Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 25 de enero de 2016

Gris sobre fondo gris.




“La necesidad más seria es la de conocer”
(G.W.F. Hegel)

Hoy ha amanecido un día gris. Los cielos grises, los árboles grises, las caras de los libreros, paseantes (clientes o turistas) y curiosos grises e, incluso, la arboleda visible tras la tapia del Real Jardín Botánico, también de un sucio, ¡la contaminación!, gris. Y las casetas de la Cuesta de Moyano, como siempre, todas repintadas mil veces de gris.





La lucecita, de tenue amarillo pálido, se ha encendido en la caseta del librero facha por antonomasia, el más veterano de la cuesta –le he oído, qué remedio, fardar de sus comienzos allí en el “glorioso” año 1942, el más gritón con diferencia, el más impertinente y desabrido en el trato, y siempre repulsivo. Un mal bicho, si quieren que sea más explícito. También es el que, con mucho, más vende (incluso revende habitualmente a otros libreros, de menos posibles, de la Cuesta), y el que más barato lo ofrece al público. En medio de la consabida y mayoritaria basurilla de autores conservadores o franquistas de raza: Vizcaíno Casas, Pemán, Cansinos Assens, García Serrano, Pio Moa, Fraga, Jiménez Losantos y la intemerata facciosa que no vale un pimiento pero copa las listas de autores de las grandes editoriales, por ejemplo ,Planeta… leo, sigamos, en un pequeño lomo de color amarillo pálido: Raymond Williams, “Los medios de comunicación social”. Por 20 céntimos me lo quedo. Los sábados, nuestro involuntario suministrador de libros inencontrables de autores marxistas,  suele abarrotar caóticamente el tablero de libros, previamente expurgados pero menos, de todos los pelajes a 20 céntimos unidad; el resto de la semana los tasa en 1 euro.




Acostumbra nuestro hombre de extrema derecha (El generalísimo, acostumbra a decir), reservar una parte del tablero exterior, un 30%, de superficie a las piezas expurgadas de más valor según su particular criterio que, la verdad, no es escaso, y los marca a 3 o 5 euros, según le da. De esta zona VIP-gourmet me quedo en esta gris ocasión con, otra lucecita, precisamente gris-plata: “La invención de la tradición” de Eric Hobswaum y Terence Ranger. Libro este flamante al que se ve que recientemente le han arrancado la etiqueta con el precio y su código de barras. En fin, a la buchaca que va.




(Abro paréntesis sobre una novedad que se abre paso desde hace unos meses en La Cuesta de Moyano. El caso es que algunas casetas han cambiado  de dueño o de gestor, no digo sólo currela. La atienden jóvenes que suelen estar armados de su portátil y que si preguntas por un título que no tienen, consulta la red y te informa de su posible encargo. Además son gente que se nota que lee y que conoce obras, autores y editoriales. Salvo escasas excepciones los libros son también de segunda mano pero… y ahí esta el detalle, suelen vender a unos precios altísimos, son la hostia de careros. Por poner un ejemplo, libros de Alianza Editorial, de Ariel, de Grijalbo, de Ayuso de los años setenta u ochenta, marcados a 6, 8 o 10 euros, los mismos que se pueden encontrar en otras casetas o en otros mercadillos de segunda mano a 1 o 2 euros como mucho. Y los sábados como ya se ha dicho a 20 céntimos. Yo ya ni me paro ante sus caballetes, y no sólo por mi limitado poder adquisitivo, en última instancia mejor libros nuevos en ediciones de bolsillo por el mismo precio. En fin, será el "conceto", o ellos sabrán.)



Y hecha la recolección de libros, dirijo mis pasos al Museo del Prado. Hoy quiero visitar la sala donde se exponen temporalmente los “Retratos de artistas por Federico Madrazo”. Esta expo coincide en fechas con la de Ingres y, esa feliz casualidad, permite al visitante comparar la obra, llena de evidentes similitudes, de ambos artistas. Similitudes explicables, las de la obra de Madrazo con la de Ingres, porque Federico estuvo pensionado en París y estudió pintura precisamente con Ingres, que fue amigo de su padre, José Madrazo.









