Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 27 de diciembre de 2016

30 de noviembre / 2016


 


«Mi cuerpo no tiene las mismas ideas que yo»
(Barthes)

Leyendo a Barthes se le ocurre a uno cavilar acerca de ese curioso fenómeno que consiste en la atracción y el rechazo, con la misma o parecida intensidad, que nos producen ciertas personas, y no digo sólo los artistas o intelectuales famosos o los famosos porque sí. Me refiero a esas personas, nos relacionemos directamente con ellas o no, que tienen la capacidad de provocarnos reacciones contrapuestas, incluso antagónicas. Personas escindidas de por sí o personas a las que escindimos por cuenta propia. Cuerpos que, a nuestro saber y entender, emiten un mensaje opuesto al que desde el mismo lugar transmiten, según también nuestro juicio, sus palabras o sus obras. Cuerpos que omiten voces y voces que silencian o desmienten a sus propios cuerpos. Voz que reescribe al cuerpo del que nace, cuerpo que traduce, reconstruye, la voz que propala. Fealdad de la que emana belleza, y a la inversa. Quede claro que nada que ver con el trastorno psiquiátrico de doble identidad que se nos muestra en la obra de Stevenson  “El doctor Jekyll y el señor Hyde” o cualquier otro tipo de desdoblamiento de personalidad sea este fingido, simulado, voluntario o involuntario.
El núcleo o meollo de la cosa, no digo que no existan otras múltiples interpretaciones, lo veo más en el sujeto receptor que en el ocasional emisor, o sea, en nosotros mismos, en mi mismo. Por ahí pienso que deben de ir las pesquisas críticas, el auto interrogatorio se impone.
El lenguaje nos fue dado, escribió Talleyrand, para ocultar nuestros pensamientos. O nuestro cuerpo, me permito añadir. La vida, también la interior, es jugar al escondite. También contra uno mismo.





Una de Lévi-Strauss y Jameson:

En cuanto a los caduveos,
“nunca son lo bastante afortunados para resolver sus contradicciones o para disfrazarlas con la ayuda de instituciones hábilmente diseñadas para ese fin. En el nivel social, faltaba el remedio... pero no estaba nunca enteramente fuera de su alcance. Estaba dentro de ellos, nunca formulado objetivamente, pero presente como fuente de confusión e inquietud. Sin embargo, puesto que eran incapaces de conceptualizar o de vivir esa solución directamente, empezaron a soñarla, a proyectarla en lo imaginario... Tenemos pues que interpretar el arte gráfico de las mujeres caduveo, y explicar su misterioso encanto así como su complicación aparentemente gratuita, como la producción fantaseada de una sociedad que intenta apasionadamente dar una expresión simbólica a la institución que podría haber tenido en la realidad si no se hubieran interpuesto en el camino el interés y la superstición.”

De esta manera, entonces, el texto visual del arte facial de los caduveo constituye un acto simbólico por el cual las contradicciones sociales reales, insuperables en sus propios términos, encuentran una resolución puramente formal en el terreno estético. (…)
Podríamos sugerir que desde esta perspectiva, la ideología no es algo que informe u ocupe la producción simbólica; más bien el acto estético es él mismo ideológico, y la producción de una forma estética o narrativa debe verse como un acto ideológico por derecho propio, con la función de inventar «soluciones» imaginarias o formales a contradicciones sociales insolubles.

(“Documentos de cultura, documentos de barbarie” de Fredric Jameson)




Relatos cortos y no tan cortos / 07
Entre la noche y el día, entre el reino de la Libertad y el reino de la Necesidad. Episodios (“familiares”, sociales e históricos) inconclusos en compañía, y oposición mutua, de la enfermera extractora. La omnipresente cámara (de visión panóptica) no cuenta en este cuaderno-refugio, es otra su función, es otra su necesidad, aunque siempre se haga notar como tenaza para los gobernados, tratando de paralizar nuestros pensamientos y enajenar nuestro propio relato (político), ese que, por ajeno a su paradigma, nunca recoge el ojo que todo lo ve (y a quien nadie ve). El “taco” que mecanografío con tinta-sangre ya es otro cantar. Para ellos por su valor de uso (ilegítimo pero legal), en mi caso (vía criterios inmanentes) por su valor de cambio. Es “otro” relato (otra máquina que produce otros conocimientos, otras mercancías, otros valores de uso), despojado de contenido político y reducido a lo meramente subjetivo y ya desligado de lo social cotidiano, del componente “histórico”.


ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario