Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 28 de marzo de 2016

“El compromiso en literatura y arte” / Bertolt Brecht






Subrayados de “El compromiso en literatura y arte”


“Únicamente los nuevos temas toleran nuevas formas. Las exigen incluso. Si se fuerza los nuevos temas a entrar en formas viejas, vuelve a aparecer en seguida el divorcio entre contenido y forma.”

Donde la canción popular dice algo complicado de forma sencilla, los imitadores modernos dicen de forma sencilla algo simple (o necio).

La lucha tan necesaria contra el formalismo, es decir, contra la deformación de la realidad en nombre de “la forma”.

 “La forma de una obra de arte no es más que la organización acabada de su contenido”

 “En arte la forma desempeña un gran papel. No lo es todo, pero es tanto que el desatenderla destruye una obra”.

El fascismo es el capitalismo de los Estados pobretones; como capitalismo es tan razonable como el capitalismo de los ricachones”

Muchas críticas condenatorias del fascismo son simples reparos a un “demasiado” como si se tratara solamente de un “pasarse de la raya”.

Brecht y el populismo:
“Hacer caso a la voz del pueblo es algo completamente distinto a regalar los oídos del pueblo”.

 “Al director de teatro no le fue a menudo fácil llegar al público de las localidades baratas por encima del muro de los espectadores acaudalados que pagaban sus costosas representaciones”

“Rilke en cuanto al contenido no es nada, en cuanto a la forma es algo: es la huida de la banalidad para refugiarse en el esnobismo.”




“El obrero vence dificultades, entiende a Marx mejor que a Hegel; cuando ha sido formado en el marxismo, Entiende a Hegel”

 “Porque los tiempos corren, y si no corrieran, las cosas andarían mal para aquellos que no se sientan a las mesas de oro”

 “El realismo debe de desenmascarar los puntos de vista dominantes como puntos de vista de los que dominan”

El realismo no es una pura cuestión de forma. No, para convertir el cazador en venado se requiere invención.

 “Es sabido que no se pueden saltar buenamente fases previas”

 “Lo nuevo debe superar a lo viejo, pero debe tener lo viejo superado en sí, debe “abolirlo”.

“Hay cosas nuevas, pero éstas surgen de la lucha con lo viejo, no sin ello, no del aire libre”

“Para muchos una descripción plástica sólo es factible sobre una base sensualista, todo lo demás lo llaman reportaje, como si no hubiese también reportajes plásticos”.

“No han amojonado su radio de acción. La literatura tiene tan sólo la misión de ser literatura”.

“Con un vocabulario puramente estético se intenta combatir el esteticismo; atentos únicamente a las formas, se intenta arremeter contra el formalismo”.

“Cambios que no son cambios, cambios de ‘forma’, descripciones que sólo transmiten lo externo, de las cuales, empero, uno no puede formarse juicio alguno…”

“El capitalismo no deshumaniza solamente, crea humanidad también, a saber, en la lucha activa contra la inhumanidad”.

“Frente a las exigencias siempre nuevas del medio ambiente social siempre cambiante, seguir aferrado a las viejas formas convencionales es también formalismo” (Brecht)

“…sólo modifica la forma, no el contenido. Cambian “la iglesia” de lugar, en vez de quitarla de en medio”

(Brecht)


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lunes, 21 de marzo de 2016

Entre el “Yo” y el “super yo”.




"...el YO está allí donde va la mano masculina cuando el cuerpo se siente amenazado".
(Pascal Quignard)



Si Marx hubiese "bloqueado" a Proudhon, ¿Qué hubiésemos aprendido?

"Ya es mucho saber que no sabes"

Dejémonos de hipocresías, casi todos nos hemos acostumbrado a la oscuridad. Por eso toleramos lo que toleramos y consentimos lo que consentimos. Cierto que los militantes del “sentido común” no pueden ser acusados a la ligera de ese “acomodarse a la oscuridad”, que evidentemente no perciben. Ellos viven en el mundo de la luz, de las verdades luminosas escritas en letras de neón  o en pantallas digitales LED. Andan más bien deslumbrados. Ciegos. Menos mal, para el orden dominante, que tienen “la voz de la autoridad” interiorizada, aquél “superyo”, con residencia en el inconsciente, del que hablaba Freud. O sea, las creencias y doctrinas, “bienes mentales de la civilización”, la ideología que cimenta, sostiene y legitima el sistema de explotación económica del que, a su vez, se nutre.

“Hemos pasado de pensar las palabras en términos de conceptos a pensar los conceptos en términos de palabras”
¡Sin movernos del sitio!