Federico de Madrazo nació hace ahora doscientos años en Roma (1815-1894) fue un talentoso, ténicamente hablando, su aporte de creatividad es nula a mi entender, pintor y dibujante de corte academicista, neoclásico y romántico a la manera francesa que, aunque también trabajó en Roma, fue la que mamó y más le influenció. Pintor de cámara de Isabel II, director del Museo del Prado y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Todo un carrerón en las más altas instituciones de su oficio. Se especializó en el género de los retratos, y es ahí donde podemos apreciar “el seguidismo” con la obra de su maestro Ingres. Sirva de ejemplo el celebrado retrato de la Condesa de Vilches (1853), que también cuelga en las salas del museo y que, en estas fechas “convive”  con La Condesa d’Haussonville”, obra de Ingres de 1845. Sin duda Madrazo fue un alumno aventajado del maestro francés. Y no sólo en pintura, sino sobre todo, en mi opinión, como dibujante. En la expo cuelgan dibujos espléndidos que tienen muy poco que envidiar a los de su maestro, si acaso la cronología, claro. En fin, pintores ambos de escasísimo interés en la vertiente inventiva o experimental, pero de innegables dotes técnicas y artesanales. Y eso, para los degustadores del arte, al menos en mi caso, también cuenta, aunque no sienta especial predilección.




En esta misma visita me he encontrado con una grata sorpresa, lo llaman “La obra invitada”, y es la ocasión de conocer por uno días obras de otros museos.
En este caso se trata de un retrato de “Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna”, pintado por Goya en 1798, propiedad de la Frick Collection de Nueva York (uno de estos días escribiré algunas notas sobre el pedazo museo y colección que montó este pájaro en la Quinta Avenida de Nueva York, un “potentado” del acero, en los EE UU de la revolución industriál y la era del capital, Hobsbawm dixit) y de la que se nos informa en el folleto:  “…cuya reciente limpieza, llevada a cabo en el Metropolitan Museum de Nueva York, ha puesto de manifiesto una riqueza de la técnica y colorido que bien podrían situarla en un período más tardío, incluso después de la muerte de don Pedro en 1807”. (…) Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna (1755-1807) fue uno de los primeros y más eminentes patronos de Goya desde mediados del decenio de 1780. Después de su muerte, el artista trabajaría para su mujer y sus hijos hasta 1817. El Prado conserva varias obras pintadas por Goya para los Osuna como el retrato de la familia al completo realizado en 1785, el de la marquesa de Santa Cruz (1805) y el de la duquesa de Abrantes (1816), así como el especial Vuelo de brujas, uno de los “asuntos de brujas” de la serie que Goya vendió al duque en 1798.”

Por mi parte añadir que la restauración que ha realizado el MET, (como es obvio ignoro el estado anterior) ha dejado una pintura que parece recién salida del taller de lavado y planchado del maestro. No me refiero sólo a la viveza de los colores y a su brillo y contraste, sino sobre todo a la nitidez con que se puede admirar las avaras (salvo el rostro), precisas y formidables pinceladas con que Goya resolvió el extraordinario retrato del duque. Ahí está desvelada la impagable herencia de Velázquez que, vía Goya, acabó en Manet (su visita al Prado en 1865) y, por fin, en las manos de los impresionistas. Bueno, esto quizá habría que explicarlo, o fundamentarlo, con más detalle, aunque al fin y al cabo, puede ser una pista.  Dejémoslo pues para mejor ocasión, por hoy ya no se despacha. Tengan la bondad de aguardar.

ELOTRO


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lunes, 18 de enero de 2016

Goya en la pared





En un día realmente frío, 16 de enero, y con un sol espléndido sin nubes de por medio en Madrid, he cumplido con mi rutina semanal de pasear entre libros de segunda mano, las casetas de la Cuesta de Moyano, y visitar alguna expo, en esta ocasión, el Museo del Prado.

