maletines llenos de dólares, la sangre… en la nieve de Dakota-Minnesota, que se multiplican en la peli de los Cohen.



La nieve en “Fargo” nos aclimata a la “narración” (En arte y literatura nos encontramos obras “progresistas” en forma y “retógradas” en contenido y a la inversa), Del mismo modo e intención, caldo de cultivo, vaselina, que utilizan los medios de desinformación, publicitarios y embrutecimiento. Es el entrenamiento psicológico que predispone “positivamente” nuestros esfínteres y tragaderas mentales (“Has de saber que hay que amar sin hacer remilgos”, escribió el romántico Baudelaire)




El hielo que cubre el parabrisas del coche aparcado al aire libre (¡qué toma cenital más extraordinaria!) propiedad privada, o no, del pobre diablo que ha urdido el secuestro de su propia esposa para sacarle la pasta a su odioso y millonario suegro, es la metáfora precisa del clima de “Fargo”. Es el sólido hielo que encotramos “oculto” bajo la maleable capa de nieve.  Es el sólido hielo que encontramos “oculto” bajo el amable e idealizado disfraz de la “familia” (Capitalista que en los negocios “no conoce” familia -ni debe ni puede según las reglas-, hija de capitalista casada con pobre diablo arruinado y niñato adolescente “en sus labores”). Es el sólido hielo que encontramos oculto, por eso, porque la cinta lo muestra la califico de anticapitalista (potencialmente hablando, claro), en las relaciones de producción que verdaderamente determinan las relaciones sociales y familiares de los integrantes, en este caso concreto, de la susodicha unidad familiar. Y aquí, una vez más, cito a Brecht: “Poder amar algo sin interés es tenido por la flor del espíritu humano. El carácter tautológico de tal definición no tendría por qué molestarnos a nosotros… si no nos tapara la vista de la función social.”

“Incluso cuando el pájaro camina, se nota que tiene alas” escribió Proust acerca de la “prosa poética” de Baudelaire. Las películas de los hermanos Cohen, casi todas ellas con los pies bien plantados sobre la tierra, me parecen ejercicios de vuelo sublimes, digo de prosa poética cinematográfica.

El recital de miradas, muecas, gestos y sonrisas impostadas de la señora esposa de uno de los hermanos, la tal Frances McDormand, es sencillamente soberbio en lo que se refiere, sumado a su “forma”, al abanico de “perplejidad, pistas y sugerencias” que sumistra al espectador en cada una de sus apariciones, le valió el “Oscar”, sobre los “fenómenos”, en última instancia los crímenes,  ante los que se encara en el relato: “No busquéis detrás de los fenómenos, la lección son ellos”. (Goethe)



En “Fargo”, Frances McDermond es una encantadora policía embarazada que resulta ser la excepción de la regla: no es un molde de nieve que oculta un ser de sólido hielo. Por eso cuando al final de la pelicúla reflexiona sobre el meollo de tanto crimen, físico y social, acaba desolada al encontrar la única respuesta válida y validada por los acontecimientos: el dinero, esa mercancía que “todo” lo puede. Y que la feliz embarazada parece, conscientemente, despreciar por su “valor”. Ya digo, un instructivo y bellísimo film anticapitalista.

ELOTRO

Empieza la crueldad: uno le pregunta a alguien “qué hace”.
(Peter Handke)


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jueves, 16 de junio de 2016

Capturas en las redes.



Ya está tardando la ONU en designar el DÍA INTERNACIONAL DEL PADEFO.
-Yo, modestamente, propongo el 26J o, si eso, similar.

(ELOTRO)


Uno, desde luego candorosamente, sale a las redes sociales, o si se prefiere, cae en ellas, en busca de alguna captura nutritiva, o al menos, que nos libere del tedio, que nos resulte en alguna medida estimulante. Otra cosa es que más que capturar, se acabe siendo capturado (“demasiado habitual confundir el efecto con la causa”), que es lo que suele ocurrir, no caigamos en el relato autocomplaciente, la mayor parte de las “inmersiones”.