Escribe Freud: “La civilización no es más que un mecanismo molesto para obligar a los hombres a hacer lo que espontáneamente detestan, a saber, trabajar.” Pensamiento muy del gusto de ciertas corrientes anarquistas y libertarias y, aunque no tanto, con el Lafargue de “el Derecho a la Pereza”. Y más adelante afina: “Una civilización que deja insatisfechos a un gran número de sus integrantes y les impulsa a la revuelta ni tiene ni merece la perspectiva de una existencia duradera”. Freud, burgués humanista y racionalista, habla de orden social y económico, incluso se vale de  la metáfora arquitectónica que utilizó Marx, y que el marxismo vulgar pervierte,  de base económica-superestructura jurídica-política-ideológica. Y en cierto modo también de hegemonía gramsciana: “bienes mentales de la civilización”. Freud, como Gramsci, afirma que la cosmovisión secularizada (laica, no religiosa, pagana) y desmitologizada que hasta la fecha ha sido esencialmente monopolio de los intelectuales debe difundirse como “sentido común” del conjunto de la humanidad. Asímismo supo ver a la religión como un “mito” socialmente necesario, un medio indispensable para contener el descontento. Y, añadimos nosotros, diferir su potencial estallido. Cierto también que como buen elitista, pensaba y así lo escribía que sólo una minoría de “preparados” sabe reconocer la verdad desnuda, mientras que las masas insensatas siguen los engaños de la ilusión. Y es precisamente ese temor a la insensatez de las masas de hombres y mujeres, lo que obliga a las élites a someterlas a control y castigo. La coartada siempre a punto.






Después de servirnos amablemente, tras cualquier “ismo” inevitablemente nos llega el “post” del mismo. Del puro mecanicismo al espurio postmecanicismo. Es lo que triunfa, lo que pita.

Leo que el concepto clásico de razón está ligado íntimamente con el concepto de justicia social. Y lloro. Y no estoy en Grand Central Station.

Págame cartucho que yo te escucho: “Los constructos teóricos del analista son ficciones tan convenientes como las fantasías del paciente”.

Mientras el único problema de los empresarios es cómo promover sus intereses, el de los obreros sigue siendo cómo llegar a conocerlos.

Los canales de televisión, que no son otra cosa que canales de legitimación de la explotación, deberían desembocar, deberíamos hacerlos desembocar, en la poza séptica de la deslegitimación.

Una de mis sórdidas pasiones, tropezar con oportunas locuciones: “expresiones ventrílocuas”. No todo va a ser follar, que decía el Krahe.

El día que por fin todos los hombres sean iguales ante la Ley, descubriremos que la Ley siempre ha estado y está del lado del poderoso.

Nos siguen explotando, controlando y castigando, y cada vez un poquito más, pero tranquilos, sólo es para comprobar cuánta ignominia PODEMOS llegar a tolerar. Sin estallar.

Ánimo, si no lo ha hecho ya, aún queda día por delante para contribuir a legitimar el generoso dominio de clase que nos da, ya les gustaría pero no puede ser a todos, empleo y algo de comer y fotografiar.

Que vivimos instalados en la hýbris, nos espetan intelectuales ecologistas que ganan 3.000 € mes por seis horas de clase a la semana.



ELOTRO


“Con diez minutos de arribismo social se consiguen mejores puestos que con diez años de duro trabajo” / Philip Larkin, “Jill”



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lunes, 14 de marzo de 2016

Ejercicios sin estilo. (y 2)




“Teme lo que ignora”
(Apuleyo de Madaura)


“El concepto de “alienación” está estrechamente vinculado al de “reificación”, pues si los fenómenos sociales dejan de ser reconocibles como resultado de proyectos humanos, es comprensible percibirlos como cosas materiales, y aceptar así su existencia como inevitable”
(Terry Eagleton, “Ideología”)

Tanto esta última como la anterior entrega de “Ejercicios sin estilo” no es más que una serie de subrayados y apuntes al hilo de la lectura del libro “Ideología” de Terry Eagleton. Queda dicho. El propio libro no deja de ser un compendio de citas estatégicamente colocadas y confrontadas de: Marx, Engels, Shopenhauer, Nietzsche, Freud… y seleccionadas, medio reeelaboradas algunas y analizadas, con toda la intención, por el propio Eagleton. La mente (que se mueve en un marco de necesidades, intereses y deseos), leo, “organiza” el mundo para fines pragmáticos, y sus ideas no tienen otra validez que esa orientación práctica.