Ando estos días inmerso en la, para mí muy gozosa e instructiva, obra de Bertolt Brecht y, casualmente, he encontrado un libro suyo, una compilación de notas, artículos y ensayos, titulado “El compromiso en literatura y arte”, editado por “Peninsula”. El libro está en perfecto estado aunque muy subrayado, cosa que, no me pregunten el porqué, hace tiempo que dejó de molestarme. Y precisamente mientras lo ojeaba encontré una cita subrayada que me sugirió por donde debía encaminar mis pasos en la posterior visita al museo. La cita dice: “No existe diferencia alguna entre forma y contenido”. Y añade lo que Marx dice acerca de la forma: “es buena en tanto es la forma de su contenido”.

Pues bien, se me ocurrió que podía dedicar la visita a visionar en exclusiva  la obra de Goya pero, centrándome especialmente en dos épocas diametralmente opustas en cuanto a eso que llamaremos, para entendernos, “forma y contenido”: los cartones para tapices y las pinturas negras. La completísima colección del Prado nos permite realizar este recorrido tan lleno de contrastes y sortear las varias décadas que separan la realización de éstas obras. La primera sorpresa fue que el Museo ha trasladado las pinturas de los tapices a la segunda planta, mientras que las pinturas negras siguen en su sitio habitual, la planta baja. Yo pretendía unir o al menos reducir la “distancia” y ellos la han aumentado. Claro que bien mirado, quizás se agradezca ese “distanciamiento”, esos escalones y pasillos de “transición” entre una mirada de colorines y otra negra.




“En la novela (pintura aristócrata) burguesa, del mundo real se llega a conocer sólo algo del autor y nada del mundo”.
(Bertolt Brecht)

En los tapices, siguiendo disciplinadamente el libreto del “maestro” Mengs (“Donde no reina la razón, el arte es el resultado de un simple azar”), Goya se aplica en una pintura de base neoclásica, asimilada en su viaje de formación a Italia, y sazonada de un pintoresquismo costumbrista de tono tan fraudulento como amable y de una estética afectada y azucarada con altas dosis del indigesto rococó. El arribismo en las instituciones, es lo que exige ya desde la matrícula: respetar escrupulosamente la tradición y servir fiemente los valores dominantes.

Dijo Javier Tomeo, otro aragonés, de Huesca, creador de un extenso e inquietante “imaginario” infestado de extraños monstruos de variados pelajes: “Solo se puede escribir desde la mala leche”; y eso fue lo que hizo Goya, claro que en su oficio y sin “encargo” mediante. Pintó, dibujó y grabó desde la mala leche y, por añadidura, desde la atroz sordera, ¿de origen venéreo?, que arrastraba desde 1793.




Hay realidades que, como dijo Joseph Conrad ”…no son un hecho agradable cuando se los examina con atención”. En el caso de los tapices ese “examinar con atención” podría consistir sencillamente en situar las obras, más allá de su motivación decorativa y aduladora, en su exacto contexto histórico, o sea, “lo real” que, por decirlo suavemente, realmente refleja/falsea.
Pero esa “maniera de acicalar y hermosear”, de ficcionar e idealizar cuando no borrar directamente la cruda realidad, es condición “política” de inexcusable cumplimiento para aquellos que se han decidido “voluntariamente”, caso de Goya, por la vía “arribista” dentro de la estructura estrictamente académica e institucional (Pintó a Carlos III, y a Carlos IV  como Pintor de Cámara y finalmente también retrató (por encargo indirecto) a Fernando VII, entre otras duquesas y condes y demás), lo que les conduce, con sus sabrosas regalías incluidas (por ejemplo: dieta de 5.500 reales para carruaje), inexorablemente a la aceptación, explícita en sus obras, de la “sociedad” sustentada, justamente, en esas instituciones que, a cambio, le garantizan la pitanza y algún que otro privilegio más.
En este apartado podemos concluir, por tanto, que, esas deslumbrantes luces, esos destellantes colorines, esos gentiles y refinados ropajes, esa música celestial que pone fondo a esa otra sinfonía (ay, el compa Luigi Boccherini) de sonrisas, juegos y bailes que, en alegre armonía, interpretan los afortunados y despreocupados figurantes de esos “futuros” tapices que, adornarán y perfumarán,  con su infalible camuflaje obnubilador, las paredes, y “las conciencias”, de los palacios y palacetes y habituales  u ocasionales frecuentadores.