De una forma o de otra, en mi caso personal (“a las personas bien educadas no les gusta hablar sobre sí mismas”), y vaya por delante lo innegable de la gran cantidad de tiempo, con Prust: “perdido”, con Conrad: ”desperdiciado”, estas inmersiones paradójicamente también purifican, limpian, ayudan a purgar ciertas lastrantes excrecencias  producidas por los periodos de anacoresis y que acaban adosadas a las costrosas paredes craneales, digo, mentales. Ahí donde los pensamientos ora se desbordan, ora se secan, ora obligan a echar mano de los canales de riego… o de desagüe…

La zambullida en las redes sociales también puede lograr ponernos en concordancia con “otras realidades” (“La gente dice: ¡Éste “entiende de arte”!, ¡Como si se pudiera entender algo de arte sin entender algo de la realidad!, que dijo Brecht), mal conocidas, desconocidas o incluso insospechadas. Y aún al apartar algunas “cortinas”, uno puede descubrir nuevas luces menos inmóviles, menos anestesiantes, nuevas maneras de mirar, nuevos puntos de vista, nuevas perspectivas sobre aquello que se creía “ya muy visto”, ya muy “sabido”… y ante las que puede ocurrir que “…mi apetito de la vida aumenta”, como escribió Proust.

Topamos con: “…hilos inaprensibles, invisibles, de todas esas vidas desconocidas que querríamos penetrar (…) vidas en las que no podemos entrar más que en deseo”…

Escribo en mi cuenta de Twitter: ‘La clase obrera en lucha es el "conocimiento", la fragua de la conciencia de clase... eso que se pierde el PADEFO’. 

La pelea contra el límite de los 146 caracteres, y contra los propios límites lingüísticos, ha producido numerosos “engendros” o “palabros” que con más o menos fortuna han “enrriquecido” el argot tuitero. La típica expresión: “PAso DE FOllones”, deviene en el arquetipo: PADEFO. Una especie de esquirol, consciente o inconsciente, patéticamente envalentonado. Las redes sociales, qué se le vá a hacer, tampoco están por encima de la lucha de clases. En una sociedad divida en clases según el lugar que ocupan en el modo de producción, en principio, y en el modo de vida, intereses e ideología que se ejerce y reproduce, las redes sociales no pueden más que reflejar esta realidad. Un auténtico mapa político, social y cultural de la aldea global. Pero no olvidemos que las redes tienen dueño, los amos de todos los grandes instrumentos que nutren y sostienen la Hegemonía ideológica y cultural del imperio realmente, hoy por hoy, existente: el estadounidense.

No voy a entrar aquí en como manipulan e intoxican política y culturalmente, a los millones de “activistas digitales enredados”. Ni en cómo imponen la “agenda-catecismo” de lo que hay que hablar, ver, escuchar, juzgar, silenciar o potenciar y maximizar. Sólo lo anoto como prólogo, al apunte sobre la imprevista, felizmente en mi caso, y extraordinaria respuesta de la clase obrera francesa al enésimo “recorte” que la oligarquía francesa, internacional, pretende asestar, como en tantos otros paises de toda la aldea global “que los disfrutan”,  a los derechos laborables que aún “gozan” los trabajadores (aristocracia obrera) franceses.

Otros tuits:
‘Que digo yo que por contraste, vaya baño que le está dando la "aristocracia obrera francesa" a la "plebeya clase obrera española", ¿no?’
En la televisión y prensa oficial de nuestro querido y “soberano” país y aún en la mayor parte de la autocalificada como “alternativa”, las masivas huelgas y movilizaciones en la vecina Francia han sido silenciadas o manipuladas o minimizadas o criminalizadas. Esos sociólogos y estadísticos que tanto gustan de los números, podrían aportar, es un decir, datos incontestables sobre los espacios dedicados a “tapar” las huelgas vecinales con “noticias”, por llamarlas de algún modo, sobre la “cercana” Venezuela o la madre de todos los eventos deportivos: La Eurocopa. Hay que reconocer que el "paraperiodismo" cumple el mandato de Berlusconi, Soros y cia.  de forma impecable: seleccionar lo que interesa y lo que no. Maximizar lo uno y minimizar, en el mejor de los casos, lo otro. Añádase que el 90% del “contenido” que enfanga y desborda las redes sociales proviene de esas mismas “fábricas de opinión pública”. Hay que alimentar a los militantes del ya global “sentido común”, base fundamental de la Hegemonía ideológica y cultural vigente.