Una de ellas que, lamentablemente, no recuerdo su autoria: “A menos que expresemos las ideas estéticamente, es decir, mitológicamente, éstas no tienen interés para el pueblo; a la inversa, hasta que la mitología sea racional, el filósosfo debe avergonzarse de ella”. Salvando las distancias y en otro libro paralelamente picoteado, leo: “Llamamos la atención sobre la radical inutilidad de la obra artística mal hecha”. (Alfonso Sastre, “Manifiesto, 1958”) Trátese de la distancia que se trate, ambas citas nos hablan de lo mismo: de eficacia. De eficacia comunicacional e ideológica. De maneras de inculcar la “ideología hegemónica” o de plantear la lucha ideológica contrahegemónica (especialmente el marxismo y su fuerza analítica discriminatoria), en el tráfago de la vida cotidiana, o en cualesquiera de sus ámbitos.

La ideología en términos psicológicos, es menos un sistema de doctrinas articuladas que un conjunto de imágenes, símbolos y en ocasiones conceptos que “unimos” en un nivel inconsciente. Siendo así que la ideología también puede tomar la forma de “comportamiento habitual”, en vez de pensamiento consciente. Negarse a sí mismo en el acto de afirmar o a la inversa. En cualquier caso, una de las funciones principales de la “ideología” consiste en dotar a los sujetos con las formas de conciencia que necesitan para asumir “puestos” o funciones en el marco de la producción material. La “ideología”, que se valida a sí misma, como “pegamento” de la formación social. Una crítica de la facultad de conocimiento, sigo leyendo, es absurda, ¿cómo podría un instrumento criticarse a sí mismo cuando sólo puede utilizarse a sí mismo?

La materia prima del pensamiento, previa acumulación de tradición  ideológica y nuevos conocimientos adquiridos en la experiencia empírica de las relaciones sociales. En la ideología, decía Althusser, la relación real está investida inevitablemente en la relación imaginaria. Esa “propia” percepción que nos “vende” que la punta del iceberg es el iceberg. Que la parte visible, o “en uso actual”, es el todo realmente existente. Un sistema de distorsión de la percepción o el “conocimiento” tan profundo que se elimina, diluye, totalmente y presenta un aspecto de total normalidad: transparente, diáfano, incuestionable. Cautivador.

 La “ideología” es la materia que nos hace ser específicamente lo que somos, constitutiva de nuestra misma identidad. (Terry Eagleton). Existen “ideologías”, las dominantes, surgidas de y para sustentar formas de poder, opresión y represión, pero también coexisten “ideologías” que, como respuesta al antagonismo y la lucha, combaten contra ese dominio en pro de la emancipación de las fuerzas sociales explotadas y sometidas. Sin embargo, asombra la eficacia que, la ideología dominante, demuestra a la hora de invisibilizar las contradicciones antagónicas más obvias en la cotidiana experiencia práctica de las relaciones sociales de producción, propiedad, etc. Esta hegemonía ideológica y cultural, que no olvidemos incluye múltiples y constantes formas de supervisión coercitiva, garantiza al sistema un altísimo grado de consentimiento social, en una masa interclasista de individuos creyentes, paradójicamente, de disfrutar una condición privilegiada de ciudadanos libres. La forma más extendida de inserción en la ideología hegemónica.




“Construyen un mundo que, al ofrecer significados unívocos,  un solo camino, acaba no teniendo nada que ver con el existente” (B. Brecht) De eso se trata, la “ideología en el poder” tiene como misión principal la invisibilización (de cara a los sometidos) del dominio y sus formas. Ya no digamos de los engranajes e instrumento que la hacen posible y la afianzan. Como decía Deleuze:  "No es el deseo el que se convierte en necesidad, es todo lo contrario: son las necesidades las que se convierten en deseo", necesidades y deseos, que el sistema “promete” satisfacer, a cambio de la integración incondicional en los mecanismos de las relaciones de producción capitalistas.