“…el hombre es una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve”, escribe Pascal Quignard en “El sexo y el espanto” otro interesante librito adquirido esa misma mañana, obra de un autor muy recomendable del que he leído muy poco pero todo muy bueno: Una obra sobre Georges de La Tour, “La lección de música” o, en otro orden, su guión de “Todas las mañanas del Mundo” el film sobre Sainte-Colombe y Marin Marais. Pues siguiendo a Quignard podríamos decir que nos disponemos a buscar “otra imagen detrás de lo que se ve en los cartones para tapices”. Y de los cartones pasamos, escaleras abajo, a las pinturas al óleo sobre pared (traspasadas a lienzo) conocidas como las Pinturas Negras de la Quinta del Sordo.





La serie de los cartones, arte menor y quizás por eso su obra más “popularizada”, fue producida entre 1775 y 1792, Goya empezó treintañero y terminó cuarentón. Ténicamente ya dominaba todos los palillos: dibujo, pintura al óleo y al fresco, grabado… y, en su caso, ya estaba dotado de todos los talentos para ejercer su oficio con criterio propio, digo en lo que se refiere “a forma y contenido”, aunque se trate “brechtianamente” de la misma cosa. Y así lo reclamó: “la necesidad de libertad de invención del pintor”, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esa nueva y emancipatoria etapa comienza, (tras la grave enfermedad que le aquejó en 1793 y que además de la sordera, le lastró con problemas de vista, vértigos y mareos), una gran mutación en su obra. A partir de entonces ya nada fue igual, ni en su vida ni en su arte. Aunque continúa con sus retratos de la nobleza,  en paralelo realiza los extraordinarios aguafuertes y aguatintas que componen la serie de “Los caprichos”, las pinturas de las “majas” o las numerosas obras de gabinete conocidas bajo el genérico epígrafe de “El capricho y la invención”. Y como culminación los extraodinarios grabados titulados “Los desastres de la guerra” o grandes pinturas, en todos los sentidos, cómo las dedicadas al 2 y el 3 de mayo de 1808.




“El hombre es aquel a quien le falta una imagen”
(Pascal Quignard)

Las Pinturas Negras fueron realizadas con pintura al óleo por Goya sobre las paredes de su casa entre 1819 y 1823. Durante más de cincuenta años a partir de la muerte del pintor, casi nadie supo de ellas. Es su obra cumbre, sin género de dudas, y quizás por eso la menos “popularizada”. Este es el Goya que ha quedado como  “pintor de pintores”, es el Goya precursor del impresionismo o protoexpresionista o protosurrealista según venga a cuento para los “usurpadores” profesionales fanáticos de la catalogación. Visto desde las vetajistas alturas del siglo XXI, casi cualquier cosa puede argumentarse y “justificarse” sin demasiado esfuerzo argumental, ante un público acrítico y prácticamente semianalfabeto, aunque eso sí, muy ufano de su enciclopédica “cultura” adquirida.