“Contra lo que nos pretenden hacer creer, un PADEFO, no nace, se hace, es un producto, no flor de un día, by HEGEMONÍA IDEOLÓGICA Y CULTURAL”

ELOTRO


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miércoles, 8 de junio de 2016

El Bosco, 500 años después, en el Prado.




El Bosco, Jheronimus Bosch, artista de origen holandés y familia, burguesa de posibles, de pintores, pintó un mundo de buenos y malos, de infierno y paraíso, de virtudes y vicios (“en aquel entonces en que aún había alcobas”).

Un mundo -construido por un artista inexplicablemente protegido por todo un emperador como Felipe II, y hasta hace nada despreciado por extravagante, confuso, e inclasificable-, prístino y tenebroso, racional e irracional, de siervos y señores feudales, vasallos y soberanos, seglares templagaitas y clérigos iracundos. Incluso cuando siguió escrupulosamente el guión bíblico, fue nuestro pintor crítico contra el poder, dibujó y coloreó nítidamente aquello que  ocultan los envoltorios y oropeles.





Un mundo, lo complejo y lo obvio en el mismo plano, por una parte ininteligible para el común de los mortales, aquellos que no están, cómo coño van a estar, en el antiguo secreto de su enorme y compleja carga simbólica y, por otra parte, paradójica y sincrónicamente, fácil y entendible al primer golpe de vista: dicotómico. Un mundo este último sencillo de leer, tan simple y aprehensible como falso en toda su extensión, en su pedagógico reduccionismo, un mundo para adoctrinar cerebritos ignorantes.





Quinientos años antes que el “ladrón”, paternalista y reaccionario Walt Disney. Hay una linda jirafa en “El jardín de las delicias” que… en fin, digo, un mundo como el de ahora mismito, al que han llegado otras penas y otros miedos, pero que sigue girando en torno al mismo eje: la lucha de clases entre explotadores y explotados.



Lo que no habrán robado, también, los surrealistas, expertos en oscurecer y emborronar y fabricar enigmas inaccesibles, a El Bosco. Y de su colega Grunewald, estricto contemporáneo y pintor, en la misma tradición pictórica, frente a la renacentista, e inmerso en las mismas tensiones políticas y religiosas (Erasmo, la Contrarreforma…),  así mismo dotado de una extraordinaria, y cruel, “imaginación” e invención “caprichosa”. Y juicio crítico.
Y de otra manera y en otra esfera, su más ilustre epígono, Brueghel el Viejo, que tampoco figura en la muestra.



En ese sentido histórico, ciertamente El Bosco, un trepa social que siempre cuidó y mimó sus relaciones, hacia arriba, sociales, siempre pendiente de encontrar un resquicio por donde meter la cabeza, es un artista “trascendental”.




Otra cosa son las cada día más conflictivas “atribuciones” (29 obras de 59 en total –incluidos algunos excelentes dibujos y grabados-, se dicen originales del pintor), ora mano del artista, ora taller, ora discípulo o epígono seguidor: lo que es indiscutible es lo descaradamente irregular y desigual, cualitativamente hablando, del estilo y  la técnica pictórica, y repintes y ocultaciones, que se aprecia entre algunas de las muy “filtradas”  obras expuestas… en fin, como dicen los amos del cotarro y autores de la criba, doctores tiene el santo mercado, que, con descaro, tildan “del arte”…




Se celebra la efeméride de la muerte del artista al modo “capitalista”, cuál si no, dirán los felices fatalistas socialdemócratas, enterrándolo aún más profundo, más inalcanzable. Multitud de productos (fragmentos de fragmentos de las obras -que deben de considerar un amasijo “no mercantilizable”- que separados y aislados en su consecutiva fragmentación –ya lo avisó “el anacrónico” Lukács- de su contexto, ahora mágicamente empotrados en bolsos, pañuelos, tazas, ceniceros, paraguas, camisetas… pierden incluso, con la brutal deconstrucción, lo más elemental de su originario significado. Piensen, por ejemplo, ante  una obra tan “sólida”, como “El carro de heno”),  de merchandising garantizan al visitante “cosificado”, un recuerdo imborrable de su “participación”, como cosa y mercancía  consumidora, en el evento: además de una inolvidable y larga y soleada cola ante las taquillas (En Holanda 500.000 visitantes), y una aún más larga espera, una vez dentro del museo, hasta la hora concreta “permitida” para el pase, por fin a las salas de exposición y venta.