- Dijo enfurecido: “¡No hablamos el mismo idioma!”
(Por fin me había comprendido)
Peter Handke

El capitalismo, su “ideología”, nos vende esclavitud vestida “ideológicamente” de libertad, y, como no podía ser de otra manera tratándose de ansiosos compradores compulsivos, se la compramos. Tenemos que aprender a leer la letra grande de los contratos, porque la trampa está en el cumplimiento del mismo, no en el accidental incumplimiento. “Me place ser el ácido corrosivo sobre la imbecilidad.” decía Antonio Gramsci en 1917. Fue Gramsci quién, actualizando a muy diversos filósofos y pensadores de muy variado cariz, dio amplitud y profundidad hasta entonces desconocida al concepto “hegemonía”. Lástima que su trabajo, limitado por su condición de preso aislado y censurado ( si aún en condiciones idoneas:“uno anda la mayor parte del tiempo a tientas en las tinieblas”) en las cárceles fascistas de Musolini, careciera del vigor y rigor documental y bibliográfico (la crítica del capitalismo exige del uso de la razón analítica más exhaustiva y fundamentada), más que necesario imprescindible, para redondear “científicamente” su transcendental aportación “ideológica” a la lucha revolucionaria, sobre todo en la mentada vertiente cultural, y en la época de los primeros y transcendentales pasos del imperialismo. El objetivo de la lucha antihegemónica comienza por la clase obrera y el autoconocimiento de la propia situación social. Desde ahí se percibe con claridad al enemigo de clase.

Claro que: “Conocerse a sí mismo es dejar de ser el que era antes de conocerse”, o sea, que, ya puestos, adelante, pero ojito con el autoconocimiento. Porque vivimos guiados por ese pensamiento que olvida, o que nunca llegó a conocer, su “origen” social, y que prefiere ignorar, o no sabe ni sospecha, que quien domina la producción material controla también la producción mental. Y recordemos una vez más: “La conciencia no puede ser nunca nada más que existencia consciente, y la existencia de los hombres es su proceso vital real”. (Karl Marx) y otra: “¿Quién educa a los educadores? (K. M.) La ideológía hegemónica dispone de la capacidad de ajustar los instrumentos e instituciones de  “educación” a sus propios fines.

¿Quién, en su tibio o apabullante candor, admite educadores que no ve, que no percibe ni tan siquiera como voces “ventrílocuas”, que no asocia ni liga ya sea lejanamente con las ideas, conocimientos y hábitos que, interesadamente, le son inculcados de manera sutil día sí y día también laborales o feriados? La ideología hegemónica, ajena a los oscuros, desorientados, reducidísimos y prácticamente testimoniales debates que tienen lugar en la ciénega antihegemónica (aunque eso sí, vigilados y controlados por si en última instancia hay que echar mano de la selectiva y letal coacción y represión violenta), sigue incansable a lo suyo: alimentar ilusiones, engordar el idealismo supersticioso, alejar la tentación de base materialista, el pensamiento crítico y científico. Colocar lo real fuera de alcance. Impedir pues, la transformación de lo que no existe, porque no se conoce, porque no sale en sus omnipresentes y omnipotentes medios de desinformación e incomunicación, invisibilizado, intangible. A buen recaudo. En fin, probablemente una nueva lectura “errónea”, lo que mejor se me da.

ELOTRO

Elegancia: saber apartarse.

(Peter Handke)



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lunes, 7 de marzo de 2016

Ejercicios sin estilo. (1)




Decía Marx que somos seres prácticos antes que teóricos. En el principio: la práctica, para luego pasar al fruto teórico que a su vez, y en forma de “praxis” revierte como bagaje, carga ideológica en proceso, en la posterior práctica… y así el flujo dialectico incesante de ensayo-error...  

En cierta medida el “pensamiento” es una suerte de engaño, engaño necesario que permite construir las abstracciones, reducciones y simplificaciones sin las cuales seríamos incapaces de “elaborar” pensamientos, de crear conceptos. En ese sentido se puede afirmar que toda racionalización es inherentemente falsificadora. Somos seres llenos de prejuicios ideológicos, comprometidos, interesados… y excesivamente crédulos sobre la supuesta autonomía de nuestra razón (La razón, ¿una modalidad de deseo?).

Olvidamos que tener un concepto, no es tener una experiencia. El concepto es sólo, y no siempre, un pálido reflejo de lo real (la palabra “café” carece de la textura granulosa y el rico aroma del café real). El intelecto que congela la fluidez de la realidad y la trocea arbitrariamente en categorías estáticas, fabrica ideología teórica “pura” y fija, desvinculada de la práctica (la realidad como lugar inhóspito), de la lucha y el movimiento y la contradicción, del proceso constante. O sea, el fruto del pensamiento acrítico, adialéctico, acientífico. El triunfo de la superstición.