Enfrentado a esas pinturas, en total catorce piezas de muy diferentes formatos, uno no sabe por dónde empezar, la mascarada ha concluido, a mirar o devolver miradas, a buscar entre lo sagrado y lo profano, a interpretar o simplemente a preguntar o tratar de responder a las incesantes interpelaciones, como auténticos disparos, que recibe de esas fantasmagóricas y alucinantes figuras, nada de cuerpos gloriosos, por los cuatro costados. El dibujo analítico, las mezclas de género y registros expresivos y las pinceladas audaces e impetuosas de Goya, cumplen con nota aquel reclamo de Goethe: “Hay que elegir del arte representaciones legibles y precisas”.
Uno se encuentra situado en el centro de una sala rodeado de caníbales infanticidas, la furia animal de flagelantes, demonios e inquisidores, ancianos desdentados y rufianes de aspecto cadavéricos en atmósferas atosigantes de violencia estremecedora o paisajes de hiriente belleza trágica. En fin.

En 1824 Goya se trasladó a Burdeos. Allí vivió hasta su muerte en 1828, en compañía, casi nunca armoniosa, de su Leocadia Zorrila y la hija de ambos, Rosario. Eligió Burdeos porque allí ya vivían otros exiliados españoles y, sobre todo, su amigo Leandro Fernández de Moratin, que, entre otras cosas, dejó dicho: Llegó un Goya sordo, viejo, torpe y débil, sin saber palabra de francés. Pero el viejo testarudo no había perdido el ánimo. Siempre explorando nuevos temas, y todavía algo “arrogantillo”. Y deseoso y contento de poder ver mundo.




“La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida a ella, es madre de las artes y origen de sus marabillas”
(Francisco de Goya)

ELOTRO



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lunes, 11 de enero de 2016

Raymond Chandler en Marlowe






“La mayoría de los escritores tienen el egotismo de los actores sin su belleza física ni su encanto”
(R. Chandler)


Encima de la mesa y repartidas por los escasos huecos de los estantes tengo siempre a mano, para el accidental  picoteo, “novelas negras”. Literatura “poco seria” que le espetaban a Chandler, y que el tan mal encajaba. Y con razón, creo yo. En cualquier caso siempre recordaré aquella sentencia suya:
“¿Y dónde dije yo que sólo las novelas policíacas que yo escribo son literatura seria? Lo que yo digo y siempre dije es simplemente que no existe nada que pueda llamarse literatura seria, que las supervivencias del puritanismo en la mentalidad estadounidense incapacitan a todos, salvo a los más literatos, para pensar en literatura sin referencia a lo que llaman lo significativo, y que la mayor parte de la así llamada literatura o ficción seria es lo más fugaz del mundo; no bien su mensaje puede datarse, cosa que sucede muy pronto, es letra muerta.”
Y, en otro lugar,  añade:
“…si rebelarse contra una sociedad corrupta equivale a ser inmaduro, entonces Philip Marlowe lo es en extremo. Si ver la basura donde hay basura constituye una señal de inadaptación social, entonces  Marlowe es un inadaptado.
Por supuesto, Marlowe es un fracasado, y lo sabe. Es un fracasado porque no tiene dinero.”
 R.Chandler, “El simple arte de escribir”

Bueno, dejemos de lado a esos críticos “del aparato” que no consideran (no pueden, les va en ello la generosa ración de pitanza que reciben y las espléndidas regalías que también), “serio” ningún contenido o género que atente mínimamente contra los pilares del sacrosanto orden establecido. No lo recuerdo en su literalidad, pero Chandler vino a decir que sólo en novelas de clase “B” podía relatarse, sin peligro cierto de censura, que un juez que condenaba a un tipo a años de cárcel por “pequeños trapicheos de alcohol”, podría poseer al mismo tiempo y de manera descaradamente impune (época de la prohibición, Ley Seca), una lucrativa destilería clandestina de whisky y sus correspondientes servicios de venta y distribución.




Un dato curioso, este contenido de “crítica social” no falta en ninguna de sus novelas, aunque tampoco llegan a ocupar de manera “protagonista” más allá de un par de páginas en total, por más que todo el relato esté impregnado del pensamiento de un inadaptado, cínico, avinagrado, rencoroso, caústico, lúcido e irredento Marlowe/Chandler. Contenido “protagonista” impúdicamente mutilado en las versiones cinematográficas de sus obras. Por cierto, qué paradójico resulta leer en los créditos el nombre del escritor “serio” por antonomasia, todo un premio Nobel, William Fualkner, como “guionista adaptador” de la novela de Chandler. Esto de la “seriedad”, historicidad mediante, va por barrios y épocas, y acaba jugándoles muy malas pasadas a los sesudos “críticos del aparato doctrinario”, gente por lo demás, muy dura de pelar, ya que tienen que protegerse de su propia incompetencia.