Capítulo aparte merece el catálogo, de precio prohibitivo como es preceptivo, o sea, selectivo, elitista, clasista. Conocí a una “paraperiodista”, de gabinete de imagen y propaganda, que me enseñó orgullosa la biblioteca de su casa ¡con todos los catálogos aparecidos, desde su fundación, del Reina Sofía!: “…bueno, en realidad son de mi ex… pero él tampoco llegó a leer ninguno”. Ya se sabe que los “progres-hamburguesados” son muy formalistas, muy de pulimentar la sordidez, muy fans de las culturetas apariencias, pero poco amigos, será la pereza “de clase”, de curiosear en los contenidos. No precisamente aquella “pereza” de la que hablaba, con fundamento,  el yerno de Marx…




Los catálogos del Prado suelen ser infumables, unos tochos aburridísimos, repelentes… y si ya hablamos de la prosa que se gastan… pero, afortunadamente hay un pero, sí poseen un muy interesente aspecto: aportan datos, citas y referencias que no suelen estar a mano de los no eruditos ni de casi nadie. Ya digo que esta parte suele ser lo mejor de esos infumables “ensayitos” (interpretaciones de interpretaciones de refritos de interpretaciones) que se marcan, porque Zugaza se lo consiente, y paga los gastos con nuestro dinerito (Por cierto, acaba de subir el pasado día uno de junio el precio de entrada al museo),  los “expertos de turno” que, esa es otra que maldita la gracia, no suelen ser los “autores” de estas nutritivas  aportaciones, sino más bien los ventajistas usufructuarios del trabajo de campo, ¡no remunerado!, de anónimos “becarios” que curran, qué otra salida tienen las criaturitas, en la oscuridad impenetrable del detrás, a su exclusivo servicio…






Otro día, si les parece, hablamos de la pintura… que no de "fragmentos".

ELOTRO



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miércoles, 1 de junio de 2016

A propósito de “El libro de Daniel”, de E.L. Doctorow




"Niños delante del colegio de pago: ¡Ahí están ya los futuros delincuentes en materia económica."
(Peter Handke)

“Dar por buena la estructura moral del sistema es complicidad con el sistema (…) Reforma equivale a complicidad”
(E. L. Doctorow)


Ha sido una muy grata sorpresa esta primera lectura de una obra del escritor judío (hijo de emigrantes rusos) estadounidense Edgar Lawrence Doctorow. Y, accidentalmente, con la novela, “El libro de Daniel” (Grijalbo) a cambio de un euro en la Cuesta de Moyano, que le sacó del anonimato y le proporcionó el reconocimiento de la crítica y el “aplauso” del público comprador y lector. Más tarde vendría la más famosa “Ragtime” (que no he leído), llevada al cine (que no he visto) por Milos Forman.

Las obras de Doctorow, leo, mezclan hechos históricos con ficción; y en ellas abunda la crítica social. Estoy básicamente de acuerdo. Pero me gustaría matizar esa mezcla, que se insinúa fifty-fifty, de realidad histórica y ficción. No digo que en “El libro de Daniel” no cohabiten ficción y realidad, sólo quiero expresar mi opinión concretando las proporciones: la ficción se limita a los nombres y características físicas de los personajes (jueces, fiscales, vecinos, militantes del partido comunista, agentes del FBI) y los aspectos peculiares de lugares e instituciones (barrios, sanatorios, cárceles, juzgados…), es decir, no existe ningún tipo de ficción en los hechos históricos (no versiones interesadas) que se relatan, y que forman el núcleo de la narración. Ni en la narración propiamente dicha, ni en las frecuentes reflexiones y digresiones (ora en primera persona, ora en tercera persona) que componen la obra. Luego estamos, según creo, ante un muy fundamentado, y por eso nada tímido y molesto, relato histórico (nada que ver con las “modificaciones” o descaradas manipulaciones o los sonrojantes simulacros de la historia oficial (ver el caso, tan similar y “leitmotiv” del libro, de Ethel y Julius Rosenberg, las manifestaciones de solidaridad con los republicanos españoles…): salpicado, eso sí, de personajes (“Si de verdad quieres leer ficción, lee las memorias de JP Morgan.” Dijo Doctorow) y lugares, sólo en parte y nunca ésta esencial, imaginarios, ¡pero carajo es que se trata de una novela! O acaso desde “El Quijote” el tema “novelesco” consiste en otra cosa que no sea en una lucha, dentro y fuera del relato, de lo real con lo idealizado. Aunque Doctorow ejerciese también a lo largo de su vida como “serio” catedrático, dramaturgo, ensayista, guionista…