Necesitamos conocer lo que deseamos transformar, ¿por eso se nos escamotea el engranaje del sistema? Frente a aquellos que son demasiado cobardes para pensar peligrosamente. Aquellos que ven en peligro la supervivencia de su “particular” y privilegiado bienestar. Aquellos que hacen como que ignoran la bajeza que habita en la raíz de su “posición” ideológica: política, religiosa, económica, estética… e incluso cuando se trata de sus “prácticas” más edificantes… ah, la bendita caridad que trata de hacer llevadera la “inevitable” injusticia… en la conciencia del victimario. Porque, consideran, que lo “razonable”, en su lógica ideológica, no es un proyecto social de emancipación colectica, sino aquello que contribuye al interés propio (“lamentablemente” antagónico con el común).




Ideas, conjunto de creencias, “ideología”, que trata de oscurecer la verdadera naturaleza de las cosas. Ideología que incluye en sí misma su propio y vil disimulo. Que se esfuerza en ignorar la voluntad ciegamente voraz, el ansia vacía e insaciable que está en el núcleo del capitalismo. Que trata de invisibilizar, ora deslumbrando ora opacando, la codicia, malicia y agresividad criminal del Mercado, de sus mecanismos, y que, resulta evidente (más allá de la mediación de la fetichización y reificación), es “la forma de ser” (la práctica social) dominante en la mercantilizada sociedad actual.

Una percepción del mundo obnubilada por “prejuicios” ideológicos que legitima la sórdida pasión de la codicia. Una concepción del mundo que mira la realidad desde una perspectiva mistificada a la medida de un deseo egoísta, asocial, una caída (en cuanto racionaliza la irracionalidad y sus apetitos) a la condición (objetivamente) animal.

Ideología que “está detrás” de aquello que nos sentimos, de nuevo la servicial credulidad, “espontáneamente” dispuestos a hacer. Y que “objetivamente” se trata de aquello que nos exigen nuestras condiciones sociales, nuestra particular inserción en las relaciones de producción, nada pues de “espontaneidad” y sí mucho de determinantes “estructurales”, de conductas regladas que, finalmente afianzan el poder vigente.




Un guión fijo (estratos ideológicos) que, paradójicamente, se nutre de una innovación incesante. Un campo social estructurado necesariamente por un conjunto de reglas tácitas que lo regulan (que niegan el espontaneismo, que son ideológia fija, tradición, sentido común asentado en proceso no cognitivo). Reglas que a su vez ejercen una “violencia simbólica” (que no se ve, que no se percibe, que deja de ser reconocible gracias a la fragmentación, aislamiento y desconexión que genera el “autónomo” e imparable proceso de reificación) que no suele ser reconocida por sus propias víctmas como violencia: “Hombres y mujeres que combaten por su esclavitud como si combatiesen por su liberación” (Baruch Spinoza). Violencias “invisibles” como las del crédito, de la confianza, de la obligación, de la lealtad personal, de la hospitalidad, de los regalos, de la gratitud… en definitiva, un poder que se avala de manera tácita en vez de explícita es aquel que ha conseguido legitimarse a sí mismo.




Y hablando de instituciones e instrumentos para la difusión y reproducción de la ideología dominante: El maestro habla ideológicamente a los estudiantes, y es percibido como alguien en posesión de una cantidad de “capital cultural” que el estudiante tiene que adquirir… omnipresente mercantilización. “La vida no está determinada por la conciencia, sino la conciencia por la vida”. (Karl Marx) Los propietarios de los medios de producción material lo son asimismo de los medios de producción cultural e ideológica. El sistema educativo contribuye a reproducir el orden social dominante por medio de esta distribución regulada del capital cultural.

Esa “experiencia ideológica acumulada”, ese “inconsciente cultural” inculcado en los hombres y mujeres (que ingenuamente creen surgidas de la espontaneidad) que acaba por condicionar o determinar su conducta en cada una de las diversas instancias de la formación social: económica, política, ideológica…

Ideologías tan bien “elaboradas” (contribuyentes al carácter opaco de los procesos sociales) que permiten disfrazar con florituras retóricas de marcado carácter dicotómico, el  enaltecimiento de la práctica explotadora más despiadada, y fríamente calculada y carente de escrúpulos éticos y morales y, al mismo tiempo, la invocación ritual de los valores “humanísticos” más sagrados.  De tal manera que la “ideología” puede llegar a proporcionarnos un mapa imaginario e interesado de cierta “totalidad social”, con lo sensible no racional y lo racional no sensible en el mismo plano aunque en diferente y discriminada  escala. Disposición, subyacente a los cosméticos, al servicio exclusivo de los intereses dominantes. Por eso, se dice que hay quien sospecha, dominan…

ELOTRO



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