Nada más terminar la lectura de “El sueño eterno” me puse “a picotear”, una vez más, en la peli del mismo nombre de Howard Hawks con, entre otros, Humphrey Bogart (Marlowe) y a su querida Lauren Bacall. Toda una experiencia multimedia, o casi. Revelador, por ejemplo, el trasiego del tatuaje de la danzarina balinesa del muslo de Marlowe a su pecho, o el prodigioso giro del detective “muy alto” de la novela, al “no demasiado alto”, aunque hizo lo que pudo, de la peli. Por otro lado, la peli nos escamotea, además de la aguda, aunque concentrada, crítica de la injusticia social que aquí brilla por su absoluta ausencia, el desnudo “turbador” de la pequeña de los Sternwood (menuda pieza la niña, en la novela), clave para entender cabalmente el “papel en la trama” del negocio de pornografía que dirigía el cronológicamente primer fiambre de la trama (A. G. Geiger), o su fallido intento de seducción del “hambriento” Marlowe. Censura interesadamente  compensada por el “medio-machista-cinematográfico” con la milagrosa transmutación en apetitosas y obsequiosas hembras rendidas a los encantos de Bogart-Marlowe, que en la novela, no exenta por otra parte del habitual androcentrismo, figuran como  vulgares y grises  tipejos con las uñas sucias, que ejercen grismente de joyero gris o taxista gris. El milagro del cine “serio”. Ese mismo que ha conseguido “hacer realidad” el chiste que según creo  reza así: “Leer… prefiero esperar a que salga la peli”. Se entiende que, “seria”. La versión eunuca, que decía aquél.



El cine no sólo escamotea el “sexo”, digo en la versión “pervertida” chandleriana, sino también las drogas, incluso la “legal” del alcohol (el tabaco, por entonces, no), bien que en su vertiente, también chandleriana, viciosa y patológica-social. Chandler/Marlowe son alcohólicos declarados. No lo disimulan, les sale así. Beben sin miramientos y no se achantan, a sabiendas de que les gusta y, lo subrayan, no les sienta bien; y no lo disimulan: ¿por qué?. Ya no pueden “vivir” de otra manera. Bogart y la flaca beben y les sienta estupendamente, ¿lo disimulan? En la peli, “no lo parece”. No puede ser cinematográficamente de otra manera. Salvo rarísimas y contadísimas ocasiones, la famosa “regla de la excepción”, que no viene al caso. En fin, ¿qué tendrán que ver la droga y el sexo con la vida real…? ¿y la literatura y el cine “serio”?

Seamos “serios”, aunque no nos haga maldita la falta en este inmundo rincón de la blogosfera. Aquí tienen una opinión “no seria” sobre “la fábrica de los sueños”: 
“…uno se deja llevar por la vida falsa de Hollywood y todo se vuelve escenografía, telones proyectados, miniaturas, rocas de papel maché, árboles en macetas, diluvios de lluvia tropical bajo los cuales los personajes caminan durante horas y salen con una solapa húmeda y dos rizos fuera de lugar. Un metro de película más allá el traje está planchado y el tipo tiene un clavel fresco en el ojal”. Y por si no queda claro, añade autocríticamente: “No creo que se pueda convivir de buena gana con gente corrupta sin ser un poco corrupto uno mismo.”

Y para terminar (“Ande, esfuércese un poquillo”), en una carta a Hitchcock: “Yo soy de los que creen que usted se equivoca por completo. Pienso además que el hecho de que usted puede salirse con la suya no prueba que tenga razón”.