El propio Doctorow: "La gente dice que escribo novelas políticas, que escribo novelas sobre el pasado, que uso técnicas posmodernas, que juego con los géneros literarios, que mis libros ocurren en Nueva York y que tienen personajes judíos... Así que soy un novelista político-histórico-posmoderno-de género-neoyorquino-judío. No sé, yo rechazo toda etiqueta que se le ponga al sustantivo novelista.”






Analicemos un ejemplo:
“L. Crowley, congresista USA, en 1945: “Si creamos buenos gobiernos en los países extranjeros, tendremos automáticamente mejores mercados para nosotros” (…)
 “La doctrina Truman no será anunciada como un plan de acción para proveer de seguridad militar a los gobiernos extranjeros que acepten nuestras inversiones, sino como un medio para proteger del comunismo a las naciones amantes de la libertad. El Plan Marshall no será anunciado como un medio de asegurar mercados extranjeros a nuestras mercancías, sino como un modo de ayudar a los países de Europa a recuperarse de la guerra.”

Pues bien, ahora que se cumplen cien años de la publicación del libro de Lenin, “Imperialismo fase superior del capitalismo”, se puede afirmar, yo lo hago, que ese párrafo de Doctorow “explica” de manera sucinta y fácilmente comprensible para el más elemental de los lectores en qué consiste la práctica político-económica-militar del imperialismo USA. Y cómo se “vende” ideológica y culturalmente al resto del mundo.

Pero Doctorow también nos muestra, vía narrador o personaje, algunos aspectos ilustrativos de la política “interior” del Imperio:
“Tildando a los huelguistas de bolcheviques, y dejándolos así sin apoyo público, la Steel Corporation desbarató la huelga” (…) “En Seattle, hubo una huelga general que provocó en toda la nación una ola de “pánico rojo”.(…) “En Boston, el Departamento de Policía se declaró en huelga, y el gobernador Calvin Coolidge los reemplazó” (…) “Se temía que, como en Rusia, se apoderaran del país y deshonraran con sus cipotes a la madre de cada cual. ¡Figúrese ud.!” (…) “Miles de personas fueron encarceladas, incluyendo el miembro socialista del Congreso, de Milwaukee, que fue sentenciado a veinte años de prisión” (…) “La enseñanza de la teoría de la evolución fue puesta fuera de la ley en Tennessee”…”El Ku Klux Klan floreció por doquier…”.



En fin, no me negarán que, tras el siglo transcurrido, ciertos detalles parecen, lo son, de lo más actual. A pesar de la inexistencia real o imaginaria de una nueva revolución bolchevique o similar…siquiera en estado latente…

Aunque estas “transgresoras” obras sólo sirviesen para: “Fortalecer el escepticismo frente a las opiniones “adquiridas”, que decía Susan Sontag, ya tendrían su sentido y significado. Aunque es evidente que tenemos, no cabe duda, una extraña propensión al perezoso infantilismo de no pensar por nuestra propia cuenta, a no currarse mínimamente un pensamiento crítico frente a las edulcoradas versiones oficiales, tradicionales, formateadas o, simplemente, televisadas…

Finalmente quiero decirles que todo lo anterior es inventado, pura ficción. Espero que no se lo tomen demasiado mal, algunas cosas son, sin embargo, más verosímiles que ciertas. O al revés.

ELOTRO

 “Es posible aceptar nuestras cargas morales si nuestra ropa interior está limpia… (…) …debemos reservar nuestras decrecientes energías para dirigirlas a los verdaderos objetivos. Para ser un revolucionario solo se necesita extender los brazos y zambullirse”

(E. L. Doctorow)



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