En fin, “¿no les dice eso nada, amiguitos?”, pues, mientras la confusión crece en mi cerebro, pongamos por hoy punto y final, y no importunemos más (“aunque no espero a nadie y nadie me espera a mí”), a este “gris y poco serio” picoteo sobre la obra, “poco seria”, del soberbio, en todos los sentidos, autor conocido como Raymond Chandler, alias, Marlowe.

ELOTRO


“Últimamente me descubren hablando solo con frecuencia. Dicen que no es tan grave, mientras uno no se responda. Yo no solo me respondo, sino que discuto y me enojo.”

(Raymond Chandler)



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lunes, 4 de enero de 2016

Bertolt Brecht en su casaca de cuero. (y 2)




“Yo, Berltot Brecht, soy de los bosques negros.
Mi madre me llevó a las ciudades
estando aún en su vientre. El frío de los bosques
en mí lo llevaré hasta que muera.”

(B. B., “retrato y autorretrato”)

Mirar sólo una “parte”, impide conocer el conjunto, sólo permite saber, exclusiva y excluyentemente, de la “parte”, y aún menos, puesto que se trata de la “parte” apartada, y desconectada, incompleta, como por otra parte el conocimiento que aporta. Se impone pues corregir esa unilateralidad teórica y práctica, ese desequilibrio entre mucho de algo y poco o nada de muchos otros algos que nos impide descifrar (el lenguaje de) “lo real” (ese filón)  en su complejo todo, en su completa anatomía y funcionamiento.

Se hace necesario (“mi espíritu de contradicción”) afinar el instrumento que nos lo ilustra,  abrir el foco, ampliar el campo visual, añadir nuevos y múltiples emplazamientos, ni demasiado cerca, que impida abarcar; ni demasiado lejos, que emborrone las sutiles interrelaciones, vínculos o incluso desuniones, grietas o fisuras e imposibilite ceñir, aprehender;  y puntos de vista. Claro, mucho menos cómodo de hacer. Pero  conviene globalizar, universalizar la escrutadora e integradora mirada que pueda abarcar y dar cuenta de todo el proceso (con sus contradicciones y diferencias, su concreta articulación,  y sus choques y sus pacificadas armonías  complementarias), de su espacio (raíces, idas y venidas, jalones del camino o del exilio) y de su tiempo (historicidad, origen y desarrollo). Y en consecuencia, el conocimiento.

Un mojón de juventud: “…precisamente en uno de estos “históricos” locales (recuerdese por lo menos la “Wilde Bühne” de Trude Hersterberg) el joven Brecht, leerá sus provocadoras baladas, empezando por “Legende vom toten Soldaten”, que, por su caústico y mordaz espíritu antimilitarista, provocó la reacción indignada de un grupo de veteranos presentes, que llegaron a arrojarle sus jarros de cerveza”.

Un compañero de viaje:
“La re-revolución
se hace sólo con amor.
¡Fuera el agitador!
Sólo el intelectual
conoce la real realidad.”
(…)
“¡Oh, proletario, ama al burgués,
porque el burgués es tu hermano!
si a costa tuya gana millones,
tu conciencia
te compensa:
porque el burgués es tu hermano.”
(…)
“La re-revolución
llena nuestro corazón.
Construyamos la libertad
con la lírica producción
de la intelectualidad.”

Versos de Erich Mühsam, el escritor comunista muerto en 1934 en un campo de concentración nazi, que se encargó de ridiculizar en un texto de 1920, al que no le falta eficacia satírica, las consignas de muchos expresionistas (y/o socialdemócratas) sobre la “revolución” que “se hace sólo con amor”.

(Leer estos versos en plena campaña electoral, 20D, con PODEMOS contando milongas y pidiendo que la “gente” sonría y confíe en la enesima promesa de Cambio que no piensa cambiar el pago de la Deuda, la permanencia en la OTAN y el Euro, las privatizaciones en Sanidad y Educación, el Concordato con el Vaticano, la Constitución-78 tutelada por los militares, la monarquía impuesta por Franco… es francamente desolador.)




Pero volvamos a Brecht y a ese gusto suyo por lo cómico y lo grotesco (el ingrediente jocoso), más que por lo trágico… e insistamos: “La comedia hace posible, más aún, determina necesariamnte la distancia y, con ello, una clara comprensión de los nexos”.

Una muestra:

KRAGLER: Estoy hasta aquí (se rie rabiosamente). Es una vulgar comedia. No hay más que tablas, y la luna es de papel. Y, al fondo, una matanza, lo único real (...) El enamorado Medio Podrido o el Poder del Amor, el Baño de Sangre en el Barrio de los Periódicos o el Tigre en el Gris de la Mañana (…) Con escudo o sin escudo (toca el tambor). Suena la gaita, los desgraciados mueren en el Barrio de los Periódicos, las casas se derrumban sobre ellos, empieza a hacerse de día, y ellos yacen sobre el asfalto como gatos ahogados, yo soy un cerdo, y el cerdo se vuelve a su casa (…) Me pondré una camisa limpia, todavía tengo la piel intacta, me limpiaré las botas (se rie rabiosamente). Mañana por la mañana habrá terminado el jaleo, pero yo estaré en la cama y me multiplicaré para no morir. (Toca el tambor) ¡No me pongáis esos ojos tan románticos! ¡Usureros! (Toca el tambor). ¡Usureros! (…) ¡Cobardes sedientos de sangre! (…) ¡Niñerías y borrachera! ¡Y ahora, la cama blanca y grande! ¡Ven!”

Y, a continuación, leo: “Creo que, en la literatura de aquellos años, no hay una representación más atroz y vívidamente dramática de los trágicos acontecimientos que terminaron, en los primeros meses de 1919, con el fracaso del movimiento revolucionario del Spartakusbund.”

El de Brecht es un “teatro de individuos, pero de individuos que se mueven y reaccionan en relación mutua, es decir, dentro del ámbito de una sociedad. Fue un escritor que a los veinticuatro años (Tambores en la noche) había cambiado de la noche a la mañana la cara poética de Alemanía. Sus personajes no son portavoces esquemáticos de ideas y de programas. Con sus dramas creó una nueva totalidad artística, una potencia de invención lingüística que desde hacía varios decenios no tenía igual”




Para Brecht, “teatro consiste en producir representaciones vivas de hechos humanos transmitidos o inventados, con la finalidad de recrear, debe, de modo absoluto, resultar una cosa superflua, lo que significa, quede bien entendido, que entonces se vive de lo superfluo. Menos que cualquier cosa, las diversiones, tienen necesidad de justificaciones.” (…) “…aquello que según Aristóteles los antiguos hacían producir a sus tragedias, no era (…) nada más selecto ni nada más vil que el recrear a la gente. Cuando se dice que el teatro tiene su origen en el culto, se está diciendo, precisamente, que se transformó en teatro por selección; de los misterios no se apropió la misión litúrgica, sino el simple placer que procuraban. Aquella catarsis de la que habla Aristóteles, la purificación por medio del horror y de la piedad, es una limpieza que no es que se hiciese de modo divertido, sino que se hacía concretamente con la finalidad de divertir. Exigirle más al teatro, o concederle más, es despreciar su verdadero fin.”

En fin, creo que el mundo “brechtiano” es de una riqueza enorme, amplio y profundo, digno de conocer y degustar en todas sus manifestaciones: teatro, poesía, relatos, ensayo… que ustedes, si así lo deciden, lo disfruten.

ELOTRO

No hay que doblegarse ante los poderosos; no se debe engañar a los débiles. Pero es difícil resistir a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles.


(Bertolt Brecht)


(La mayor parte de las citas entrecomilladas proceden de: “Bertolt Brecht” obra biográfica de Paolo Chiarini /Ediciones Península.  Y “Teatro de Bertolt Brecht” de Editorial Arte y Literaratura de Cuba).



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